Hace un tiempo conocíamos la noticia sobre la supresión del servicio AVE entre Toledo, Cuenca y Albacete. Los medios de comunicación quedaron muy sorprendidos por los 12 viajeros de media diaria que presentaba dicho servicio, pero la noticia no sorprendió a los especialistas en temas ferroviarios, quienes desde mucho tiempo advertían que la gran parte de las líneas de alta velocidad son un verdadero despilfarro.

El tren AVE político

Casi todos los partidos consideran al AVE una gran inversión, como si fuera un milagro para su región o ciudad, se usa como moneda de cambio y como arma política, cuando realmente un AVE puede ser incluso perjudicial para ciertas zonas.

Un ejemplo de ello fue el anterior presidente de Cantabria quien ponía al AVE casi como un milagro para su región, cuando ese AVE nunca sería rentable y además Cantabria dispone de tres centros industriales de primer orden como Santander, Reinosa y Torrelavega. Cantabria necesitaría pues una línea convencional en doble vía con buena conexión con la meseta, mejorando la ya construida que tiene muchísimas deficiencias.

En definitiva, la clase política defiende un AVE que no puede atraer industrias que generan trabajo, ya que estas líneas no canalizan tráfico de mercancías y además desvían muchos viajeros al autobús y al automóvil.

Realmente el público de los trenes AVE procede del transporte aéreo, un tipo de viajero de alto nivel adquisitivo donde no está la mayoría de la población española, además muchos de ellos se ahorrarían la pernoctación dañando al turismo.

Lo peor de la alta velocidad es sin duda alguna el coste, construir un kilómetro le cuesta al contribuyente entre seis y diez millones de euros.

AVE y transporte por ferrocarril

Existen dos tipos de líneas en Europa: las líneas de alta velocidad, para servicios de viajeros exclusivamente, de más de 250 km/h, y las líneas convencionales mejoradas, para tráfico de mercancías y viajeros para velocidades punta de 200 – 220 km/h.

Las primeras son de nueva construcción y las segundas son las líneas de siempre pero remodeladas y mejoradas. El coste de la alta velocidad puede ser hasta más de un 50% superior y en muchos casos la diferencia de velocidad no es mucho mayor.

Mientras que España lidera en kilómetros de AVE en Europa, nuestro país tiene muchos menos viajeros y mercancías transportadas que el resto de Europa, entonces existe un gran desequilibrio.

El Alemania, Francia y demás países, apuestan por los tráficos mixtos de mercancías y viajeros, y de todo tipo de trenes para todos los públicos y bolsillos además de remodelar las vías convencionales, con menos coste, buenos precios en los billetes y por lo tanto más viajeros y mercancías transportadas. En definitiva una inversión racional.

En España al contrario, la inversión es altísima pero generando poco tráfico y billetes caros.

Despilfarro en España y la rentabilidad del AVE en duda

En el caso del AVE manchego, existe un gran error, esta línea tiene desde la provincia de Cuenca un ramal hacia Albacete que valió mucho dinero, el trazado original debió de haber sido únicamente el directo desde Madrid a Valencia por Cuenca que es el que más trafico tiene y el mas corto, este tramo si tiene posibilidades en un futuro.

Existe otra cuestión, la línea convencional entre Madrid y Albacete es de gran calidad y en buena parte del trazado se puede circular a 200 km/h, entonces, ¿por qué hacer una nueva vía para el AVE que vale diez millones de euros por kilómetro?, todo ello tuvo móvil político y no ferroviario.

El despilfarro no solo ha sido en esta línea, lo que pasa en Guadalajara es también polémico, se construyó una nueva estación de AVE que valió mucho dinero y tiene al día una media inferior a veinte viajeros, además la estación está a diez kilómetros de la ciudad, con la crisis de la construcción parece imposible la urbanización del lugar. Mientras tanto la otra estación de la ciudad que es de Cercanías sigue siendo un éxito con trenes “lentos”, ya que este tipo de explotación realiza un verdadero servicio público a diferencia del AVE.

En Barcelona se está construyendo una inmensa nueva estación, multimillonaria y con dificultades en el acceso a la ciudad mientras que la monumental estación de Francia podría haber sido un marco incomparable para la alta velocidad.

Ni que decir tiene que otros proyectos como el AVE a Galicia, Granada, Murcia y otros lugares de poca población, la rentabilidad del AVE es discutible.

En definitiva, en un país serio, los ingenieros y especialistas deben de dar la ideas y aplicarlas, no los políticos.

También España debe de cambiar su política ferroviaria, apostar por una red convencional, con más doble vía, electrificar más tramos, remodelar estaciones en vez de construir estaciones nuevas que son muy caras y además poco estéticas y todo ello claro está, aumentando la velocidad a 200 km/h e implementando el tráfico de mercancías en número de trenes, su longitud y toneladas transportadas. También sería buena una transformación progresiva al ancho de vía europeo.

Para tener un ferrocarril rápido, moderno y eficiente no es necesario gastar miles de millones de euros.