¿Las Barras Bravas son un reflejo de la Crisis de la Modernidad en América Latina? 

Barras Bravas y Crisis de la Modernidad en América Latina

Las motivaciones que se pueden ver en las barras barras existentes en América Latina, por lo general cruzan desde la reivindicación de las identidades locales, regionales, nacionales (en el caso de las selecciones nacionales de fútbol), culturales, ideológicas, de clase, étnicas, religiosa, incluso de relación centro periferia. Esta amplitud de registro que miden las barras de manera empírica, pueden ser medidas como interesantes barómetros del estado de la agitación social existente en las sociedades latinoamericanas, puesto que son articulaciones  del nivel de anomía  social como del de distancia de los sectores populares con los valores de los sectores centrales de la sociedad.

Más allá de la visibilidad mediática existente sobre estos fenómenos, que  por lo general, los considera como meros vándalos y/o delincuentes, para nada se puede soslayar el hecho de que lo que sucede con las barras bravas, ha escapado de lo meramente futbolístico. Incluso, en algunos espacios sociales se ha visto potenciado tanto por la crisis socioeconómica “permanente” que se han visto envuelta varias sociedades latinoamericanas ¿que queremos decir con esto? Simplemente que este fenómeno refleja en la práctica, una exclusión de facto de vastos sectores populares urbanos, los cuales, por la falta de capital cultural y social (tomando la idea de Bourdieu), se han apartado de los meta relatos tradicionales, por ende, de los mecanismos de inserción social como son la participación política o el ingreso/egreso del sistema educativo, los que serían espacios lejanos a su coyuntura, más cercana a la supervivencia diaria, una contradicción que cruza a la mayoría de las sociedades democráticas de América Latina.

Barras Bravas y Crisis de la Modernidad en América Latina: tribalización

En otras palabras, los procesos que permiten la inclusión al orden social vigente serían ineficaces para que estos marginados puedan entrar al sistema social de manera integra. Este fenómeno se podría explicar en términos de Michel Maffesoli, que sostiene que estos tiempos son de tribalización de la estructura social, la que respondería a la existencia de una anomía en la sociedad, la cual ha imperado como consecuencia de la conformación de la dualidad neoliberalismo y sistema democrático como campo social imperante, la que ha marginado a varios segmentos del mundo popular de las “ventajas de la sociedad del consumo”, Al no poder ser estos sujetos sociales ser reconocidos en este entorno competitivo exitista y materialista, se generan nuevas organizaciones sociales asistémicas, en este caso, las barras bravas

La existencia de barras bravas plantearía la existencia de una conformación social que convive paralelamente con el campo social vigente. En algún sentido, se genera esta nueva articulación que son las barras bravas, que poseen su propia jerarquía y su propia cosmovisión, coexistiendo con la vigente en el resto de la sociedad, desafiándola empíricamente (choques con la justicia o con la fuerza policial de turno) planteándose como una especie de rebelde primitivo de carácter claramente lumpenesco.

Barras Bravas y Crisis de la Modernidad en América Latina: ¿Triunfo de la Barbarie?

El hecho de que la presencia de estos diversos grupos marginales que cuestionan empíricamente el orden social vigente, hace se trate de entender este cuestionamiento a la modernidad, ya que en el fondo se cuestionan los valores de la Ilustración casi en un nuevo género de barbarie. Siguiendo a Adorno y Horkheimer, podemos pensar en la Crisis de la Modernidad en América Latina siendo las barras bravas su representación.

La existencia de dichas barras cuestionan las ideas eje del progreso e igualdad del hombre planteadas por la Ilustración dieciochesca y con las que se casaron –en teoría, las sociedades y los estados nacionales latinoamericanos, siendo una especie de dialéctica anti ilustrada de carácter popular y hasta populista en algún sentido, ya que no hay en dichos mensajes o cánticos un análisis o descripción compleja del orden social vigente, sino que se plantea una propuesta de esquema social de carácter tribal, deshaciendo de hecho en dicho análisis, la complejidad de las redes sociales, reduciéndolo a una especie de esquema de “nosotros o ellos”, entre tipos virtuosos que somos nosotros y tipos de mierda que son los otros en términos de generación y mantención de estigmatizaciones, las que potencian el discurso de reafirmación identitaria del grupo o persona a la cual se pertenece y a que se está confrontando tanto en la cancha como en la vida cotidiana .

Si pensamos en los contenidos de dichos cánticos podríamos elucubrar que se vuelve a instancias ideológicas y cosmovisionales propias del absolutismo o del despotismo ilustrado, en otras palabras, si lo pensamos en términos marxistas clásicos y gramscianos, tenemos regresiones de comprensión empírica del modo de producción como también de bloque histórico, ya que las alusiones racistas plantean un mundo de amos y esclavos diferenciados racial o evolutivamente, unido a una especie de propuesta discursiva (incluso inconsciente) de un esquema pre moderno de bloque histórico.

Pese a que algunos ven a la posmodernidad como una consecuencia de la Crisis de la Modernidad, es decir, con una falta de proyecto social y la existencia de una destrucción de las diferencias como consecuencia de la globalización (Lyotard, 1991), la situación es más compleja, ya que no es sólo un vacío de poder, sino que es una reacción visceral a la existencia de un solo modelo de inserción social, el cual surge como paradigma cuando el modelo tradicional positivista se cae a pedazos, siendo el Estado latinoamericano incapaz de asumir sus obligaciones sociales heredadas del positivismo con herramientas neoliberales.

Tal vez, ese es la condición de la Crisis de la Modernidad en América Latina, con la existencia de dos frecuencias sociales que conviven bajo una camisa raída que es la liberal decimonónica y que está siendo parchada con ajustes neoliberales, que, en muchos casos, confirmarían la existencia de estas dos frecuencias sociales (los que están insertos y no en el orden social dominante).