La triquinosis (o triquinelosis) es una grave enfermedad parasitaria que puede afectar a todos los mamíferos que se alimenten de otros mamíferos previamente parasitados. Esta patología se conoce desde la antigüedad, habiendo quien le atribuye gran protagonismo en la histórica prohibición de comer cerdo que impone el Islam.

La enfermedad está causada por un gusano nematodo del género trichinella, que cuenta a su vez con varias especies.

El contagio de la triquinosis se produce por la ingestión de carne de un animal parasitado

El ciclo biológico comienza cuando un mamífero carnívoro u omnívoro ingiere carne parasitada con quistes musculares de triquina. Estos quistes contienen larvas del parásito que pueden permanecer viables meses e incluso años en estado de latencia. Cuando la carne llega al estómago y se digieren los quistes, las larvas se activan y quedan libres, desarrollándose en el intestino y alcanzando la madurez. Cuando llegan al estado adulto, se reproducen en el intestino y dan lugar a miles de larvas.

Los primeros síntomas son: dolor abdominal, vómitos y diarrea

Este período intestinal produce una sintomatología gastrointestinal consistente en dolor abdominal, vómitos y diarrea. Si se trata la enfermedad en este punto, el pronóstico es muy favorable, pero los síntomas son tan inespecíficos que es difícil reconocerla.

Después de nacer, las larvas atravesarán la pared intestinal, y migrarán vía sanguínea hasta el tejido muscular donde se enquistarán, y permanecerán en estado latente hasta que otro animal ingiera el tejido muscular parasitado

La fase muscular produce fiebre y dolores musculares

Esta fase de la enfermedad produce dolores musculares y fiebre. Pero los quistes pueden ubicarse en el músculo cardiaco, provocando las principales complicaciones de la triquinosis: arritmias (por la miocarditis) e insuficiencia cardiaca. También pueden ser muy graves las complicaciones derivadas de la migración de las larvas al pulmón y al cerebro.

La importancia de esta enfermedad es que se trata de una zoonosis. El hombre puede contagiarse a partir del consumo de carne de cerdo o de jabalí. En los países desarrollados, los controles sanitarios que se realizan a los animales de granja son tan exhaustivos que es muy difícil que llegue al consumidor carne de cerdo parasitada con triquina. Sin embargo, los jabalíes no tienen ningún control sanitario.

Es imprescindible la presencia de un veterinario autorizado en las cacerías

Por esta razón, es imprescindible la presencia de un veterinario autorizado en todas las cacerías, para que realice una inspección de cada jabalí abatido, así como una toma de muestras para la determinación de la presencia de triquina, y el decomiso del ejemplar si fuera preciso. Para determinar si un jabalí es portador de la triquina, realizará una digestión artificial en un laboratorio, con una muestra de tejido muscular.

El tratamiento sólo es efectivo en las primeras fases de la enfermedad

El tratamiento de la enfermedad es efectivo en las primeras fases de la infestación, antes de que se desarrollen los quistes en la musculatura. Se suele utilizar mebendazol o albendazol, pero sólo en el periodo intestinal. No existe tratamiento específico una vez que las larvas alcanzan la musculatura.

Por lo tanto lo más importante es la prevención de la enfermedad. Para ello lo principal es cocinar bien la carne a altas temperaturas, fundamentalmente si se trata de carne de caza o de procedencia desconocida (sobre todo en el caso de carnes procedentes de matanzas domiciliarias). Hay controversia sobre si una congelación de larga duración puede o no matar al parásito. Ningún otro tratamiento es eficaz: ni la salazón, ni el ahumado, ni el secado…

Hay que evitar que el parásito complete su ciclo biológico

Además, hay que evitar cerrar el ciclo biológico, para lo que es muy importante una correcta eliminación de los residuos cárnicos. Está contraindicado dejar en el campo los cadáveres o vísceras de animales abatidos en cacerías, o dejar que los perros de las rehalas se las coman. Asimismo, hay que garantizar en todos los casos la presencia de un veterinario en las cacerías.

Finalmente y por seguridad, hay que rechazar la carne de animales procedentes de la caza furtiva, aunque sea regalada, dado que lo más probable es que no haya tenido el control sanitario del veterinario. La lista de veterinarios autorizados y su contacto puede consultarse en cada Comunidad Autónoma, y en la Web del Colegio Oficial de Veterinarios. En el caso de la comunidad de Madrid:

http://www.colvema.org/DOC/matanza1011.doc