En todas las guerras ha habido más mujeres de las que imaginamos, a pesar de que en algunos tiempos lo tuvieron terminalmente prohibido. Fue entonces cuando muchas de ellas se disfrazaron de hombre para poder combatir o servir al ejército. Algunas de ellas formarán siempre parte de la historia, como:

  • James Barry: Nacida en Belfast el 1795 se doctoró, disfrazada de hombre, en medicina con tan solo 17 años en 1812, en una época en que la medicina estaba totalmente vetada al sexo femenino y especialmente en el ejército. En 1813 trabajó como asistente en el hospital del ejército Británico y en 1815 se incorporó a la batalla de Waterloo como cirujano del ejército Británico, incluso llegó a realizar cesáreas quedando madre e hijo vivos e ilesos en una época en que solo se realizaban cuando la madre había muerto. Posteriormente combatió en India y Surafrica. Murió el 25 de Julio de 1865, y fue entonces cuando los encargados de preparar el cadáver para la autopsia se percataron de que en realidad era una mujer. Muchas de las personas que la conocían o combatieron a su lado llegaron a reconocer sus sospechas acerca de su verdadero sexo e incluso a afirmar haberle visto embarazada.
  • Juana de Arco: Nacida el 6 de enero de 1412 en Domrémy, Francia. Con tan solo 17 años, debido a sus grandes dotes de motivación y valentía, Carlos XV dejó que encabezara al ejército real francés, entregándole el mando en cada posible batalla, derrotando así a los ingleses. Conocida también como la Doncella de Orleans fue una heroína, militar y santa francesa. Fue capturada por los Borgoñes y entregada a los ingleses. Los Clérigos dictaminaron y la condenaron por herejía y quemada por Juan de Bedford el 30 de mayo de 1431, día en que se celebra su festividad.
  • Tomoe Gozen: Nacida durante la época de las guerras Gempei (11801185). Nacida dentro de una familia de samuráis, no es de extrañar pues que se convirtiera en una excelente arquera y espadachina por no mencionar su gran habilidad domando caballos salvajes. Casada con un alto jefe militar el cual le delegaba el cargo de primer capitán durante las batallas, equipada con una pesada armadura, una enorme espada y un poderoso arco. En 1184 Tomoe y su ejército llegaron a tomar Kioto tras ganar la batalla de Kurikawa. Su marido Minamoto no Yoshimak fue acusado de conspiración, finalmente el emperador lo declaró enemigo y mandó ejecutarlo en 1184. Su mujer, Tomoe, murió el mismo año en la batalla de Awazu. Sus historias se encuentran narradas en el Cantar de Heike, considerado verdadero por los historiadores actuales.
  • Agustina de Aragón: (Agustina Raimunda María Saragossa y Domènech). Nacida en Barcelona el 1786 t bautizada en la iglesia de santa María. Se casó con 16 años con el barcelonés Joan Roca y Vilasseca, cabo de artillería. Este participó desde un principio en la guerra de la Independencia española, luchando en la batalla del Bruch (Manresa). Mas tarde, debido a una serie de acontecimientos, tuvieron que trasladarse a Zaragoza. Un día cualquiera, mientras su marido luchaba cerca de la puerta del Portillo, Agustina se acercó para llevarle la comida, por el camino se percató que los artilleros a cargo de un cañón habían muerto o estaban heridos, los franceses lo aprovecharon tomar la entrada, en ese mismo instante se armó de valor, cogió la mecha entre sus manos consiguiendo disparar contra los franceses, estos, temiendo una emboscada, corrieron en retirada. Posteriormente, Agustina, tras ser aceptada por el capitán como artillera, consiguió los galones de sargento y de subteniente.
El cambio social llegó tras la primera Guerra Mundial, aun así, en un primer momento las autoridades mostraron su rechazo hacia la participación “activa” de la mujer. En 1988 comenzó el proceso que llevaría a la plena integración de la mujer, sobretodo españolas, en las Fuerzas Armadas, de forma que se respetara el principio de no discriminación por género que se recoge en la Constitución.

Sin embargo, y según señalan los informes realizados por el Comité sobre la mujer en las Fuerzas de la OTAN, salvo algunas excepciones, como el caso de las Fuerzas Especiales, hasta 1992 no pudieron servir como soldados y marineros.