A pesar de que la historiografía se ha esforzado a lo largo del XX en luchar contra ello, la cultura popular y las artes han tendido a explicar la decadencia de Roma desde un punto de vista meramente militar.

La idea que la persona de a pie tiene sobre el fin del Imperio es, simple y llanamente, la de unos bárbaros desarrapados que atacaron desordenadamente las ciudades latinas hasta que, de la noche a la mañana, todo aquel territorio quedó consolidado en un mosaico de reinos que abrió una nueva edad, el Medioevo.

No obstante, en este artículo no vamos a criticar la veracidad que deba tener la literatura o el cine histórico, las artes no tienen un componente principal de carácter divulgativo, sino lúdico. En lugar de eso, invitaremos al lector a que se pregunte por qué aquellas guerras terminaron con el imperio. Dicho de otro modo, ¿cómo es posible que el mayor imperio conocido hasta entonces cayera víctima esos desarrapados en inferioridad numérica?

Causas Militares. La fragilidad del sistema militar del Imperio Romano

El sistema defensivo romano era relativamente frágil. Consistía básicamente en establecer un limes o frente defensivo con límites en accidentes geográficos, especialmente ríos, a lo largo del cual se emplazaban campamentos, torres o pequeñas fortificaciones. Este sistema funcionó perfectamente frente a tribus que atacaban en pequeñas hordas que rara vez superaban el millar de hombres.

Sin embargo, a partir del II d.C, los ejércitos bárbaros evolucionaron a cuerpos mayores, mejor equipados y más difíciles de contener. Cuando un ejército enemigo traspasaba el limes no encontraba resistencia relevante en el interior. Caída la primera línea de frente, los bárbaros tenían el camino prácticamente despejado hasta Roma. Así, la siguiente defensa quedaba en manos de los pretorianos, o de la velocidad con que las legiones de otros confines del imperio pudieran desplazarse hasta la península itálica.

Dicha evolución en los ejércitos y la táctica militar bárbara nos da a entender que estos pueblos no se encontraban en el estado de subdesarrollo que se les suele atribuir. Consideremos, además, que la vecindad de las tribus germánicas y célticas con Roma, con sus consiguientes intercambios culturales y comerciales, dio mucho que aprender a los extranjeros de las tácticas militares romanas.

Muchos de estos pueblos tuvieron más de doscientos años para estudiar al enemigo, aprender de sus fortalezas y buscar oportunidad en sus debilidades. A alturas del IV d.C. los bárbaros atacaban en perfecta formación de falange o tortuga, tal como lo hacían las legiones, y conocían sofisticadas técnicas de asedio. Si comparamos el armamento romano con el germánico de aquella época veríamos muy pocas diferencias tecnológicas entre ambos.

En el lado romano sucedió algo similar, la falta disponibilidad de efectivos militares llevó al Estado a recurrir al reclutamiento de bárbaros y a la contratación de tropas mercenarias. Muchos de estos bárbaros (Aecio es un buen ejemplo) llegaron a ostentar grandes cargos militares. El ejército se germanizó y así, a uno y otro lado de la frontera, ambos mundos se encontraron en condiciones militares similares.

Causas Políticas. La corrupción en Roma

En primer lugar, debemos considerar el daño que produjo la división del imperio tras la muerte de Teodosio, cuando la joya metropolitana romana era Constantinopla, acaparadora del mercado mediterráneo y oriental.

Tras la división, el Imperio Occidental quedó con unos dominios menos poblados, fronteras frágiles, poco definidas, y una economía sostenida principalmente por la agricultura y la metalurgia. Frente al oeste, sin embargo, observamos un próspero imperio urbanita y mercantil que, con capital en Constantinopla, sería el embrión del Imperio Bizantino.

Por otro lado, se documenta un fenómeno de mayor relevancia, la sobreburocratización del Estado. Desde tiempos de Trajano a Teodosio el gobierno romano aumentó su administración de 200 a 6000 cargos sin que este incremento fuera coherente con el crecimiento sociodemográfico del imperio. Los emperadores delegaron su poder en una multitud de funcionarios que, actuando por interés propio, parasitaron y arruinaron las arcas del Estado.

Las malas artes de este colectivo, con la consecuente degradación de la cultura política romana, desembocaron en corrupción y abusos que poder. En épocas cercanas a las invasiones bárbaras se aprecia una proliferación de motines urbanos y revueltas campesinas a lo largo y ancho del imperio, protagonizados por ciudadanos romanos que veían insostenible la situación.

Estas causas, junto con otras de índole socioeconómico y biológico, debilitarán la estructura demográfica y política del imperio frente a las nuevas potenicas bárbaras que, en menos de doscientos años, ocuparán por completo el Imperio de Occidente dando lugar a la Alta Edad Media.