Es indudable que el desarrollo material de las sociedades ha producido un enorme bienestar físico a lo largo de la historia. Pero cuando algo imprevisto sucede, cuando algún suceso perturba el funcionamiento de nuestros inventos, se genera un enorme malestar debido a las complicaciones que se producen, y que sufren gran cantidad de personas.

El ejemplo de la erupción volcánica de Islandia

Tomemos por un momento el ejemplo de lo que sucedió en Europa en abril de 2010, como consecuencia de la erupción de un volcán en Islandia, y la formación de una enorme nube de ceniza. Aproximadamente unas dos millones de personas vuelan a diario en avión en el Viejo Continente. La erupción del volcán obligó a cerrar el espacio aéreo, para evitar problemas en los motores de los reactores, y el número de personas perjudicadas fue altísimo. Este suceso es un ejemplo, en el campo de la vulcanología, de la enorme vulnerabilidad que tiene nuestra sociedad desarrollada.

Axioma de sistemas

Como nos dice el doctor en filología hispánica Tomás Salas en el diario El Librepensador, hay una especie de axioma básico que dice que cuanto más complejo sea un sistema, más vulnerable es. Un coche es más complejo que una carreta, y por tanto tiene más micropiezas, más dependencias, más probabilidades de estropearse. La carreta es muy simple, y por tanto más robusta.

Sociedades modernas complejas

Las sociedades del mundo desarrollado tienen muchas necesidades y demandas. Funcionan con sofisticados sistemas de información, tecnológicos, de transporte, de finanzas y de controles de seguridad. Esto hace que el sistema social sea enormemente dependiente, y por tanto que tenga infinitos puntos débiles.

Aparte de la complejidad material, también hay otra social y jurídica. Como dice Jordi Planella en uno de los números de la Revista Iberoamericana de Educación, “las sociedades complejas están ahí, nos atraviesan situándonos en condiciones de riesgo y vulnerabilidad”. Cada vez más, las diversidades racial, cultural, sexual, aumentan, y por tanto necesitamos reforzar las normas de convivencia, las normas comunes. Cualquier pequeño problema de convivencia es un ataque sobre un punto débil de todo el complejo entramado jurídico, que puede ser potencialmente letal para este.

Nuestro modelo social tiene que mantener una situación de seguridad en un contexto en el que las libertades individuales (la piedra maestra de todo el edificio) son sagradas e intocables, ya que sólo pueden ser limitadas con unas exquisitas garantías jurídicas.

Tormenta solar apocalíptica

Hay una desastre potencial para el planeta, que consistiría en la caída de la mayoría de centrales eléctricas. Quedarnos sin electricidad durante un gran período de tiempo, que pudiese durar meses, o años. Esto colapsaría un montón de sistemas dependientes de las redes eléctricas. Es probablemente el gran punto débil que tienen las sociedades desarrolladas.

Existen informes de la NASA que hablan de un inminente ciclo solar muy activo, que provocará fuertes tormentas solares, las cuales envían rayos cósmicos cargados de radiación muy peligrosa que podrían llegar a nuestra atmósfera. Esta radiación solar es muy nociva para las redes eléctricas, y podría provocar graves complicaciones en la transmisión de la energía por todo el planeta. Hubo un precedente con la gran tormenta solar sucedida en 1859. Se llamó el evento Carrington. Produjo el colapso de casi todas las redes telegráficas de la época.

Si llegasen a la Tierra rayos cósmicos de magnitud suficiente para inutilizar nuestras redes eléctricas, las sociedades que sufrirían más impacto serían las más desarrolladas. La mayoría de los sistemas básicos que garantizan nuestra vidas tienen dependencia de las redes eléctricas: transporte de agua y alimentos, telecomunicaciones, finanzas, etc. Por contra, las comunidades que no utilizan aparatos de enchufar para cocinar, ni emplean ni dependen de ordenadores en sus quehaceres diarios, serían las menos afectadas por un evento de esta magnitud.