El pasado 22 de julio, decenas de jóvenes eran abatidos en la noruega isla de Utoya. El terrorista autor de la masacre utilizó balas dum-dum, unos proyectiles semiblindados, cuya punta está parcialmente abierta o descubierta, por lo que, al impactar, se fragmentan causando graves heridas en el cuerpo humano. Estos cartuchos los siguen empleando diversos cuerpos de seguridad en distintos países, también quienes quieren cobrarse piezas de caza mayor.

¿Por qué se llaman dum-dum?

Se trata de una munición fabricada originalmente por la British Royal Artillery Armoury en sus instalaciones de Dum Dum, a la sazón un barrio industrial de Calcuta (o Kalkota), India. Corrían los últimos años del siglo XIX y la expansión colonial, sobre todo en el norte de América y en la mayor parte de África parecía incitar al uso de las armas.

De hecho, entre 1850 y 1900 las armas de fuego y sus municiones experimentaron las mayores transformaciones; así, por ejemplo, los mosquetes, que se cargaban por la boca, fueron reemplazados por fusiles que se cargaban por la culata, y empezaron a diseñarse proyectiles cuya forma y estructura evolucionaba a gran velocidad, alargándose conforme su calibre iba disminuyendo.

"Los nuevos cartuchos", escribe Sven Lindqvist en Exterminad a todos los salvajes, "eran muy buenos, especialmente en el clima tropical. Pero sobre los salvajes no tuvieron siempre la influencia deseada. Frecuentemente continuaban su asalto aun después de haber sido alcanzados cuatro o cinco veces. La solución fue la bala dum-dum..."

Del éxito a la proscripción

Pero fueron precisamente las horribles heridas que causaban aquellos proyectiles expansivos las que pusieron su uso en tela de juicio: "La bala dum-dum cuya punta es muy blanda, cuyo blindaje del proyectil es duro y cuyo interior está compuesto de una sustancia más blanda, produce, al explotar ante la más mínima resistencia, graves destrozos en el cuerpo, siendo su orificio de entrada muy pequeño y, en cambio, el de salida muy grande". Con estas palabras, citadas en el libro del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) Antipersonal Weapons, abogaba por la prohibición de las balas dum-dum el delegado de los Países Bajos a la Conferencia de La Haya, celebrada en 1899.

Dicha Conferencia, convocada por el zar Nicolás II de Rusia, se considera uno de los primeros intentos en la "práctica de negociar el control de armamentos entre naciones soberanas en un foro internacional y en tiempo de paz al objeto de aplicar las medidas acordadas a varias naciones o a todas", tal como indica Jozef Goldblat en su libro Arms Control. The New Guide to Negotiations and Agreements.

Es verdad que los objetivos de desarme, que contemplaba la reunión, no se alcanzaron en su totalidad. A pesar de lo cual, para Goldblat tanto aquella primera Conferencia de La Haya como la siguiente, convocada en 1907, contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la legislación internacional "al codificar las leyes de la guerra, incluyendo las que prohíben o limitan el uso de determinados tipos de armas insidiosas", entre ellas, se puede añadir, las balas dum-dum.

En consecuencia, desde el punto de vista del derecho de la guerra o derecho internacional humanitario (DHI), se considera que el uso de las balas, como las dum-dum, "que se expanden o se aplastan fácilmente en el cuerpo humano" está prohibido tanto en los conflictos internacionales como en los no internacionales. Esta es la conclusión a la que llegan Jean-Marie Henckaerts y Louise Doswald-Beck en su estudio para el Comité Internacional de la Cruz Roja El derecho internacional consuetudinario.

Pero prohibición solo parcial

Sin embargo, también indican que varios Estados permiten a la policía emplear, dentro de sus fronteras y en contextos no bélicos, balas expansivas "con el fin de que los proyectiles no atraviesen el cuerpo del sospechoso y alcancen a otra persona (en entornos urbanos o entre la muchedumbre), así como para asegurarse de que, después de ser alcanzado, el sospechoso no pueda disparar a su vez".

En este sentido, Henckaerts y Doswald-Beck recuerdan que las balas disparadas por una pistola, que suele ser el arma utilizada por las fuerzas policiales, producen un impacto menor que el que causan las disparadas por un fusil, arma de mayor uso militar.

Así, las leyes nacionales establecen en cada país normas diferentes en cuanto al uso de armas, también de municiones, tanto en el ámbito militar y policial como en el privado, ya sea personal, deportivo o de caza. En algunos países, los proyectiles semiblindados están permitidos para la caza mayor; en otros, la policía está autorizada a emplearlos. En España, por ejemplo, "está prohibida la publicidad, compraventa, tenencia y uso, salvo por funcionarios especialmente habilitados, (...) de (...) las municiones para pistolas y revólveres con proyectiles dum-dum...", de acuerdo con la legislación vigente.

En definitiva, puede concluirse que existe cierto consenso en lo tocante al uso proscrito de las balas dum-dum en los conflictos armados, no así en otros contextos.