El arte moderno no nace por un camino evolutivo sino por una ruptura de los valores del siglo XIX en Europa y conoció una tendencia revolucionaria en torno a la cual se han ido organizando el pensamiento filosófico, político, literario, la producción artística y la acción de los intelectuales.

El arte fue llamado a inspirarse a la claridad, la evidencia y el empeño. Hacía 1830 el mismo Hegel declaraba que “el artista pertenece a su tiempo, vive de sus costumbres y hábitos, comparte sus concepciones y representaciones y el pueblo tiene derecho a pedir que una obra de arte le resulte comprensible y cercana”.

En este contexto la realidad histórica se convierte en contenido de la obra a través de la fuerza creadora del artista, quien puso en evidencia los valores. La realidad-contenido determinó la fisionomía de la obra, su forma.

La Vanguardia quiso devolver -casi simultáneamente en una geografía tan amplia como interconectada- el arte y su poder transformador al ámbito político y social, al mundo doméstico y al de la decoración, al libro y la difusión de las ideas, de los que nunca había salido del todo, pero del que le habían alejado las estéticas y poéticas del arte puro, el esteticismo y el ideal de l’art pour l’art.

Historia visual de la Vanguardia

Más de 700 obras entre diseños originales, fotomontajes, libros, revistas, carteles, postales, folletos, maquetas y bocetos preparatorios provenientes de dos importantes colecciones internacionales especializadas en diseño y tipografía de vanguardia, la del estadounidense Merrill C. Berman y la del santanderino José María Lafuente, adentran el visitante en el fascinante mundo de la tipografía y el diseño gráfico.

Destacamos el apartado dedicado al principio de la infografía cuando, según las palabras de Manuel Fontán, director de exposiciones de la Fundación Juan March, los carteles “ obvian el texto para contar, por ejemplo, la multiplicación de los conejos en un plan quinquenal soviético".

La poética de la realidad

Denominador común para la Vanguardia fue la poética de la realidad, a la que fueron fieles, según sus propias inclinaciones e ideas, artistas de la talla de Courbet, Daumier, Millet. La estrecha relación con todos los aspectos de la vida, inclusive los más inmediatos y cotidianos, llevaron los artistas a desprenderse de la mitología, la evocación histórica y la belleza convencional de los cánones clásicos.

Con las obras de más de 250 artistas de 30 países, esta exposición permite al público descubrir los ideales de las vanguardias históricas en los ámbitos de la propaganda política e ideológica, la publicidad y los medios de comunicación, la arquitectura, el diseño urbanístico y de interior, las exposiciones, el teatro, el cine y la fotografía.

Hay que recordar que el arte de la Vanguardia y mucha parte del pensamiento contemporáneo nace de la crisis de la unidad histórica, política y cultural de las fuerzas burguesas-populares y de su ruptura a partir del 1848. Expresionismo, cubismo, futurismo, realismo, arte abstracto, dadaísmo, surrealismo son las corrientes artísticas que nacen en Europa como ruptura con el arte del pasado.

Su forma de expresión fueron el cartel y el panfleto, el periódico y la revista, el libro, la imagen fotográfica, la imagen fotográfica fragmentada y manipulada, es decir, el fotomontaje y la imagen fotográfica en movimiento, el cine, géneros considerados secundarios respecto a los clásicos del gran arte, la pintura y la escultura.

“La Vanguardia aplicada, 1890-1950” rescata y ofrece al público parte de esta ingente materia visual y textual. La exposición se inaugura el 30 de marzo a las 19:30 con un concierto a cargo del pianista vasco Carlos Apellaníz y podrá disfrutarse en las salas de la Fundación March hasta el 1 de julio.