Al finalizar la década de los años 60, un grupo de exploración de una compañía petrolera mexicana recorría la zona desértica del estado de Durango. Sus radios de comunicación dejaron de funcionar sin que ellos pudieran explicárselo. Bautizaron el lugar como "Zona del Silencio", desatando la curiosidad de periodistas y pobladores de la región que deseaban saber qué sucedía en aquel lugar.

Las explicaciones iniciales estuvieron plagadas de fantasías y exageraciones. Sin embargo, provocaron la reacción de los científicos mexicanos para dar una explicación seria sobre los fenómenos reportados.

Mito o realidad

Una oleada de atención sobre la zona en aseveraciones se ha ido aclarando conforme avanzan los estudios científicos: zona de alto magnetismo, intensa caída de meteoritos, extraño comportamiento de las ondas sonoras, existencia de animales raros, alteración del funcionamiento de relojes, brújulas y otros aparatos eléctricos.

La zona fue equiparada en sus misterios con el Triángulo de las Bermudas, las pirámides de Egipto, las cumbres del Tíbet y Cabo Cañaveral, lugares todos ubicados entre los paralelos 26 y 28 de nuestro planeta.

Los orígenes terrestres

Los geólogos mexicanos explicaron que el lugar donde se localiza la "Zona del Silencio" fue parte de un extenso océano llamado Mar de Thetis, hace más de 15 millones de años. Fue una época de grandes movimientos geológicos y alta actividad volcánica, acompañada de cambios climáticos que derivaron en la nueva conformación del planeta y le dieron a esta zona sus características actuales.

El aspecto y las condiciones que presenta el lugar ha sido llamado por los científicos como "Desierto Chihuahuense", una zona que se extiende desde los estados de Texas y Arizona, baja hacia el sur por Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, parte de San Luís Potosí y llega hasta el estado mexicano de Querétaro.

Toda la región está conformada por sierras muy separadas. El clima es muy seco y extremo, con temperaturas que alcanzan los 40 grados centígrados. Pocos ríos fluyen en la zona y son escasos los arroyos formados por los chubascos cortos que se registran en la zona. Es una región de amplias llanuras y pequeñas serranías formadas por materia orgánica, fósforo y calcio.

Investigación a fondo

Los resultados de las investigaciones realizadas por científicos mexicanos y del extranjero permitieron que la UNESCO considerara la zona Reserva de la Biosfera en 1977. Motivado por esta designación, al año siguiente el gobierno del estado de Durango construyó las instalaciones del Laboratorio del Desierto y dejó las investigaciones a cargo del personal del Instituto Nacional de Ecología.

El propósito era estudiar la flora, la fauna, la erosión, los escurrimientos de las cuencas hidrológicas, la geografía histórica, la antropología social de las personas que habitan la zona y otros elementos que conforman el ecosistema del desierto chihuahuense.

Bajo un sol intenso, los científicos se propusieron conocer la hidrodinámica de suelos de la zona para evitar que termine de erosionarse por completo. Se estudian las características biológicas de la fauna de la región como la rata canguro, el águila cola roja, el aguililla rojinegra, el halcón pálido, la lechuza de madriguera, el águila real y la tortuga del desierto (Ghoperus marginatus).

Contrario a lo que uno podría pensar, el desierto está lleno de vida. Se han documentado 270 especies de vertebrados, 250 especies de mariposas y 350 de plantas entre las que destacan las gramíneas y las cactáceas.

Los habitantes del desierto

A lo largo de la zona se han encontrado morteros, puntas de flecha y pinturas rupestres, rastros de la presencia de cazadores y recolectores anteriores al siglo XVI. Los arqueólogos aseguran que la dominación española de la región chichimecas, en lo que hoy es Querétaro y San Luis Potosí, provocó que los indígenas buscaran librarse del esclavismo huyendo hacia las tierras marginales de la sierra y el desierto.

De la misma forma, pero en dirección contraria, apaches y comanches buscaron refugio en la zona, hasta que poco a poco fueron estableciendo asentamientos para dedicarse a la ganadería. El establecimiento de minas también contribuyó al poblamiento de la región. Actualmente se calcula que en la parte central de la Zona del Silencio viven unas 500 personas.

Conocer nuestra casa

El Fondo Mundial de la Vida Silvestre, WWF por sus siglas en inglés, ubica al desierto chihuahuense en el tercer lugar por su biodiversidad. Las especies que lo habitan son un ejemplo de resistencia y adaptación a las condiciones más adversas para la vida. Conocer sus características y los procesos que sufrieron a lo largo de las eras geológicas nos ayudará a conservar nuestra casa mayor: la Tierra.