
- Las tres brujas de Macbeth, las hermanas fatidicas - Henry Fuesli
Al encontrarse las Hermanas Fatídicas por primera vez en La Tragedia de Macbeth escrita por William Shakespeare, las tres brujas se regocijan hablando acerca de las fechorías que han realizado.
Una de ellas, de la forma más casual, menciona el propósito que tiene de crear una tormenta que hará naufragar a cierta embarcación.
La embarcación a la que se refiere es nada menos que la que transporta al rey Jacobo I. Shakespeare de esta manera hace alusión al sonado caso de brujería sucedido en North Berwick, Escocia.
Brujeria y naufragio
En 1589 Jacobo I se hizo a la mar para ir en busca de su prometida, la princesa Ana de Dinamarca, pero una serie de tormentas lo mantuvieron varado en Oslo.
No fue sino hasta la llegada de la primavera de 1590 que Jacobo y su nueva esposa pudieron embarcarse de nuevo.
El clima había mejorado pero aún así una tempestad inesperada estuvo a punto de hundir el navío real. El suceso no fue tomado a la ligera, la gente de Inglaterra comenzó a sospechar de un acto de brujería.
Escocia y las brujas
Mientras tanto las autoridades de Escocia, lugar de origen del rey (y también de Macbeth), habían estado investigando un caso que aparentemente no estaba ligado al asunto. Una joven Gillis Duncan se jactaba de tener poderes milagrosos y de ser capaz de sanar prácticamente cualquier enfermedad.
A petición de su amo la joven fue detenida. Victima de una serie de torturas particularmente crueles, Gillis Duncan confesó tener tratos con el diablo.
Más aún reveló la existencia de toda una hermandad de brujas y brujos, entre los que se encontraba Agnes Sampson, una anciana considerada como sabia del pueblo de Haddington.
La marca del diablo en Agnes Sampson
Agnes Sampson fue arrestada poco tiempo después. Tras ser debidamente rapada, su cuerpo fue escudriñado y la “marca del diablo” se dio a conocer escondida en sus genitales.
Después de sufrir una serie de cruentas torturas que pasaron a la historia de Escocia como las más inhumanas, la vieja Sampson se confesó responsable del atentado climático contra la persona del rey.
Jacobo I creía en la brujería, incluso había apoyado diversas leyes que agravaban las penas establecidas contra las brujas. Sin embargo cuando estuvo de vuelta y la Señora Sampson le fue presentada proclamándose como culpable de las tormentas que lo habían aquejado no creyó ni una sola palabra.
El Hechizo para causar tormentas
Fue necesario que Agnes Sampson hablara a solas con el rey. En aquella conversación la anciana repitió exactas cada una de las palabras que Jacobo había dicho a su esposa la princesa Ana, durante su noche de bodas. La evidencia era apabullante.
Pero la buena Agnes dijo mucho más que eso; confesó que el diablo les había encomendado buscar a un gato para hacer un hechizo de tormenta, que habiéndolo encontrado y después de bautizarlo en el nombre del demonio, le habían atado a cada pata una variedad de miembros arrancados a un cadáver, que entonces, con el amuleto listo, habían volado por los aires hasta adentrarse en el océano y que ahí habían arrojado al animal pronunciando el encantamiento que había desatado la tempestad.
Ningún otro barco, dijo Agnes, salvo el de su majestad, había logrado resistir. El rey, aseguró la bruja, sólo había podido regresar a Inglaterra gracias a su inquebrantable fe.
Shekespeare y las brujas
Quizá la anciana pensaba que con estas confesiones podría salvar la vida, pero no fue así. Agnes Sampson fue condenada a morir estrangulada para posteriormente arder en la hoguera.
La historia no habría dado más de que hablar si Shakespeare no hubiera entrado en escena. Gracias a él la Señora Sampson no resultó sólo otra victima de la justicia contra las brujas.
Gracias a él, aunque el consuelo sea poco, Agnes Sampson se transformó en una de la Hermanas Fatídicas y aún calcula la tempestad que fabricará mientras vuela por entre las páginas que conforman La Tragedia de Macbeth.
