Sin duda, el aspecto más importante que determina la evolución y el progreso de la sociedad es la educación. El acceder a los estudios universitarios representa no sólo un privilegio, sino una exigencia que debe traer consigo cambios de actitud y de conducta por parte de los estudiantes que acuden a ella; se trata de una auténtica transición hacia la madurez intelectual y emocional del individuo. 

La universidad es un crisol en el que autoridades, académicos, estudiantes y administrativos generan, expresan y difunden la cultura y el conocimiento a través de una relación de cordialidad, respeto y tolerancia a las diferencias. En su concepción básica, una universidad debe realizar tres funciones sustantivas, que son la docencia, investigación y extensión.

La universidad y su papel en la formación del individuo

La formación universitaria ha ido modificando sus esquemas y formas de enseñanza. Los paradigmas modernos dan más importancia al aprendizaje del estudiante, quien se convierte en el núcleo y la razón de ser de la universidad misma. El docente pasa a un segundo plano para  convertirse en promotor de ambientes de aprendizaje significativo y hacer que el estudiante asuma su responsabilidad en su propio conocimiento. Esta forma de ver la educación está centrada en cuatro pilares importantes:

La utilidad del conocimiento en los universitarios

El cambio del bachillerato a la universidad resulta por demás significativo en la formación académica de los estudiantes. Uno de los cambios más trascendentales es la percepción que se tiene sobre lo que es el conocimiento y su utilidad.

En el bachillerato, se imparten conocimientos más generales y diversos, en los que el estudiante tiene poco o nulo poder de elección; en cambio, la universidad comienza cuando el estudiante determina la profesión que desea ejercer, y a partir de ese momento recibe una formación integral que le permitirá ser un especialista de la profesión que eligió; es decir, el conocimiento se convierte en una herramienta aplicable a resolver problemas en las áreas de trabajo a las que el estudiante aspira.

La exigencia, una obligación en las universidades modernas

Otro punto importante en la transición del bachillerato a la universidad es el nivel de exigencia. En la cátedra universitaria no sólo viene el conocimiento teórico básico, sino también una serie de retos y proyectos para el estudiante apegados a la realidad laboral que vivirá en el futuro. Para lograr una verdadera formación integral de los universitarios resulta fundamental que la transmisión de conocimientos útiles vaya acompañada de una visión clara de lo que es la dureza y exigencia profesional, pues eso hará que el estudiante tenga una mayor tolerancia a la frustración, y desarrolle por ende, más carácter, confianza y competitividad.

Las universidades están obligadas a ser un reflejo de la vida profesional, de lo contrario el estudiante vivirá un serio y doloroso choque con una realidad para la que no estaba preparado poniendo en duda su capacidad y preparación.

¿Qué significa ser un estudiante universitario?

La esencia y funciones de la universidad se deben complementar con estudiantes que cumplan con características indispensables:

  • Hambre por el conocimiento: Se refiere al estudiante que asume la responsabilidad de aprovechar al máximo los conocimientos ofrecidos. Un auténtico universitario no pone etiquetas de “útil” o “inútil” a lo visto en clase, pues en la etapa estudiantil carece de la capacidad y experiencia de poder hacer ese discernimiento. Un verdadero universitario entiende que el conocimiento es cambiante e infinito, por lo que se concibe como un eterno aprendiz.


  • Identidad: El estudiante debe entender que la universidad en la que estudia encierra una serie valores y tradiciones de las que él será el heredero y que tiene la obligación, como universitario, de vivir y dar a conocer en todos los ámbitos donde se desempeñe. La identidad universitaria es ponerse la camiseta con la convicción, orgullo y determinación.


  • Voluntad permanente para desarrollar al máximo sus habilidades y competencias.


  • Responsabilidad, que le permitirá reconocer sus áreas de oportunidad así como la conciencia hacia el compromiso con él mismo y los que le rodean. A su vez, los universitarios asumen la responsabilidad, al egresar, de desarrollar su profesión con ética y compromiso social.
Cuando todos estos elementos se complementan es cuando realmente estamos hablando de una universidad, que cumple a cabalidad su compromiso con sus estudiantes y con la sociedad, tan necesitada de verdaderos profesionales que resuelvan los retos políticos, económicos y sociales que tendrán México y el mundo.