
- Bandera de Japón - Dominio Público
Después del devastador terremoto de casi nueve grados en la escala de Richter que afectó a Japón el pasado día 11 de marzo, y cuyas réplicas continúan sucediéndose todavía hoy, dicho país se enfrenta a una situación que cada vez es más complicada. Si al terremoto siguió un tsunami que afectó a la zona noroccidental del país, y estas catástrofes fueron seguidas por un accidente nuclear en la central de Fukushima, ahora la principal preocupación de las autoridades niponas consiste en responder a esta situación de la manera más acertada posible.
El terremoto y el tsunami
El primer terremoto, como ya se ha dicho, tuvo lugar el día 11 de este mes, alcanzando una intensidad de 8,9 grados y afectando principalmente al noreste del país. Este terremoto dio lugar a un enorme tsunami de casi diez metros de altitud, y, entre ambos, produjeron un balance de varias decenas de miles de fallecidos y desaparecidos. A esta cifra habrá que sumar también la de los desplazados porque sus casas fueron destruidas por el movimiento sísmico, de manera que alrededor de 400.000 personas están alojadas en refugios.
La búsqueda de supervivientes se desarrolló durante los días siguientes a la catástrofe, y continúa desarrollándose todavía hoy, aunque ya casi nadie tiene esperanzas de encontrar a ninguna persona que haya podido sobrevivir.
Este terremoto, al que están siguiendo continuas réplicas que se sucederán probablemente durante varios meses, está considerado ya el más devastador de la Historia de Japón y uno de los más destructivos de la Historia de la Humanidad. Su intensidad fue tal que afectó incluso a la inclinación del eje de la Tierra.
La alerta nuclear
Debido al terremoto y a sus réplicas, los reactores de la central nuclear de Fukushima Daichi se vieron afectados, con la sucesión de explosiones e incendios que han dado lugar a una fuga de radiación. Para responder a esta situación, las autoridades establecieron una zona de exclusión de 20 kilómetros en torno a la central, dentro de la cual no se recomienda que permanezca ninguna persona que no esté involucrada en los trabajos llevados a cabo para intentar atajar las fugas de la central, aumentando así la cifra de personas desplazadas por las catástrofes. Además, se sugiere a la población que vive a una distancia de entre 20 y 30 kilómetros de la central que no salga de sus casas. La alarma nuclear se ha extendido a otros países, y no solo a países del entorno inmediato de Japón.
Sin embargo, a pesar de los denodados esfuerzos que se están llevando a cabo, el escape radiactivo ha afectado a los alimentos, de tal manera que se han detectado niveles de yodo radiactivo en alimentos procedentes de las zonas cercanas a la central, e incluso en el agua de ciertos distritos de Tokio.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de las catástrofes japonesas?
Aparte de las consecuencias personales que esta situación ha tenido y que son evidentes para todos, Japón puede enfrentarse a otro tipo de consecuencias, en este caso económicas, muy claras. Por un lado, estas catástrofes están afectando a la producción y comercialización de determinados aparatos electrónicos o componentes necesarios para la fabricación de, por ejemplo, automóviles. Pero por otro lado, también están afectando al comercio de alimentos, debido a la falta de confianza en los alimentos procedentes de Japón por el riesgo radiactivo.
De este modo, es notorio que estas catástrofes que afectan a Japón van a obligarle a rediseñar sus pautas macroeconómicas y también energéticas, puesto que en un país tan afectado por la actividad sísmica, una dependencia tan enorme de la energía nuclear puede tener unas consecuencias impredecibles, tal y como se está viendo en la actualidad.
