Es cierto que en la actualidad la mayoría de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), también llamadas enfermedades venéreas, se pueden curar si se tratan a tiempo, aunque también es cierto que algunas de ellas, como es el caso del virus del VIH, no tienen antídoto y sus consecuencias son mortales.

El contagio de una enfermedad venérea puede acarrear problemas graves para la salud y si no se trata a tiempo puede dejar secuelas. Por ello es tan importante conocer estas enfermedades, sus medios de transmisión y sus síntomas, para protegernos contra ellas y para saber identificarlas y cómo actuar en el caso de que nos veamos afectados.

Las fases del contagio

Las enfermedades venéreas son muy contagiosas y en sus primeras fases suelen pasar desapercibidas, la persona no sabe que está infectada, lo que contribuye a la expansión de la enfermedad a través del contagio a otras personas.

Estas enfermedades están causadas principalmente por bacterias, virus, microbios u hongos y su desarrollo se produce en tres fases:

  • Contaminación: Un ser humano contagia a otro a través de un contacto sexual.
  • Incubación: El organismo ya se encuentra en el cuerpo de la persona y aunque los primeros síntomas de la enfermedad no han aparecido y los exámenes del laboratorio son negativos, la persona infectada puede contagiar a otras.
  • Aparición de los primeros síntomas de la enfermedad.

Características de las ETS

Las enfermedades de transmisión sexual pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su nivel social, cultural o económico y no son inmunizantes, es decir, se pueden contraer varias veces, incluso cuando existen anticuerpos en la sangre.

Pueden ser graves si no se tratan y dejar secuelas. En algunos casos pueden incluso llegar a provocar infertilidad. Si la mujer contagiada está embarazada puede transmitir la enfermedad al feto o al niño en el momento de nacer.

Signos de alarma

Cualquier flujo vaginal anormal, escozor vaginal o al orinar, hemorragia fuera de la regla y fiebre, sensación de ardor al orinar, picor en el pene o derrame anormal debe ponernos en alerta y hacer que prestemos atención a estos síntomas.

Si los síntomas persisten se debe acudir al médico para que en caso de que sea necesario se pueda comenzar con el tratamiento lo antes posible. Si se han tenido relaciones sin protección o se ha producido una situación propicia para el contagio, todavía hay más razones para visitar a un especialista.