Estamos seguros que todos hemos escuchado, queramos o no los regaños y consejos que nos puede dar nuestra mamá, de verdad parece que se ponen de acuerdo en el mundo para tener un mismo concepto de las cosas. Ahora te mencionaremos con mucho cariño frases que seguramente haz escuchado a lo largo de tu vida y han dejado huella en ti, pero lo más simpático es que no comprendíamos el significado en ese entonces, pero cuando nos convertimos en papás, todo cambia y nos apoderamos de las frases clásicas de las mamás.

Comencemos con una de las frases de mamá más comunes: ¡Porque soy tu madre! Esta las mamás la usan cuando los hijos son un poco más grandes, tendiendo a ser adolescentes o adultos, y cuando ya se desesperaron de que no les hacen caso a algún consejo o imposición o quieren ponerle fin a una discusión. También les gusta poner correctivos y una de las frases que cuando somos pequeños usan más seguido cuando ya se salió el comportamiento de control es: ¡Cuando llegue tu papá vas a ver! O ¡Cuando lleguemos a la casa hablamos! O que tal el clásico: ¡Estás castigado por un mes!, ¡A tu cuarto sin cenar!.

Consejos de mamá

Las frases clásicas de mamá llevan sabios consejos aunque en su momento no lo veamos, sobre todo cuando somos niños y adolescentes y hacemos algo malo o nos equivocamos por indicio de alguien externo nos dicen: ¡Ah! Y si tu amigo te dice que te avientes a un pozo, ¿Tú lo haces verdad?. Sin duda ahí nos enseñan a no seguir a quienes nos influencian para mal, debemos asumir nuestras responsabilidades en nuestros actos y ahí vamos diferenciando lo que es bueno o no, por lo que descubrimos que los pretextos para ellas no son válidos.

Las frases clásicas de mamá siempre van cambiando conforme vamos creciendo, se van adaptando a nuestra edad, nos tratan de mandar o guiarnos y educarnos de la mejor manera, ponen orden en nuestras costumbres y seguro nos pueden caer hasta gordas a veces, pero no podemos olvidar en este recuento: ¡Te doy hasta tres para que lo hagas, contando, 1,2 y…! sin duda había que correr antes de llegar a tres porque ya sabíamos las consecuencias, mínimo una nalgada si no acatábamos la orden.

Sin duda, las frases clásicas de mamá nos remontan a vivir bajo su techo, así que las reglas van desde la hora de la comida, sobre todo cuando somos niños y no nos gusta comer algo que hicieron de comer: ¡Cuantos niños no tienen nada que comer y tu ya no quieres eso! O si somos el hermano o hermana mayor surge: ¿Ese ejemplo le quieres dar a tus hermanos?.

El control de la casa

Las mamás siempre quieren tener las cosas bajo control y cuando sienten que ya no somos tan files seguidores de sus reglas o no estamos de acuerdo con algo de la casa nos dicen: ¡Mientras vivas en mi casa, seguirás mis reglas, cuando tengas tu propia casa ya sabrás lo que haces!. Incluso nos dan consejos cuando somos mayores sobre el amor y nos dicen cuando tenemos una pena amorosa: ¡Ya no llores por ese tipo!, ¡No vale la pena!¡Sino te voy a dar una razón para que llores! O cuando nos imponen a hacer algo lo que usan es:¡Ahora no lo comprendes, pero algún día me lo agradecerás! Y en nuestro físico aparece: ¡Enderézate, mete la panza, sino te ves muy mal!

La verdad es que siempre se preocupan por nosotros como sus hijos, quieren que seamos felices y nos cuidan aunque tengamos ya nuestros años, así que lo que siempre escuchamos a lo lejos son las siguientes órdenes: ¡Llévate un sweater porque hace frío, no te vayas a enfermar!, ¡Ya no comas eso porque te va a hacer daño, y luego te estás quejando! O cuando salimos por la noche a una fiesta o al antro: ¡Regresa a la hora que quedamos! ¡Te voy a estar esperando despierta! ¡Me hablas cuando llegues!

Sin duda una de las frases clásicas de mamá y que no creemos fielmente hasta que la vivimos es: ¡Cuando tengas a tus hijos me entenderás! Y sin duda es completamente cierta, como hombres o mujeres no sabemos lo que es tener un hijo, preocuparte por él o ella hasta que lo tienes, lo que antes nos parecía exagerado o como si nos protegieran de más y aunque ya seamos mayores e incluso no vivamos bajo su techo lo vemos al tiempo y terminamos diciendo: ¡Que razón tenía mi mamá!.