No existen formatos aplicables a todas las sesiones de ayahuasca que se desarrollan en cada comunidad indígena o ciudad de la Amazonia, ya que en cada una se realizan de acuerdo a la cultura y tradición ahí predominante. Siendo por ello explicable que algunas se inicien con bailes o danzas, otras en el contexto de algún cántico indígena, otras ingiriéndose el brebaje en un círculo conformado por doce personas sentadas.

En esta ocasión se trata de una llevada a cabo en la ciudad de Iquitos, en la selva amazónica del Perú.

Inicios del culto ayahuasquero

La ceremonia se inicia a las doce de la noche de un viernes de julio del año 2000 (por lo general se desarrollan los días martes y viernes), entre las doce personas previamente seleccionadas por el maestro ayahuasquero, entre las quince avisadas con antelación por si alguno no pudiera finalmente asistir; luego de que éstas habían pasado, entre las once y treinta y la media noche, de la sala o hall de la casa, al aposento para ello acondicionado en la parte de atrás de la misma.

Una vez ubicadas allí, y sentadas en las sillas ordenadas en forma circular, al costado de la cual existe un cubo o balde, el chamán sirve a cada uno en un pequeño vaso unos cinco milímetros de brebaje de ayahuasca, indicándoles a la vez que mojen los dedos en él y hagan señales en forma de cruz en la frente, en los cuatro lados de la boca y en la nuca; y que piensen en el deseo que esperan alcanzar, mediante la inmediata ingesta del brebaje en el contexto del acto que de este modo se iniciaba.

Efectos de la ayahuasca

Después, el maestro ayahuasquero enciende las distintas velas distribuidas en el ambiente, apaga las luces alimentadas por energía eléctrica, y se sienta en una pequeña mesa que forma parte del círculo conformado por las sillas; en la cual se vislumbra un crucifijo, una maraca, puros elaborados artesanalmente, un utensilio hecho de vegetales y líquido presumiblemente elaborado a partir de aguardiente, ruda, alcanfor, agua florida, etc. siendo además visibles tres personas, asistentes del chamán.

Éste, sentado, empieza a entonar con la maraca una música que acompaña a la sazón con un canto en un dialecto seguramente indígena, totalmente ininteligible; luego se para y circunda a los “pacientes” y al recinto en general durante aproximadamente una hora.

Transcurrido lo cual, empieza a ser evidente en los “pacientes” llantos, gritos, vómitos, quejas por el súbito frío que algunos perciben, debilidad, etc., como efecto de la ingesta de la ayahuasca.

A los que no les basta con el balde que se encontraba a sus costado, los asistentes auxilian llevándolos al baño o a otro lugar en el cual, más que recuperarse lograr calmarse; dado además el estado de inconciencia, abstracción o alucinación en el que la mayoría se encuentra, al contener la liana Banisteriopsis caapi que básicamente compone la ayahuasca, diversos alcaloides.

Y en aquellos en los que los efectos de la ingesta llegan a ser más pronunciados, la asistencia se produce por intermedio del maestro ayahuasquero; quien va, a su vez, ofreciendo puros a los intervinientes que logran escucharlo o entenderlo.

Final del acto ayahuasquero

Habiendo transcurrido unas tres horas desde el inicio de la sesión, cada uno de los participantes nuevamente sentado, empieza a ser conducido por los asistentes a la mesa del chamán; en donde los hombres despojados de sus camisas o polos y las mujeres de sus blusas o polos, quedando por ende sólo en sostén o sujetador, empiezan a ser sometidos a un baño con un soplo desde la boca del maestro, con el líquido y el utensilio de vegetales anteriormente aludidos.

Después de lo cual vuelven a sentarse para intentar relajarse durante una media hora, al compás del ritmo que nuevamente produce el chamán con la maraca y su canto indígena. La sesión termina con el consejo de ingerir un buen caldo o sopa durante el nuevo día a punto de amanecer, y de abstenerse de comer cerdo y de realizar relaciones sexuales por al menos una semana.