Aunque Sevilla se hizo mundialmente famosa al configurarse como centro del comercio con las Américas, su historia se remonta muchos siglos antes. En la Edad Media, bajo el poder musulmán, se configurará como una de las ciudades más relevantes de la península ibérica, convertida en capital del imperio almohade.

Un vasto programa constructivo

A partir del año 1171 el califa Abu Yaqub Yusuf va a convertir a Isbiliya en la capital del imperio almohade de Al-Ándalus.

Comenzaría un programa constructivo que tendría como fruto edificios tan relevantes a la ciudad como el complejo residencial de los Reales Alcázares, la mezquita aljama de la que nos queda parte del patio y del alminar (la Giralda) insertos en el edificio catedralicio, la instalación del desaparecido puente de barcas sobre el Guadalquivir, la rehabilitación de los caños de Carmona (que llevarían agua hasta la almunia califal de la Buhaira), unas alcaicerías, etc.

Este programa constructivo no acabará con la muerte del califa sino que será continuado por sus descendientes.

Así la época almohade supuso el momento de mayor esplendor de la Sevilla medieval y ocupará desde el año 1122 al 1232. En este período se dotará a la ciudad de importantes monumentos civiles, religiosos y militares. Dos de estos edificios perduran en la actualidad y proporcionan a la ciudad de Sevilla su cara más genuina. Son la mencionada Giralda y la Torre del Oro, que es una de las torres albarranas del Alcázar para la defensa del puerto fluvial.

El arte almohade

En términos generales el arte de la época almohade tiene un carácter propio, de contención, pero a la vez un carácter andalusí. Y sus emblemáticas obras no sólo las vamos a encontrar enclavadas en la península, sino también repartidas por el norte de África.

Utilizan mayormente ladrillos y tapial como elementos constructivos, aunque también mampostería y sillería. Sustituyen la columna por el pilar (generalmente de ladrillo revestido de mármol). Así la columna se convertirá en un elemento meramente decorativo.

Harán uso de una gran diversidad de arcos, por ejemplo el arco túmido, el de herradura, el polilobulado, el arco con lambrequines, etc. Lo cual no indica que improvisen, de hecho la alternancia de arcos está muy controlada en sus obras y vamos a observar en sus construcciones una estudiada jerarquización del espacio.

La forma de cubierta más utilizada es la madera, aunque también encontraremos algunas bóvedas.

Un tema decorativo característico es el paño de sebka (motivo ornamental que presenta una retícula de rombos, de trazos lobulados o mixtilíneos).

Numerosos elementos decorativos y ornamentales estarán formados por motivos geométricos. La tendencia a la geometría como recurso decorativo a menudo viene justificada por el hecho de la falta de otros motivos más figurativos en el arte musulmán. Si bien no es del todo cierto, porque de hecho hay arte figurativo en el Islam. Aunque no es mayoritario. Más bien el gusto por lo geométrico y por lo no figurativo en líneas generales, viene dado: no por la falta de algo, sino por la presencia de algo. Como podría ser, por ejemplo, el amor por la perfección matemática, por la composición detenidamente estudiada, por el afán de control absoluto de la composición artística, por el miedo a lo exaltado y la admiración por la contención. También al uso de la geometría en el arte podría buscársele un sentido religioso, como simbolismo de la perfección con la que Alá ha dotado a la creación.

En resumen, éstas son las características constructivas principales del arte almohade, pero sólo observando los monumentos que nos quedan en la ciudad, podemos atisbar la grandeza del arte medieval. Observar y comprender como los elementos arquitectónicos mutan, dejan de serlo y pasan a formar parte de una naturaleza que no es salvaje, sino que está detalladamente estudiada, está dotada de una perfección geométrica. Es la arquitectura de la naturaleza, aquella que se comporta como reflejo, como espejo de la perfección divina.

Esta es la verdadera esencia de estos restos repartidos por la ciudad de Sevilla, que la impregnan de la pureza de una religiosidad antigua pero no olvidada. La ciudad le brinda honores a su pasado, lo mantiene orgullosa e incluso lo continúa, para no perder jamás de vista sus orígenes.