Fue propuesta por el ginecólogo alemán Ernst Grafenberg hacia 1950 y, desde entonces, ha sido objeto de numerosas polémicas, aunque, en la actualidad, no hay ninguna prueba científica que la avale, ni se trata seriamente el tema en los cursos de especialización de nivel universitario en sexología.

Los doctores Heiman y LoPiccolo, de las Universidades de Washington y Missouri, respectivamente, afirman que: “Esta teoría sostiene que el punto G sería el equivalente femenino a la próstata masculina. Es decir, que durante el desarrollo del feto, tanto los embriones masculinos como los femeninos se iniciarían con un bulbo genital no diferenciado que se desarrollaría hasta constituir la estructura final masculina o femenina”.

Debido a este origen genital común, algunas mujeres conservarían una glándula parecida a la próstata, que estaría implicada en la eyaculación femenina.

La conjetura del punto G afirma que esa zona de la vagina es muy sensible y produce un enorme placer sexual si se le estimula directamente. No obstante, esa alta sensibilidad puede deberse, más bien, a que las raíces del clítoris y los nervios que actúan en su estimulación están ubicados en dicha pared vaginal y no al supuesto punto G.

La ciencia cuestiona la existencia del punto G

El King´s College de Londres realizó una famosa encuesta a 1.800 mujeres británicas, todas ellas gemelas o mellizas, donde se concluía que el punto G no existe.

El periódico Daily Mail publicó entonces que: “Ese punto donde confluirían tantas terminaciones nerviosas que adecuadamente estimulado provocaría un delirio sexual en la mujer, no fue encontrado por más que los científicos se empeñaron. Los estudiosos esperaban que las gemelas encuestadas coincidieran en señalar la misma zona erógena, pero no lo hicieron”.

Una de las doctoras que dirigieron el estudio manifestó: “Lamento la presión que eso ha supuesto para muchas parejas; es muy irresponsable hablar de una entidad que nunca fue probada y que presiona a tantas mujeres”.

Pero, además de este tipo de estudios basados en cuestionarios, ha habido una infinidad de estudios anatómicos prácticos, entre ellos el de Kermit Krantz, publicado en 1959 en los Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York, o el de M. Hilliges y alumnos, del Instituto Karolinska de Estocolmo, en 1995, en los que nunca se han podido encontrar evidencias de la alta inervación que se necesitaría en la vagina para aceptar la existencia del punto G.

El punto G, una estratagema masculina

Así, la teoría del punto G parece ser una astucia más de los hombres para obligar a adecuar el modelo sexual de la mujer al suyo, pues para ellos sería más cómodo que las mujeres llegaran al orgasmo también a través de la penetración.

Shere Hite, sexóloga estadounidense, autora de El Informe Hite. Estudio de la Sexualidad Femenina, afirma: “Muchos hombres prefieren creer en un punto G, más bien imaginario, en el interior de la vagina, que intentar hacer algo que las mujeres aseguran que les causa realmente placer, es decir, la estimulación del clítoris”. Y pregunta: “si existía el punto G, ¿por qué habrán transcurrido siglos y siglos sin provocar el orgasmo en las mujeres?”.

El modelo universal sexual es masculino

Y la rebelión de la mujer está en no aceptar ese modelo. La sexualidad femenina se ha considerado siempre como una respuesta a la sexualidad masculina y al coito.

Se nos ha trasmitido una educación sexual que se reduce a lo genital y esto limita y empobrece las sensaciones de placer. No se concibe una relación sexual sin coito, es decir, se basa exclusivamente en el modelo conceptivo. Pero, asimismo, existen modelos aconceptivos que pueden resultar tan placenteros o más. Para la mayoría de las mujeres, el coito no es la expresión básica de su sexualidad.

Orgasmo y reproducción

A la naturaleza no le interesa que la mujer llegue al orgasmo a través del acto sexual. Desde el punto de vista de la reproducción, las mujeres no deben experimentar orgasmos durante el coito.

La psiquiatra neoyorkina, especialista en sexualidad femenina, Mary Jane Sherfey, afirma: “Cuando una mujer siente el orgasmo se le producen una serie de contracciones hacia afuera, con lo cual el semen escapa fácilmente; sin embargo, si la mujer no siente un orgasmo, el tercio inferior, todavía hinchado por la excitación, actúa como barrera para el semen que fluye hacia afuera”.

Los expertos en sexualidad Masters y Johnson sostienen también que, por el mismo motivo, para algunas mujeres, las probabilidades de quedar embarazadas son mayores, si no sienten orgasmo durante el coito.

El punto G y los medios de comunicación

Por su parte, algunas revistas y otros medios de comunicación, tratan la teoría del punto G como un hecho científico demostrado y cuando algo falso se difunde como si fuera una verdad, al final, la gente cree que es verdad.

Esto hace que muchas mujeres acudan a las consultas con preocupación, pensando que pueden tener un problema porque no se encuentran el punto G.

Por tanto, es preciso formar e informar a nivel científico y no es recomendable hacer caso de todo lo que se publica diariamente en los medios que, a menudo, dan informaciones erróneas, por falta de conocimiento o de verificación de las noticias, en detrimento, en este caso, de la salud sexual de la sociedad.