Las fantasías son representaciones mentales que pueden darse de forma voluntaria o involuntaria. Lo que caracteriza a las fantasías es la capacidad de introducir en ellas toda una serie de detalles, que en la vida real podrían ser imposibles.

En la sexualidad, la capacidad para fantasear enriquece la vida erótica. Imaginar situaciones sexuales que producen sensaciones fisiológicas y psicológicas favorece el deseo sexual y mantiene la excitación durante la respuesta sexual.

Diferencias de género

Tanto los hombres como las mujeres usan la fantasía porque les gusta. Muchas veces se ha pensado que los hombres tienen más deseo o piensan más en el sexo que las mujeres, por el hecho de fantasear con más situaciones eróticas.

En la actualidad, tanto los hombres como las mujeres fantasean sobre situaciones que les producen agrado.

Las fantasías sexuales más comunes en los hombres son:

  • Practicar sexo con dos mujeres a la vez (trío).
  • Practicar sexo con una pareja distinta a la habitual.
  • Practicar sexo en grupo.
  • Incluir escenas sadomasoquistas de dominación-sumisión en las relaciones sexuales.
  • Practicar sexo con otros hombres.
  • Practicar sexo con parejas anteriores.
  • Practicar sexo de forma distinta a la habitual con su pareja (sexo anal, oral, posturas, lugares…).
Las fantasías sexuales más comunes en las mujeres son:

  • Practicar sexo con una pareja distinta a la habitual.
  • Practicar sexo con mujeres.
  • Ser objeto de una relación sexual forzada por uno o varios hombres (sumisión).
  • Poseer a un hombre forzándolo a mantener una relación sexual (dominancia).
  • Imaginar que es una persona diferente desempeñando un rol distinto al habitual (por ejemplo, imaginarse siendo una enfermera que practica el sexo con un paciente).
  • Imaginar relaciones sexuales mantenidas anteriormente.
  • Practicar sexo en lugares distintos a los habituales.
Tanto los hombres como las mujeres incluyen escenas de sexo explícito en sus fantasías, escenas violentas o de dominancia y sumisión.

También es cierto, que las mujeres suelen incluir más contenidos eróticos, sensuales o afectivos en algunas de sus fantasías.

Fantasía o realidad

La magia de las fantasías sexuales es el hecho de poder “meter” en ellas toda una serie de elementos que podrían ser imposibles en la realidad.

El hecho de poder imaginarse haciendo el amor con una persona famosa o en un lugar maravilloso o imaginario, pone de manifiesto que algunas fantasías no van a hacerse realidad.

Lo que ocurre es que muchas personas creen que si algo les excita en su mente, les excitará también en la práctica real.

Esto no ocurre así. Numerosas personas que han puesto en práctica ciertas fantasías realizables, se han dado cuenta de que no les satisfacía en absoluto dicha situación.

Otras muchas, son conscientes de que la fantasía solo está en su mente.

Sucias fantasías

Son numerosas las personas que sienten vergüenza o culpabilidad a la hora de experimentar ciertas fantasías sexuales.

Estas personas califican de “sucias” este tipo de fantasías, creyendo que solo ellos son capaces de experimentar placer imaginando tales situaciones.

Las fantasías sexuales tienen el propósito de ayudar a enriquecer la vida erótica y sexual. Por lo tanto, mientras la persona tenga claro que es una fantasía y no una realidad, y no haga daño a sí mismo o a los demás, la fantasía será positiva.

Ser consciente de que la realidad de tal fantasía no produciría las mismas sensaciones, es fundamental para eliminar la culpabilidad o vergüenza.

En otras ocasiones, las fantasías pueden llegar a ser patológicas, cuando la persona pierde el control sobre ellas. Cuando los pensamientos recurrentes dificultan o entorpezcan la vida normal de la persona, podría hablarse de fantasía patológica.

En estos casos, sería conveniente buscar ayuda profesional.