La ternura es un sentimiento que engrandece al hombre; es la demostración más sublime del afecto entre dos personas que se aman. Es una fuerza mágica capaz de transformar los más pesados ambientes. Describir la ternura sería tan difícil, puesto que es un sentimiento tan grande y noble que quizás las palabras quedarían cortas. Sin embargo, la definición más perfecta está en el siguiente texto extraído de un artículo denominado “Gramática de la ternura”, extraído de la revista de pediatría y dice:

¿Qué es la ternura?

“La ternura es un diálogo poético de seres que se atraen y se quieren, que se reconocen como iguales y buscan reconciliarse con la vida en lo fundamental y lo superfluo, es por tanto un abrazo amoroso y una caricia placentera, la mirada cómplice y el beso necesario, un sencillo apretón de manos que nos informa que el otro esta presente y que se puede contar con él.

La ternura es reconocimiento de diferencias, capacidad para comprender y tolerar, para dialogar y llegar a acuerdos, para construir colectivamente aprendiendo de los que ‘no saben’, para soñar y reír, para enfrentar la adversidad y aprender de las derrotas y de los fracasos, tanto como de los aciertos y de los éxitos”.

La ternura se alimenta de sonrisas, de miradas cálidas y de suaves caricias; de apretones de manos y de abrazos; de frases alentadoras y de consuelo; de detalles, de gestos sinceros y dulces; la ternura es complicidad y camaradería, es aceptación y tolerancia, es respeto y admiración por el otro, en una palabra, es lo más sublime del sentimiento humano.

Todos buscamos ternura

Jacques Salomé, autor del libro “Cómo atraer la ternura” expresa lo siguiente : “La ternura no es un estado permanente, sino un descubrimiento perpetuo que cada uno de nosotros podemos hacer, no a través de la fragilidad de las apariencias o la rutina de las costumbres, sino en una vivencia consciente y completa del presente. La ternura no nace de lo imposible, sino que engendra vitalmente lo posible”.

El cantante belga, Jacques Brel lo expresaba en sus canciones: “Somos como barcos partiendo todos juntos en la pesca de la ternura”. Y recuerda: “La ternura no pide nada, no espera nada, se basta a sí misma. Jamás hay que prestar la ternura; hay que obsequiarla, si no, duele demasiado”.

Y en otro aparte dice: “Cuando sabemos dar la ternura y también sabemos recibirla, nos damos cuenta que se halla presente en todas partes: en un perro, en un amigo o en una desconocida”.

La ternura es fundamental en el desarrollo humano

Todos necesitamos afecto para desarrollarnos, para crecer y para fortalecer nuestra autoestima y ese primer contacto que tenemos con el mundo es la ternura que recibimos de nuestra madre al nacer. Ese primer sentimiento hace que los vínculos madre-hijo sean demasiado fuertes y son los mismos que logran el acelerado progreso del bebé, y son también los que desarrollan una buena autoestima.

El papel de la naturaleza en la ternura

Pero la naturaleza es tan sabia que actúa en pro de los sentimientos al hacerlos también parte de un proceso bioquímico que, comenzando en la corteza cerebral, se difunden directamente en el sistema endocrino y, durante el parto, hace que genere o produzca abundantemente una hormona denominada oxitocina, también llamada la hormona del amor, la confianza, la ternura y el apego. Esa misma hormona, además, es la que propicia las contracciones uterinas con el fin de evitar el sufrimiento del bebé y crea además un ambiente adecuado para el alumbramiento.

La hormona del amor

Al segregar esta hormona la madre comienza a sentir una infinita e indestructible conexión con su bebé que la hace convertirse en su protectora, capaz inclusive de dar su propia vida por la de aquella pequeña criatura recién nacida. Es esa ternura la que unirá para siempre a esos dos seres que apenas comienzan a reconocerse y a amarse, pero con una perfecta confianza y certeza de haberse amado siempre en el pasado y de seguir amándose por siempre en el futuro.