Entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años de edad es cuando la mujer alcanza la plenitud de su sexualidad, durante esta etapa se acentúan los deseos en ella y es más ardiente el afán de satisfacerlos. Este sentir es el resultado en gran medida de la madurez emocional en general, y esto motiva la liberación de inhibiciones que hasta entonces mantuvieron reprimidos sus impulsos sexuales.

En el caso de algunas mujeres, las más afortunadas, sienten este despertar como un regalo de la naturaleza, un renacer a una mayor libertad y felicidad dentro de la relación conyugal. Muchas veces ocurre justo cuando la pareja se ve libre de la preocupación, el estrés, etc., por ejemplo de la educación de los hijos, cuando estos han crecido y han dejado el “nido” para volar con sus propias alas.

Buen momento para reafirmar la relación

Cuando ya la pareja se encuentra sola en el hogar, es el momento en que pueden volver a ser como los novios que antes eran, o como recién casados, sin hijos de por medio. Vuelven a ser independientes, incluso pueden dialogar sin interrupciones sobre las cosas que le molestan a uno del otro, tienen más tiempo para sí mismos, más tiempo para estar juntos, las preocupaciones financieras ahora son menos.

Lo importante en la mujer madura es que aprende a aceptar como algo natural el aumento de su apetito sexual, a una edad en la que la ignorancia y los prejuicios tal vez hagan creer a algunos que la mujer ya debería estar de “retirada”, y no sólo que ella acepte lo que le esta sucediendo, sino que también su pareja lo acepte y la entienda, y que en vez de preocupación o miedo ponga todo de su parte para que el erotismo de ella se convierta en una fuente de placer y compenetración mutua.

Por otro lado la mujer debe mantener buenos hábitos, uno de estos por ejemplo, al ir a la cama utilizar la ropa adecuada y que luzca atractiva para él, esto de acuerdo a las sugerencias de una consejera matrimonial inglesa de renombre internacional, Jane Lund. Si ambos (la mujer y el hombre) ponen atención y empeño en la relación, pueden convertirla en una segunda luna de miel, pero ahora con la madurez, la experiencia y la tranquilidad que prodiga el saber que no habrá un embarazo no deseado, o incluso el temor de ser sorprendidos por algún miembro de la familia.

Mantener una relación estrecha e ignorar comentarios negativos

Una famosa escritora, autora de la novela romántica “Barbara Cartland”, y experta en problemas de salud, opina que lo primero debe ser que el hombre esté bien alimentado para una buena respuesta sexual con su pareja, más un poco de coqueteo, aceptando que la madurez es el momento adecuado para reiniciar todo aquello que quedó un poco inconcluso con la llegada de los hijos. Todo puede marchar mejor si, además, la pareja retoma algunos detalles de aquel noviazgo inolvidable donde sólo existían ellos dos.

La mujer no es sólo la madre que educó a los hijos ni el ama de casa que mantuvo y mantiene todo en orden en el hogar, es también la novia, la amante del compañero con el que decidió compartir su vida. El hombre, a su vez, debe saber y estar consciente de todo lo anterior y recordar que no es, ni ha sido, sólamente el proveedor de su hogar, sino también el compañero, el hombre, y el amante de su mujer.

Es también importante que ni el hombre ni la mujer, en etapa de edad madura, se dejen influenciar por alguna clase de personas incultas, con falta de preparación, que argumentan que a cierta edad todo terminó, que ya no hay nada más que experimentar ni sentir. Mientras el hombre y la mujer estén conscientes y bien informados, deben ignorar los comentarios negativos y disfrutar esta nueva etapa, y tratar de que, mutuamente, lo gocen juntos como pareja.