Si hay algo que no varía durante los tiempos de crisis en la administración gubernamental es el enorme presupuesto que se dedica a la industria militar en prácticamente todos los países. En 2009, España destinó más de 13.000 millones de euros a fines militares (el equivalente a un 1,2% de su PIB). Otros como Omán llegan a destinar casi el 12% de su PIB a este sector.

Presupuestos experimentales

Los países más punteros tecnológicamente, como Estados Unidos (con una última inversión registrada de más de 65.000 millones de dólares con fines militares) destinan además parte de sus recursos de investigación al desarrollo de proyectos innovadores para el ámbito militar.

De esta inversión (aproximadamente la mitad del I+D del país), una "pequeña parte" (unos 10.000 millones de dólares) se utiliza para costear alocados experimentos que rozan la frontera de la llamada ciencia límite o marginal, y que en algunos escasos entran directamente en el campo de la especulación o incluso de la ciencia-ficción.

La bomba gay

Con un coste de 7,5 millones de dólares en investigación según el laboratorio de la Ohio Air Force, esta bomba experimental se trataría de una arma química sin potencial letal que esparciría en el campo de batalla un cóctel de hormonas afrodisíacas que "seducirían" a los enemigos, forzándolos a atraerse unos a otros.

Basada en experimentos feromonales con macacos, la teórica bomba se basa en el supuesto de que la excitación mediante feromonas masculinas de ciertos núcleos cerebrales (corteza orbitofrontal, hipotálamo derecho) podría influir en la orientación sexual de las tropas enemigas.

El experimento, ganador del IgNobel de 2007, especificaba también otros usos derivados como el rociar a los enemigos con feromonas de abeja tras haber escondido colmenas por el campo de batalla o lanzar "bombas de halitosis" o "de flatulencia" para provocar desórdenes digestivos en el enemigo.

El laboratorio de la OAF, que se negó a recoger el premio en persona, puntualizó también en su informe que se trata de un estado puramente teórico y que ningún compuesto químico parecido existe actualmente.

Teleportación

En agosto de 2004 se hacía público un informe de 88 páginas encargado por la Fuerza Aérea norteamericana en la que se detallaban los distintos aspectos que podrían hacer viable el teletransporte de materia.

En el informe se detallan desde descripciones matriciales de los espacios físicos y las condiciones necesarias para el teletransporte hasta las características de la exótica energía que debería llevarlos a cabo. Se tratan con precisión todos los tipos de teletransporte que pueden llevarse a cabo: el teletransporte por agujeros de gusano, el teletransporte cuántico, el teletransporte por dimensiones paralelas y el teletransporte por psicokinesis (el cual implicaría alguna clase de poderes mentales, y que aun así el laboratorio encargado del estudio anuncia como una posibilidad "posible y real").

Arma de microondas

Bautizada por el ejército americano como "El Guardián Silencioso", este emisor de microondas se trata de un dispositivo, similar a una parabólica instalada en un vehículo, que emite un pulso concentrado de alta frecuencia (95 GHz), causando un aumento puntual de 54 ºC debido a la excitación de moléculas de agua en el punto de impacto. La sensación para el objetivo es sentir como su piel arde y no deja otra opción que salir corriendo (motivo por el cual este arma ha sido ideada para el control de grandes manifestaciones y protestas).

Pese a ello, según el ejército americano, se sigue tratando de un arma no letal ya que el pulso de microondas afecta solamente a los primeros 0,4 milímetros de piel y remite al apartarse del haz emisor. No obstante la controversia surge debido a que el impacto de estas microondas en zonas más sensibles (por ejemplo en los ojos, o en objetos metálicos que puedan guardarse en los bolsillos) podría tener efectos mucho más devastadores que una simple sensación de ardor.

El casco para no dormir

Imagina poder controlar de forma precisa las áreas de tu cerebro que quieres excitar, de forma que pudieras permanecer despierto durante muchas más horas o relajarte completamente con un solo pensamiento. Podrías incluso tratar desórdenes como el Parkinson o la depresión.

Pero la DARPA (la agencia encargada de la investigación para proyectos militares en los Estados Unidos) tiene claro su objetivo: un mayor control y versatilidad sobre el cerebro de los soldados que se encuentran en el campo de batalla, para potenciar sus capacidades en aquellos momentos en los que sea necesario.

Mediante un casco que requiere de peligrosa cirugía para la implantación de los electrodos, unos pequeños transductores de ultrasonidos se encargarían de modificar los patrones cerebrales del soldado objetivo con el fin de disminuir la necesidad del sueño o el dolor, entre otros estímulos.