Puede precisarse que desde los inicios de la humanidad, la respuesta a determinadas situaciones se solucionaba con violencia, desde la horda primitiva hasta las grandes civilizaciones antiguas, resolvían los conflictos en términos agresivos.

En la actualidad la situación no ha variado en demasía, ya que parece normal o está naturalizada la resolución de los conflictos, grandes o pequeños, a través de la instrumentación de mecanismos violentos.

Violencia y su significado

El término violencia significa violar, transgredir, pero también alude a una ruptura de la palabra, es decir, se instala la violencia o la conducta violenta, en el lugar de la palabra, es el fracaso del lenguaje.

Girard, en su libro Violencia y lo Sagrado, 1982, hace referencia a que históricamente la violencia se encontraba como sacralizada, es decir, que en cierta forma era contenida por las religiones.

Las religiones mediante el sacrificio, canalizaban los elementos agresivos de la comunidad a través de uno chivo expiatorio, a quien se hacía depositario del quantum de violencia social, de esta forma se controlaba a la sociedad de un posible desborde.

Con el paso de tiempo, es el Estado el que cumple la función de capitalizar la violencia social, con reglas y leyes penaliza, controlando situaciones en donde, sin su intervención podrían generarse episodios de alto riesgo social.

Violencia y sociedad

Cuando se habla de violencia, se hace referencia al poder, debido a que es el poder y la necesidad de dominar al otro, la que se pone en juego en la reacción violenta, tanto sea individual como grupal.

Debe marcarse que existen diferentes formas de actuar la violencia, no sólo la guerra, el golpe, las riñas o la tortura son dispositivos violentos, también existen otras acciones que encubren este comportamiento.

Con relación a esto, puede marcarse que maltratar verbalmente, es violencia, al igual que ignorar al otro, hacer que no existe, encubre un fuerte contenido agresivo. La pobreza extrema remite a contenidos violentos. Estas acciones, a veces naturalizadas, son prácticas comunes en la sociedad actual.

Se hace necesario destacar que en el escenario de lo cotidiano, aparecen varias formas de violencia que se enmarcan en los contextos familiares, escolares, laborales. Situaciones que responden y al mismo tiempo reproducen el modelo violento instalado en la sociedad.

Estado y violencia

La falta de respuesta de las instituciones, habilita de alguna forma el acto violento, a su vez esa ausencia institucional puede leerse como violencia, ya que el silencio, la no respuesta es ejercer violencia sobre un individuo o grupo.

Cuando el Estado se presenta como ausente, en relación con el cuidado y protección que debe dar a sus ciudadanos, o cuando las instituciones se quebrantan, no logrando cubrir las expectativas para las que fueron creadas, irrumpe la violencia.

Este es un tipo de violencia difusa, entendida como todos contra todos, creando una situación de caos que puede conducir a un estado de ausencia de normas.

La problemática así planteada, parece irreversible, debido al carácter naturalizado que ha adquirido. No obstante, existen estrategias que pueden ayudar a minimizar la conducta violenta.

Pueden proponerse dos ejes a tener en cuenta: instalar la discusión y una real toma de conciencia con relación a la magnitud del problema, esto posibilitaría el trabajo de prevención desde los distintos espacios sociales.

A su vez, el Estado mediante el fortalecimiento de las instituciones a su cargo, favoreciendo estrategias centradas en políticas que fomenten la protección y equidad permitiría revertir algunas de las situaciones naturalizadas.