Se le denomina de muchas maneras: “rumorología”, “radio pasillo” o simplemente “chisme”. Lo cierto es que se trata de todo un problema del cual ninguna organización está exenta y si no se controla, puede causar lamentables consecuencias en el clima laboral, y por ende, en su funcionalidad.

¿A qué se le llama “rumorología”?

La fundamentación de este concepto se encuentra en el rumor, que se define como una conjetura o especulación disfrazada de afirmación, que tiene como principal característica el carecer de una autoría aparente y el objetivo de provocar una reacción específica en una o más personas para desestabilizar o manipular el clima organizacional.

Cuando se esparce un rumor dentro de la organización se corre el riesgo de que se pueda interpretar como una verdad entre las personas que lo escuchan y que se propague generando etiquetas, juicios infundados, actitudes y conductas que pueden resultar muy dañinos para el clima organizacional.

Por ello, resulta muy común el escuchar en los pasillos de las empresas, oficinas u otras instituciones rumores como: “Cuidado con María, porque es la soplona del supervisor”, “La secretaria y el jefe son amantes, por eso no la han despedido”, “Va a haber recorte de personal el mes que viene”, o “Se dice que Juan, el de Contabilidad, se está robando dinero de la empresa” entre muchos otros; todos ellos, rumores que afectan severamente la imagen pública de los involucrados y provoca a su vez una atmósfera de recelo y desconfianza entre las personas.

¿Cómo se pueden detener los efectos de los rumores en las organizaciones?

Antes de hablar de soluciones, es importante precisar que sería prácticamente imposible que el rumor se extinga en la comunicación habitual de las personas, pues es una parte inherente del comportamiento humano en sociedad; factores como el estrés, los malos entendidos y el mal manejo de las frustraciones en determinados momentos de la interacción entre los miembros de la organización, pueden desatar emociones que necesitan ser desahogadas y muchas de ellas son a través de los rumores y comentarios entre compañeros.

No obstante, resulta fundamental que se marquen los límites necesarios para que el rumor no sea parte de la comunicación organizacional. Para esto, los directivos demás personas encargadas de la toma de decisiones, necesitan diseñar estrategias de comunicación efectiva, en las que el flujo de información sea uno solo y no se dé la pauta a canales indirectos que puedan deformar los mensajes.

Por otra parte, es necesario crear una cultura organizacional que pueda contrarrestar los efectos del rumor; el concientizar a cada uno de los colaboradores respecto a las contrariedades que traen consigo las especulaciones y los juicios infundados en las personas y las afectaciones que puede tener a la imagen pública de quien los emite, pues se etiqueta el mismo como “El Chismoso” ante los que están a su alrededor.

El rumor no debe ser parte de la comunicación formal de la empresa

Permitir que el rumor sea parte de la comunicación formal en las organizaciones es, sin duda, una irresponsabilidad de quienes las dirigen y un detonante natural de conflictos que impide la sinergia de los equipos de trabajo, el amor a la camiseta, la proyección adecuada de la imagen organizacional y hasta la productividad.

El erradicar el rumor en las organizaciones es posible, solo se requiere echar un vistazo de arriba hacia abajo y detectar en qué sectores de la organización la información se convierte en rumor, quiénes la transforman y con qué efectos. Hay que tomar en cuenta que una de las necesidades principales de los seres humanos es la de información, la cual por su naturaleza misma va a buscar en las primeras fuentes que se le pongan enfrente, que en muchos de los casos es precisamente “El Chismoso”.