Según los licenciados Lily Fontán y Esteban Craig, Psicólogos y docentes universitarios especializados en terapia e integración de la pareja, en su artículo "El clima modifica el deseo sexual"publicado en Vida Plena Online, existe una relación directa entre el deseo sexual y la estación climatológica del año. Lo atribuyen a diversos factores como, por ejemplo, a la incidencia de la mayor luminosidad y paulatino aumento de la temperatura condición que provocaría la segregación de ciertas hormonas y feromonas estimulantes de la sexualidad.

Probablemente estos factores y los aportados por el Dr. Féliz Gad Sullman y equipo del Departamento de farmacología aplicada de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quienes afriman que los cambios de la carga eléctrica del aire que se producen durante una tormenta, provocarían una sensación de bienestar y estimulación de los sentidos en los individuos, desencadenando de alguna manera la ancestral fantasía sexual de hacer el amor durante una gran tormenta.

Es entonces que la proximidad del equinoccio de primavera en el hemisferio sur, sumado a una de sus consecuencias como es la tormenta de Santa Rosa, puede suponer para los habitantes del hemisferio un natural estimulante sexual.

La tormenta y el equinoccio de primavera

Según la Dirección Nacional de Meteorología de Uruguay, debido al paulatino calentamiento del hemisferio sur por su relación de alineación con el sol, en un período de su órbita, se producen condiciones propicias para que grandes masas de aire cálido subtropical cargado de humedad, arriben al Río de la Plata en donde las masas de aire frío de origen polar aún persisten luego de su período de plenitud invernal.

Este monumental desplazamiento de frentes antagónicos se transforma en enorme carga de energía y como resultado pueden producirse lluvias acompañadas de tormentas eléctricas. Ocurre a fines de agosto y principios de septiembre y es un fenómeno conocido como la tormenta de Santa Rosa, por la asociación con un hecho del pasado.

Este desenlace estimulante es una consecuencia climática producida por la inminencia del equinoccio de primavera, que produce un paulatino aumento de la temperatura y de la luminosidad solar debido a la situación del sol con respecto al hemisferio sur.

La situación como ya la han descrito los especialistas Lily Fontán y Esteban Craig citados anteriormente, estimula las sensaciones placenteras y la posibilidad de socialización posibilitando un aumento de la producción de hormonas y feromonas determinantes para la actividad sexual.

Las culturas andinas la relacionaban con la sexualidad

Este hecho ha sido muy observado por las culturas andinas ligadas a la producción de la tierra ya que la tormenta marcaba el comienzo de la temporada de lluvias de primavera y la fertilidad.

La energía que traía la tormenta era relacionada por aquellas culturas agrícolas precristianas con el impulso sexual, al marcar con su aparición el final del invierno y el comienzo de un período fértil para hombres, animales y plantas.

La vida urbana actual probablemente no permita estar muy atento a los ritmos de la tierra. Pero quizás una calma observación del entorno y de las necesidades humanas basada en los antecedentes antes descrptos, podría proporcionar un suave estímulo sexual.

Los días más luminosos y soleados, las plantas del jardín o macetas mostrando su renacimiento y floración con una cierta calidez en el aire, podrían llegar a desencadenar una tormenta privada cuando afuera se desencadene la otra tormenta, la que marca el principio de un tiempo propicio.