Hábitos de conducta aparentemente inofensivos son susceptibles de convertirse en comportamientos adictivos de la misma forma que lo son las sustancias psicoactivas. El juego patológico, la adicción a internet, al trabajo o al sexo y las compras compulsivas son algunas de ellas.

En este tipo de adicciones no existe una sustancia específica que sea consumida por parte de la persona adicta, como en el caso de las drogodependencias, sin embargo, los patrones de comportamiento que siguen ambas clases de adicción son muy similares.

Síntomas de las adicciones

Según Hilda Tévez, psicóloga del Instituto de Neuropsiquiatría, Adicciones y psicología positiva de Buenos Aires (INAPBA), éstas serían las fases típicas que recorre una persona desde el uso hasta el abuso de una conducta específica.

Una primera etapa en la que se experimenta placer al realizar la conducta (jugar, navegar por la red, comprar, trabajar, etc.) da paso a un aumento de los pensamientos referidos al comportamiento en cuestión, lo que da lugar a un incremento de la frecuencia con la que se lleva a cabo. A continuación, un deseo intenso de realizarla y la búsqueda de alivio del malestar que provoca la privación de la conducta llevan a la persona a continuar con aquella práctica a pesar de las consecuencias negativas que produce.

Clasificación

A pesar de las similitudes entre estas características y las que experimenta una persona que consume algún tipo de droga de forma adictiva, sólo el juego patológico está incluido en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) por la American Psychiatric Association (APA) en el área de trastornos del control de los impulsos y no considerada como adicción.

La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) afirma que esta dificultad para clasificarlas se debe a que son novedosas y a que «los criterios diagnósticos son muy exquisitos. Pero aunque no hay sustancia, el efecto es igual. Se trata de un hábito que se repite continuamente porque se obtiene una recompensa, y esto impulsa a repetirlo».

Las adicciones sin sustancias en la sociedad

La OMS advierte que una de cada cuatro personas sufre trastornos de la conducta relacionados con las adicciones sin sustancias.

Una dificultad añadida para el diagnóstico y tratamiento de este tipo de trastornos es el hecho de que sean más aceptadas socialmente que las adicciones a sustancias tóxicas, no obstante, las consecuencias son igualmente devastadoras.

El abandono de las obligaciones laborales y familiares, el aislamiento, el deterioro de las relaciones sociales, así como un mayor riesgo de padecer trastornos de ansiedad y depresión son algunos de los posibles efectos resultantes de este tipo de adicciones y que comparte también con las drogodependencias.

Como ocurre en cualquier clase de adicción, los más vulnerables son los adolescentes, ya que tienden a buscar sustitutos y salidas rápidas a las típicas sensaciones de inseguridad, confusión e inestabilidad de esta etapa del desarrollo.

La gran desinformación acerca de las nuevas tecnologías en la sociedad por su reciente auge y la ignorancia respecto al peligro del abuso de determinadas pautas de comportamiento, junto con la escasa experiencia de los especialistas en este ámbito, constituyen una bomba de relojería que se traduce en unas cifras muy altas de personas que sufren, sin saberlo, las consecuencias de una adicción sin sustancia.

Causas y tratamiento

De la misma forma en que un toxicómano consume una droga que le proporciona una satisfacción inmediata y una forma de escapar del mundo real que le rodea, una persona que abusa de un hábito de conducta encuentra en ese hábito un placer, una manera de evitar enfrentarse a la vida.

Detrás de ambos tipos de adicción encontramos, en la mayoría de los casos, sensación de vacío, frustración, miedo, ansiedad, dificultades en las relaciones y un largo etcétera que hace imposible establecer una causa única y directa.

La psicoterapia más utilizada para este tipo de adicciones es la cognitivo conductual que puede acompañarse, en algunos casos, de terapia farmacológica. En cualquier caso, resulta crucial mejorar la capacidad para controlar los impulsos, la autoestima y la adquisición de estrategias para enfrentarse a los problemas de la vida diaria.

La prevención es, sin duda, una herramienta indispensable para lograr disminuir uno de los mayores problemas sociales en la actualidad.