En Atenas, cerca de la Acrópolis, el Ágora era el lugar donde se reunía el pueblo para discutir acerca de los asuntos relativos a la ciudad. Allí estaba permitido opinar de todo. A cada ciudadano se le otorgaba un tiempo para hablar y los aplausos o gritos de los presentes eran indicativos de la aceptación o rechazo de las ideas expuestas.

Los juicios que se celebraban públicamente también eran temas de debate y sus deliberaciones estaban supeditadas a la opinión pública.

Algunos conceptos claves de la “Política” de Aristóteles

En la sociedad griega se entrelazaban de una forma estrecha, dos conceptos clave: la familia y la comunidad política.

Cuando Aristóteles de Estagira, en el capítulo primero de su Política, analiza las estructuras básicas de la sociedad, señala a la familia como la unidad fundamental de la comunidad y la ciudad, la corporación más perfecta en la que puede realizarse el individuo, como ser humano encaminado a la felicidad, en convivencia con sus semejantes.

Visión de la familia

La visión clásica es la que imperaba en Atenas. La familia estaba compuesta por el hombre y la mujer (comprometidos en unión estable) y la descendencia de ambos. La autoridad de la familia la ostentaba el hombre, el “cabeza de familia”. Cada individuo tenía fijado un lugar “natural” en este esquema familiar, acorde a su edad y sexo. Aristóteles era un pensador muy conservador y defendía la autoridad patriarcal.

El otro miembro fundamental de la familia era la mujer, callada, obediente al marido, la vida de la cual estaba destinada y limitada a cuidar al consorte, los hijos y el hogar. No tenía ni voz ni voto pero era respetada por lo que hacía y era y punto.

El último “círculo” familiar lo formaban los esclavos, ya que la sociedad griega era esclavista. Convivían con la familia a la que servían y constituían el último substrato social existente. En palabras de Aristóteles, eran “un instrumento animado al servicio de su amo”.

En la ciudad también existía otro grupo humano: los metecos, extranjeros libres que no eran considerados ciudadanos ni gozaban de sus derechos, pero tampoco eran esclavos.

Fundadas en un parentesco originario, estas ampliaciones del grupo familiar estable estaban bien, aunque insuficientes, ya que la comunidad más desarrollada, según el análisis de Aristóteles, está constituida por la polis, la Ciudad-Estado, con su autonomía política y su autosuficiencia en todos los órdenes de la vida comunitaria.

La inmensa importancia de la polis

Es en el marco de la polis donde el ser humano civilizado puede conseguir sus objetivos económicos y culturales. Sólo en la ciudad puede el hombre realizarse en aspectos como la justicia y merece lograr la satisfacción de sus necesidades intelectuales y espirituales. Sólo allí puede superar todas las urgencias materiales y encontrar los medios para gozar de una vida feliz en la libertad y la cultura. Por ello Aristóteles define al ser humano como un animal ciudadano.

Parece bastante claro, pues, que la mejor condición del ser humano que aspira a ser libre y feliz es la de ciudadano de una polis donde tiene a su alcance lo mejor que la civilización puede ofrecerle.

En la ciudad existían espacios para la vida religiosa y política: los templos, el Ágora, los edificios donde los ciudadanos podían convivir en libertad, ayudándose los unos a los otros; los lugares para el diálogo, el culto, el comercio y la discusión de las decisiones democráticas.

En Atenas se levantaban edificios para la Asamblea y el Consejo, el Areópago y los Tribunales y también el teatro de Dionisio, como espacio festivo comunitario emblemático.

Esta insistencia de Aristóteles en el papel decisivo de la ciudad en la vida humana es un reflejo del orgullo que sentían los griegos, especialmente si se tiene en cuenta que la polis no estaba considerada como tal por el trazado de sus calles sino por su autonomía política, como un Estado independiente, con leyes propias aplicables en el interior de sus límites y con derechos de ciudadanía. Por lo tanto, lo decisivo no era la urbs, sino la civitas, el conjunto de ciudadanos con su conciencia y su habitual práctica de una vida política común.

Sobre el funcionamiento del Ágora

En Atenas la libertad ciudadana se ejercía acudiendo al Ágora, la plaza pública, centro de la actividad comercial, social y política, donde departían filósofos como Sócrates y sus contemporáneos.

Los términos Ágora y Democracia suelen ir unidos. Ésta última, como doctrina, es el ejercicio político favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Es el régimen político en el que la soberanía reside en el pueblo y es ejercida por éste directamente, en este caso, en la plaza pública.

En Atenas los ciudadanos se reunían en diversas ocasiones a lo largo del año, aproximadamente unas 40, para discutir los asuntos de incumbencia social. La agenda de discusiones la establecía el “Comité de los 50”, constituido por miembros del “Comité de los 500”, representantes, a su vez, de un centenar de “demos” que conformaban la ciudad.

La discusión y la deliberación entre ciudadanos constituían la base del sistema de participación democrática. Las decisiones se tomaban por la vía del consenso y en la época de apogeo del sistema en Atenas, se requería un “quórum” de 6.000 participantes para considerar válidas las decisiones adoptadas. Todo ello daba lugar a una especie de “democracia sin Estado”.

La figura del ciudadano era integral y su identidad no admitía distinción entre los ámbitos público y privado: la vida política aparecía como una extensión natural del mismo ser. Los intereses de los ciudadanos eran armónicos, fenómeno propio de una sociedad homogénea que, además, contaba con las ventajas que le aportaba un tamaño reducido en las relaciones directas entre todos.

La democracia directa, tal y como era practicada en Atenas, requiere de condiciones muy especiales de desarrollo, que no se han repetido en ningún otro período histórico.