Tras la tormenta, siempre llega la calma. Tras este refrán se esconde una de las verdades en las que vive el ser humano. Una verdad tan universal que casi todas las personas la han vivido en su propia piel.

Sí, en su piel, sus cuerpos, miradas, caricias y susurros. En eso y mucho más. Porque de todos esos elementos constan las relaciones sexuales, amorosas y afectivas. Relaciones que se rigen por leyes iguales a las del resto de nuestras prácticas y experiencias.

Después del torbellino inicial de las pasiones amorosas y de otros tipos, llega, inevitablemente, el mar inmenso del aburrimiento. El desencanto, la pérdida del interés, llega de la mano de la repetición y el tedio. El camino a la tumba de ese deseo, que parecía inextinguible, una vez que muere el misterio y la emoción.

Pero, a esa muerte se la ve llegar. Así que no hay excusas para hacerle frente, retarla a un duelo al amanecer y salir victoriosos. A ese enfrentamiento se acude armado con la calidad y la variedad de los recursos amatorios, con recetas nuevas y sugerencias del chef que mantengan la buena salud del deseo a base de una alimentación rica y variada.

No se trata, simplemente, de variantes de la habitual gimnasia de cama. No, no es sólo eso, el abanico es amplio y las cualidades de las que el ser humano está más orgulloso, la inteligencia y la imaginación, serán elementos capitales.

Sin embargo, para entender la lógica que está en la base de los mecanismos del mantenimiento del deseo es importante recordar lo mucho que tenemos de animales. Es decir, lo similares que son muchos de nuestros mecanismos fisiológicos.

La diferencia y la monotonía

La percepción de los animales funciona por diferencias entre los estímulos, exactamente igual que la percepción humana. Lo importante es el elemento diferenciador. En medio de la monotonía sensorial se busca el estímulo que destaca, tal y como se ha comprobado en estudios de laboratorio. Nuestros sentidos reaccionan a la disonancia, a la novedad. Esa ha sido una cualidad esencial para la supervivencia de las especies. Del mismo modo, la percepción se habitúa en seguida a la repetición, liberando recursos para la alerta.

Este mecanismo tan sencillo de funcionamiento aporta una vía de explicación muy importante para la comprensión de los fenómenos de habituación y deterioro del deseo que tanto afectan a la calidad de las relaciones de pareja.

El efecto Coolidge

John Calvin Coolidge fue un presidente estadounidense del siglo pasado, protagonista de una anécdota muy utilizada en la explicación del efecto de la monotonía estimular. Así lo hace Adolf Tobeña, catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona en su libro El cerebro erótico”.

Todo sucedió en una visita a una granja. Su esposa iba delante y se detuvo ante un gallo que copulaba con entusiasmo sobre una gallina. La señora Coolidge preguntó si aquel comportamiento era habitual en el gallo y le contaron las virtudes amatorias del animal.

Entonces, la primera dama, muy pícara, les pidió que cuando pasara el presidente le mostraran el virtuosismo sexual del gallo. En cuanto pasó el presidente, todos se apresuraron a mostrarle el vigoroso gallo. El presidente Coolidge, sin perder la compostura, les preguntó si el animal copulaba siempre con la misma gallina o se la cambiaban a menudo.

Por supuesto, el gallo tenía el harén más amplio de toda la granja. El primer mandatario se alejó satisfecho, pidiéndoles a los granjeros que le explicaran ese importante detalle a su esposa. Este mismo comportamiento se ha encontrado en multitud de estudios con mamíferos domésticos y salvajes.

En los seres humanos, el efecto Coolidge afectaría a las diferencias en la expresión de la sexualidad en hombres y mujeres, así como las diversas formas de entender la lealtad y la constancia amorosa según los sexos.

El efecto resalta la importancia de la relación entre la recuperación de la motivación y la variedad estimular.

Reactivar los niveles de deseo no sólo es posible mediante el cambio de pareja, por suerte, si no actuando con variaciones y diferentes estrategias de seducción y ornamentación basadas en una apariencia cambiante. Es decir, diferentes envoltorios para el mismo objeto, diferentes decorados y guiones para los mismos actores.

Señales seductoras

Las estrategias incentivadoras son muy sencillas y se parecen a los recursos más elementales que usan los animales. El elemento diferenciador genera alerta en el individuo y eso pone en acción todo el sistema.

La idea clave al hablar de incentivos amorosos es la de señal o indicador. Ese estímulo diferente focaliza la atención, la despierta, activando la secreción de dopamina. Esta es una hormona con un papel crucial en multitud de funciones, como la atención y el humor. Su secreción pone en marcha los mecanismos de anticipación y evocación que están en la base del aprendizaje. Y al estar bañados en dopamina todo resulta más sencillo, excitante y divertido.

Los circuitos cerebrales inmersos en el deseo son las rutas de la dopamina. En ella hay engranajes que se encargan de proporcionar satisfacción directa duran te la consumación de los placeres y otros que se disparan durante las anticipaciones de deseo y las reacciones ante la insinuación. Multitud de combinaciones químicas para una experiencia placentera antes, durante y después.

La capacidad de anticipación

Las señales sexuales encienden un mundo de anticipaciones gratificantes. La diferencia es que ese estímulo que llama la atención, adelanta las sensaciones gratificantes de la práctica amorosa.

Por ejemplo, una cena vestidos tan sólo con fina lencería convierte cada bocado en el preludio de un juego amoroso completo. ¿Cómo no disfrutar de los pimientos rellenos en ese caso?

Los recursos seductores se fundamentan en la capacidad evocadora de los reclamos eróticos más elementales. Las señales sexuales encienden una tormenta de anticipaciones gratificantes, por eso es importante permitir que esos estímulos insinuadores convivan con la realidad cotidiana de los amantes.

El cerebro tiene una capacidad de anticipación fantástica, sólo es necesario pulsar las teclas adecuadas.