Este año, los mexicanos conmemoramos el aniversario 104 de lo que se conoce como la Revolución Mexicana, es decir, la lucha armada encabezada por Francisco I. Madero para derrocar al entonces presidente Porfirio Díaz, quien se había asentado en el poder por más de treinta años.

Sin embargo, a pesar de haber logrado el cometido de quitar al llamado “dictador mexicano” en solo un año de lucha, la Revolución Mexicana se prolongó casi veinte años más, dejando un saldo de más de un millón de muertos, una agenda pendiente en lo que se refiere a la consolidación de la democracia (pilar fundamental del movimiento) y el establecimiento de políticas que buscaran la justicia social para todos los mexicanos. Resulta válido entonces el cuestionar si realmente se trató de una revolución o nada más fue una guerra civil lo sucedido hace ciento cuatro años.

¿Cuáles fueron los factores que determinaron el fracaso de la Revolución Mexicana?

Si hay algo que caracterizó a la Revolución Mexicana fue la lucha por el poder entre caudillos. Al llegar a la presidencia en 1911, Francisco I. Madero no solo conservó a parte del gabinete porfirista, sino que también hizo a un lado las demandas agrarias de Emiliano Zapata y Pascual Orozco redactadas en el Plan de San Luis -documento que dio comienzo al movimiento armado de 1910- lo que causó el descontento y sublevación de ambos revolucionarios.

Paradójicamente, Madero utilizó a las tropas heredadas de Porfirio Díaz, para repeler a los que lo habían llevado a conquistar la presidencia. El encargado de combatir a los sublevados fue el general Victoriano Huerta, mismo que meses después, con el apoyo de la embajada norteamericana y el general Félix Díaz (sobrino del dictador) desató la llamada “Decena Trágica” para destituir a Madero, asesinarlo y asumir la presidencia de la República.

El Ejército Constitucionalista y la lucha de caudillos por el poder

El golpe de estado de Victoriano Huerta desató otro movimiento armado en contra del gobierno federal. La dirección se generó en el norte del país a través de ex gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, auto proclamado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, que mediante el Plan de Guadalupe desconocía a Huerta como presidente y ordenaba el establecimiento de un gobierno fundamentado en la concepción maderista.

En este grupo armado, destacaron revolucionarios que resultaron fundamentales en el derrocamiento del presidente Huerta, que fueron Francisco Villa, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, que junto con Pablo González combatieron en el norte del país, mientras que en el sur, Zapata lograba importantes avances con el mismo propósito: Quitar del poder al presidente traidor.

La nueva victoria revolucionaria de 1914 trajo nuevamente problemas entre los caudillos. Al no obtener respuestas claras en lo que se refería a las demandas agrarias y sociales por parte de Venustiano Carranza, los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata decidieron rebelarse en contra del Primer Jefe, lo que ocasionó un nuevo conflicto armado en el que al final ambos revolucionarios fueron derrotados por las tropas carrancistas encabezadas por el general Álvaro Obregón. Zapata, un aliado que contribuyó enormemente en el sur del país para que el Ejército Constitucionalista pudiera acceder al poder, fue asesinado a traición en 1919 por orden presidencial.

Las guerras intestinas en los gobiernos posteriores a la revolución

La guerra entre caudillos para obtener el control del país no terminó con la presidencia de Venustiano Carranza. Poco después de haber instalado el Congreso Constituyente de Querétaro, del que nació la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de asumir la presidencia de la República en 1917, el Primer Jefe de la Revolución tomó la decisión de imponer a su sucesor para las elecciones de 1920, lo que nuevamente provocó importantes desacuerdos en su círculo político-militar y una revuelta armada en su contra, dirigida por los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

La nueva oleada de violencia empujó a Carranza a tomar el  tren presidencial y escapar de la ciudad de México llevándose consigo al gabinete y tesoro de la Nación, para establecer provisionalmente su gobierno en Veracruz; sin embargo, fue emboscado y asesinado en Puebla por tropas encabezadas por Plutarco Elías Calles, lo que dejó el camino libre a Álvaro Obregón para asumir la presidencia de México, misma que logró en 1920.

Durante su periodo presidencial, Álvaro Obregón se encargó de acabar con todos los caudillos que pudieran causarle problemas, entre ellos, el más importante, Francisco Villa, al que mandó asesinar en 1923. No obstante de haber terminado su presidencia Obregón correría la misma suerte que los demás caudillos de la Revolución Mexicana.

La caída de los caudillos, primer escalón en la estabilidad en México

Su sucesor, Plutarco Elías Calles, buscó terminar con el caudillismo en México a través de institucionalizar la Revolución Mexicana y creando una organización política, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) con la finalidad de agrupar a los caudillos que quedaban, organizaciones sociales, políticas, militares y agrarias. El PNR fue en antecesor de lo que ahora es el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

No obstante su intención de institucionalizar los ideales revolucionarios para lograr la paz en México, Plutarco Elías Calles no pudo evitar conflictos armados durante su presidencia, prueba de ello fue el movimiento cristero que nació ante el endurecimiento de las restricciones constitucionales a la iglesia Católica de 1926 a 1929. Este movimiento fue bautizado como la Guerra Cristera, una rebelión de los fieles católicos de México que tenía como objetivo derrocar al presidente Calles y la derogación de la Constitución de 1917.

Al término de la presidencia de Elías Calles, y gracias a una modificación constitucional en 1927, Álvaro Obregón pudo reelegirse como presidente de México en el proceso electoral de 1928. Sin embargo, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana consideró que de llegar a la presidencia, Obregón llevará la misma línea dura hacia la iglesia, por lo que confabularon el asesinato del "candidato vencedor" a través de uno de sus miembros, José León Toral, quien haciéndose pasar por un caricaturista logró acercarse lo suficiente al presidente Obregón como para dispararle 5 balazos y asesinarlo.

Haciendo a un lado los ideales democráticos del movimiento armado de 1910, y gracias al gran poder que había concentrado durante su presidencia, Plutarco Elías Calles, que era considerado el "Jefe Máximo de la Revolución", se dio a la tarea de imponer a varios presidentes, para seguir gobernando al país, en un periodo llamado “El Maximato”, una especie de "poder tras del trono", mismo que terminó cuando el general Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia de la República en 1934 y mando a Plutarco Elías Calles al exilio.

A 104 años de distancia, se puede apreciar cómo la llamada 'Revolución Mexicana' no cumplió sus objetivos principales. A diferencia de la revolución rusa o la cubana, en las que hubo cambios radicales en lo que respecta a la reorganización política y las formas de ejercer el poder, en México se vivió un periodo de más de 20 años de inestabilidad, muerte y conflictos armados entre caudillos hambrientos de poder.

La llamada Revolución Mexicana se institucionalizó a través de un partido político, que por más de 70 años se aferró al poder haciendo a un lado el principio democrático que detonó del movimiento armado de 1910. México pasó de la dictadura de un solo hombre a una 'dictablanda', es decir, la perpetuidad del poder de varios hombres a través de una organización política: El PRI; la Dictadura Perfecta a la que se refería el escritor Mario Vargas Llosa.  

A través de un férreo control político, fraudes electorales y sometimiento de los partidos de oposición, el PRI pudo conservar el poder durante décadas; el ideal democrático que dio pie a la Revolución Mexicana, fue enterrado por los herederos del movimiento de 1910.

Las ambiciones de los caudillos que derrocaron a Díaz se antepusieron a los ideales democracia y justicia social, por lo que resulta hasta cierto punto cuestionable si en el 2014 en México se celebrará el aniversario de una verdadera revolución o de una cruenta guerra civil.