Jacques Lacan, el psicoanalista más influyente después del propio Freud, llevó a cabo una revisión del pensamiento del maestro desde las nuevas aportaciones de la teoría semiótica. Así, es posible leer en la trayectoria de Lacan una conjunción entre las propuestas freudianas y las aportaciones de Ferdinand de Saussure al estudio del lenguaje. Sin embargo, hay un punto que les diferencia y que trataremos en estas líneas, y es la importancia que ambos dan al binomio entre el significado y el significante.

La semiótica de Saussure

En las primeras décadas del siglo XX Saussure lleva a cabo algunas de sus lecciones magistrales sobre el lenguaje, recogidas posteriormente por alumnos suyos en un todo organizado que se conoce como el Curso de lingüística general. En esta obra, Saussure ha hecho importantes avances para los estudios del lenguaje.

Primeramente, configura una teoría de corte científico, frente a las aportaciones de lingüistas anteriores, centradas o en la difusión normativa de la gramática o en reflexiones de tono filosófico. Saussure propone un modelo de análisis eficiente, basado en la estructura o sistema que constituye el lenguaje, y en las unidades básicas de esa organización: los signos. En dicha estructura los signos se encadenan (sintagmas), al mismo tiempo que pueden sustituirse unos a otros (paradigmas)

El signo es, para el lingüista, una entidad diferencial (existe sólo a condición de establecer diferencias con otros signos del sistema) constituido por la unión de dos esferas: un significado (una imagen mental) y un significante (una imagen acústica). Nótese que, frente a la tradición filosófica, se ha dejado de lado la realidad o la referencia. El lenguaje puede estudiarse científicamente justamente porque constituye una realidad autónoma, con independencia de las alteraciones de lo real, que se organiza mediante determinadas normas o procesos.

Esta división del signo en dos esferas da prioridad al significado. A partir del significado de árbol se seleccionan una serie de rasgos fonéticos que conformen la imagen acústica del significante, primeramente fónico, como palabra hablada, frente a la teoría gramatológica de Derrida.

La semiótica lacaniana

Lacan va a reutilizar algunos de los conceptos claves de Saussure. Como él, hablará de una estructura del lenguaje, que según el pensamiento lacaniano coincidiría con la estructura de nuestro inconsciente. Los objetos de deseo que ponen en funcionamiento nuestra actividad libidinal forman cadenas o sistemas, así el pecho materno puede ser sustituido por el chupete, éste por el dedo, y más tarde por el deseo sexual.

El inconsciente actúa por organizaciones sintagmáticas y paradigmáticas. El análisis que Freud hacía de los chistes, de las confusiones y desvíos del lenguaje, e incluso de algunas afasias que obligan a decir cosas distintas a las que se quieren permite hacer una lectura de nuestro inconsciente como estructuración que se hace evidente cuando sucede alguna anomalía.

Por lo que respecta al signo, es ahí en donde la lectura lacaniana da un vuelco con respecto a las fórmulas del estructuralismo saussureano. Lacan va a dar prioridad al significante, es decir, va a entender que el inconsciente, en su formación, exige o construye objetos de deseo, traza las diferencias estructurales de la realidad (hombre-mujer, alto-bajo, bueno-malo, presencia-ausencia) y llega a componer todo un universo de diferencias. Esta idea ya estaba en Freud y en su análisis del juego infantil Fort-da! (cucú-¡tras!, para el hablante hispano).

El inconsciente estructura su percepción imaginaria de lo Real. Esa estructuración recibe el nombre de realidad. Lo Real, en la ontología lacaniana, es incognoscible por definición, se nos escapa, frente a la realidad, que es un estructuración mental, cultural y fácilmente variable en el tiempo.

El distanciamiento con la propuesta saussureana se halla justamente en este punto: si para Saussure hay un conjunto de significados preexistentes que el lenguaje compartimentaría, para Lacan sucede al revés. El significado es una x, no está dado, mientras que el significante es una construcción que se determina justamente por la diferencia entre otros significantes (x/S). Por tanto, concluye Lacan, los significados que adscribimos al mundo (nuestro principio de realidad, según Freud) surgen a partir de esta organización que damos a los significantes y por la relación diferencial que los une.