
- Retrato de Mao en la Puerta del Cielo - Calton
La Gran Revolución Cultural Proletaria fue una campaña de agitación y experimentación social que, entre 1966 y 1976, aproximadamente, desató un movimiento social que buscaba la purificación de la ideología comunista en la República Popular China ante el peligro de que se desviara por caminos contrarrevolucionarios.
El impulsor de esta campaña fue Mao Zedong y su camarilla de afines, que la dirigieron contra los enemigos de la revolución comunista en general, y contra miembros revisionistas del partido en particular. La limpieza ideológica fue llevada a cabo por los Guardias Rojos, grupos de jóvenes que seguían ciegamente las tesis de Mao en persecución de cualquier signo de desviación del camino marcado por el lider comunista.
Con la Revolución Cultural se produjeron detenciones masivas, miles de ejecuciones y un estado de esquizofrenia social dado que cualquiera podía ser considerado enemigo de la revolución. Una herida, como la de Tiananmen en 1989, cuya cicatriz sigue sin cerrarse.
Las maniobras de Mao Tse Tung para recuperar el poder
Las nefastas consecuencias consecuencias de "El Gran Salto Adelante", el plan económico de Mao Zedong que acabó en la muerte de millones de personas por culpa de la hambruna, había restado influencia a su idealizada figura. Dentro del Partido Comunista surgieron voces que pedían una política más pragmática y menos ideológica.
Para Mao esto era un signo intolerable de ideología burguesa dentro de su propio partido. En los primeros años sesenta hubo incluso obras de teatro y artículos con críticas veladas al Gran Camarada, al que se le comparaba con los antiguos emperadores. Mao empezó a purgar los cuadros burocráticos comunistas con vistas a recuperar su poder.
Volver al verdadero espíritu de la revolución comunista
La Revolución Cultural se encuentra entre los movimientos políticos más grandes de la historia contemporánea. Su objetivo declarado era renovar los valores culturales de la nación china. De base populista, fue dirigida sobre todo contra los elementos "intelectuales" y "burgueses".
A Mao le preocupaba que los jóvenes que no habían empuñado las armas para defender el comunismo se alejaran del verdadero camino de la revolución y se vieran influenciados por la interpretación que del estado socialista hacía la URSS de Nikita Khruschev.
Las relaciones chino-soviéticas habían experimentado una traumática ruptura a finales de los años cincuenta. China no aceptó la hegemonía ideológica del Kremlin y sus interpretaciones de las tesis marxistas tomaron caminos divergentes.
La Revolución Cultural fue una guerra con un doble frente. Eliminar toda herencia de la tradición de la China imperial y erradicar el virus del mundo capitalista. Los puntos básicos de acción del ataque fueron explicitados en un Congreso del Partido Comunista Chino por Lin Biao el 18 de agosto de 1966. Había que acabar con “los cuatro viejos”, "las viejas ideas, la cultura, las costumbres y los hábitos de la explotación de clases”.
Intelectuales y profesores en el punto de mira
El ámbito académico era considerado por Mao como un foco de contaminación elitista y alejado del trabajador chino. La propaganda de la maquinaria gubernamental era clara: había que limpiar el partido y volver a las raíces del comunismo.
Como consecuencia, miles de maestros y profesores fueron llevados a la cárcel o al paredón. Todo aquel que fuera graduado en educación media o superior era sospechoso y en consecuencia perseguido. El resultado fue el entierro de todo el sistema educativo chino.
Se destruyeron monumentos históricos, se prohibió la música extranjera incluyendo los autores clásicos y se prohibió cualquier obra literaria sospechosa. La única manifestación artística bien vista oficialmente fue la ópera popular, de mensaje propagandístico, en la que se ensalzaban las hazañas del Ejército de Liberación Popular, que condujeron al establecimiento de la República Popular de China en 1949.
Los Guardias Rojos, pánico social y culto al líder
Una de las primeras palabras que aprendía cualquier niño chino era Mao, el padre espiritual de la nación al que se le calificaba como "El Gran Timonel". El libro rojo de Mao, que contenía las citas y pensamientos del líder, se reimprimía continuamente. En los años sesenta todos los adolescentes llevaban un ejemplar bajo el brazo.
Millones de jóvenes, de entre 12 y 30 años, se convirtieron en los agentes de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Su brazalete rojo simbolizaba su compromiso total con el maoísmo y su intención de denunciar a cualquier traidor a la causa revolucionaria, siguiendo el programa de dieciséis puntos de Mao, con un mensaje claro: "No hay construcción sin destrucción".
La situación se desbocó. A lo largo del país el fanatismo de los Guardias Rojos protagonizó una interminable cadena de autos de fe ideológicos. Los delitos se multiplicaban y las denuncias de los jóvenes iban dirigidas en ocasiones contra miembros de su propia familia. Las purgas dentro del Partido Comunista habían provocado un caos social y esparcido el miedo por todo el país. La Revolución del Pueblo atacaba a su propio pueblo.
El olvido de una época de terror
La violencia de los Guardias Rojos asustó a los propios dirigentes chinos. En 1968 mandaron al Ejército Popular contra los discípulos ciegos del líder Mao, quien, tras recuperara su dominio del partido, ya no lo perdería hasta su muerte en 1976. Tras un año de lucha se acababa la fase más cruel de la Revolución Cultural.
Muchos de aquellos jóvenes fueron enviados a zonas rurales para ser reeducados en el camino socialista. Hu Jintao, actual presidente de la República Popular, pasó por esa experiencia. El propio Mao, que había alentado sus acciones, tuvo palabras de reproche hacia sus cachorros.
Deng Xiaoping, uno de los reformistas caídos en desgracia durante la campaña de limpieza, llegó al poder en 1978 y declaró la Revolución Cultural como "Gran Catástrofe Nacional". De su mano, China comenzaría a construir su mezcla de comunismo político y capitalismo económico, rompiendo su aislamiento internacional. El lema de Deng, "Enriquecerse es glorioso", rompía definitivamente con la época inquisitorial de la Gran Revolución Popular Proletaria.
