La llegada de los Tres Reyes Magos con regalos para los niños cada Navidad es una tradición cristiana basada en el Evangelio de San Mateo (cap. 2, vers 1-12). Éste nos narra el viaje a Belén de Judea de unos “magos” que siguiendo una estrella llegaron a una humilde casa “vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

¿Cómo nació la tradición de los Tres Reyes Magos?

En ningún momento el Evangelio se refiere a ellos como “reyes” y el texto original los llama “sabios”, palabra derivada del griego “magoi” y del persa “magu”. Éstos últimos fueron muy importantes en el pensamiento de Zaratustra gracias a sus estudios astronómicos, muy populares en Babilonia. Para los judíos de la época del evangelista Mateo, eran unos sabios muy conocidos en Oriente, y el término “mago” para referirse a los estudiosos de las estrellas era muy habitual. En los primeros tiempos del cristianismo, sin embargo, la actitud cambió y la palabra “mago” fue rechazada por recordar a prácticas poco religiosas y a aquellos herejes seguidores de un tal Simón que se hacía llamar por aquel título. Se prefirió entonces designarlos como “Reyes de Oriente”

La historia tradicional de los Reyes Magos nace en el siglo V cuando el Papa San León el Grande, se refiere a ellos como tres monarcas orientales y personajes históricos que vivieron en la época de Jesús. Tres es el número mágico de la Santísima Trinidad y de las razas humanas descendientes de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. La extensión de esta creencia acaba con otras tradiciones en las que el número de magos variaba de 2 a 10 y que la Iglesia Copta de Egipto elevaba hasta 60.

En la obra “Excerptiones”, atribuida a Beda el Venerable (672-735), monje benedictino nacido en Inglaterra, se les describe por primera vez: "El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba... fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir."

A partir de este momento, los artistas comienzan a representarlos siguiendo este texto y simbolizando las tres edades en el hombre: la juventud (20 años), la madurez (40 años) y la vejez (60 años).

Baltasar tiene la piel oscura por su ascendencia persa, y no será representado como un rey negro hasta el siglo XIV, cuando aparecen, por primera vez, los Tres Reyes Magos tal y como nosotros los conocemos hoy.

Santa Elena y los Magos de Oriente

La tradición cristiana se mezcla con la leyenda a la hora de hablar de los restos de los magos, atribuyendo su hallazgo a Santa Elena, madre del emperador romano del siglo IV, Constantino.

En la Edad Media estaba muy arraigada la creencia de que aquella santa, después de haber hallado los restos de la cruz donde murió Cristo, viajó por Persia para reunir los huesos de los tres sabios que se habían postrado ante él cuando nació. Los trasladó a la ciudad fundada por su hijo, Constantinopla, la actual Estambul, donde fueron guardados en un sarcófago de granito.

Ya en el siglo XII, durante la II Cruzada, el emperador bizantino Manuel I Comneno, regaló el sarcófago con los cuerpos de los magos a San Eustorgio, obispo de Milán, que los trasladó a esta ciudad italiana por tierra en un largo viaje envuelto también en leyenda.

Las reliquias de los Tres Magos de Oriente llegan a Alemania

Cuando en 1162 Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, ataca Milán, lo primero que buscan sus seguidores son las tumbas de los Tres Reyes Magos. La reunificación alemana que persigue Barbarroja no estaría completa sin un gran golpe de efecto que le hiciera ser el gran defensor de la religión cristiana. A este respecto, la posesión de reliquias y otros objetos santos fue, durante toda la Edad Media, de gran importancia para los gobernantes, que veían en ellas un poder milagroso capaz de curar enfermedades, al tiempo que un motivo para atraer fieles a sus tierras.

El arzobispo de Colonia, Rainald de Dassel, fue el encargado de llevar los restos de los tres magos a su iglesia, donde fueron objeto de la visita de miles de peregrinos. Ninguno de ellos pensó nunca que, después de tantos años y traslados, aquellos no fueran las verdaderos sabios de Oriente y no dudaban en recorrer miles de kilómetros para rezar ante ellos. Esto hizo el obispo armenio Martir, quien en el siglo XV peregrinó a Roma y después a Colonia, desde donde tras postrarse ante la tumba de los magos, viajó a Santiago de Compostela para rezar ante la urna que contenía los huesos del Apóstol Santiago.

Las visitas a la tumba de los Reyes Magos y el misterio que les rodea han sido también reflejadas en la ficción. Umberto Eco incluye en su libro “Baudolino” algunos curiosos pasajes sobre este tema.

El relicario de los Reyes Magos en la catedral de Colonia

Se encuentra detrás del altar mayor de la catedral de Colonia, el monumento más visitado de Alemania declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Es el relicario más grande de la Cristiandad, con más de un metro alto y dos de largo. Está fabricado en madera bañada en oro y plata. Tiene forma de basílica compuesta por los tres sarcófagos unidos, y una decoración en bajorrelieve basada en escenas de la vida Jesús, desde su nacimiento hasta su pasión y muerte.

Completan su ornamentación 74 figuras, también en bajorrelieve, que representan a profetas, apóstoles y evangelistas.

Fue elaborado por el artista francés Nicolás Verdún, quien alrededor de 1181 comenzó a trabajar en el relicario, que luego fue completado por orfebres de la misma ciudad de Colonia. Como todas las grandes obras, su realización llevó muchos años hasta llegar a la perfección que hoy día tiene, pues no estuvo completo hasta el siglo XIII.

En el siglo XIX el relicario fue abierto hallándose dentro los huesos de tres hombres de distintas edades junto a monedas de Felipe de Heinsberg, arzobispo de Colonia cuando comenzó a fabricarse esta hermosa pieza de orfebrería.

Hoy día es el centro de la celebración que cada 6 de enero se realiza en la catedral de Colonia, ciudad que muestra con orgullo tres coronas doradas en su escudo y bandera, como símbolo de las reliquias que custodia.

Entretanto, en todo el mundo, son los niños con sus cartas pidiendo regalos, los que “resucitan” cada año a estos Tres Reyes Magos.