
- Irlanda (Giant´s Causeway - Silvia González García
La soledad puede decirse que es un estado natural en el hombre. La búsqueda de ella nos hace entrar en estados anímicos más interioristas, donde a veces, por sorpresa, nos encontramos desconocidos, apenas reconocibles o capaces de todo, especialmente en condiciones de supervivencia extrema.
Este es el caso de estas tres películas que se tratan de analizar desde un marco en que la naturaleza o el encuentro con otro ser pueden ayudar a sobrellevar esa soledad.
Nothing Personal
En esta coproducción holandesa-irlandesa, la historia se centra en la protagonista (Lotte Verbeek). Tras una ruptura con su pareja, decide hacer un viaje hacia las oscuras y tristes tierras irlandesas donde el mar bravío y la lluvia le acompañarán en su solitario e intempestivo viaje hasta que conoce a Martin (Stephen Rea), un maduro viudo con el que comenzara una relación, laboral primero, de mutuo deseo después.
Los dos comenzarán a compartir esa soledad en una naturaleza salvaje, donde las tradicionales y necesarias labores del campo y pesca los irán distrayendo y uniendo de su promesa de no caer en nada “personal”.
La naturaleza solitaria del hombre
Esta es una narración sobre la atracción del hombre por la soledad; la naturaleza en su estado más puro sumerge a ambos personajes en una soledad buscada y necesitada. Solo cuando ambos se comienzan a conocerse desde el respeto de esas soledades surgirá el amor.
Anne será una verdadera desconocida para el espectador y para su compañero; sin embargo, ese desconocimiento lleva a quererla desde su desesperación; grandiosa interpretación de esta actriz, más o menos novel, con reminiscencias del cine nórdico clásico.
London River
La historia transcurre durante los atentados de Londres el 7 de julio de 2005; la señora Sommers (Brenda Blethyn), que vive en una bucólica casa de una isla dl canal de La Mancha, no consigue contactar con su hija el día de las bombas; emprenderá un viaje en su búsqueda con la esperanza de que siga viva.
En el barrio donde vive la hija, se encuentra con Ousmane (Sotigui Kouyaté), musulmán que a la sazón ha perdido a su hijo. Tras superar los prejuicios ella de una educación católica contraria al islamismo, descubrirá en su acompañante la perfecta compañía y soporte para tan delicada búsqueda.
Un Londres muy edulcorado
Quizá se echa de menos en la película un Londres más agresivo; los barrios de inmigrantes y los propios musulmanes aparecen un poco edulcorados. El único personaje musulmán genuino es el protagonista, un guarda forestal escéptico y hermético que poco a poco va conquistando, primero mediante la lengua, que los dos hablan, el francés, y luego con su encanto africano esta inglesa al principio estirada e incrédula con la que irá compartiendo de nuevo la soledad de la angustia y la impotencia.
Villa Amalia
La tercera interpretación pertenece a Isabelle Huppert (Ann), de nuevo en el papel de una afamada pianista que decide tras la infidelidad de su marido, al igual que nuestra primera película, abandonar su vida anterior, vender todas sus pertenencias y sumergirse en un viaje: este viaje le llevará a través de Europa hacia tierras más cálidas, en Italia. Allí, conocerá el que será su lugar en el mundo, una antigua casa llamada Villa Amalia.
La soledad buscada
El agua, las costas de Italia serán el remedio de esta mujer madura para sobrellevar la crisis de identidad a la que le lleva su condición acomodada. La necesidad de vivir sola en un paisaje azul y verde, de calidez extrema, será su terapia junto con las personas que conocerá allí. Es, no el intento de empezar una vida después del desengaño amoroso, sino, una reconstrucción hacia la seguridad que deviene con la madurez personal.
