El Islam es una religión diseñada para unificación de un pueblo, el árabe, y está hecha a su imagen y semejanza. Aunque tome aspectos monoteístas foráneos, mantiene el arraigo en las costumbres e idiosincrasias de sus gentes.

El Islam nace en la Península Arábiga o el Chazirat al Arab. Pero antes de Mahoma, los árabes tenían otras religiones con fuerte arraigo semita.

Substrato indígena

Como una prolongación de la mentalidad neolítica, las religiones árabes tenían sesgos locales tanto de Arabia de Norte como del Sur, definidas por las diferentes condiciones climáticas y socioeconómicas.

Pero indefectiblemente, mantienen unos rasgos en común:

  • Importancia de la feminidad en las religiones oficiales, de fuerte vinculación el principio hacedor de fertilidad. Aunque siempre en la cúspide, una figura masculina.
  • Carácter astral de los dioses. En la vida cotidiana, las constelaciones planetarias rigen la localización de los caminos en el desierto. Por eso, es de especial importancia Venus, siempre visible.
  • Importancia de la magia-simpática. Siguiendo este principio, una imagen atrae lo representado. Uso de amuletos y enunciación de fórmulas mágicas; la palabra ordena el mundo.
  • Polidemonismos en la religiosidad popular. Consideraban la existencia de otra realidad espacial coexistente con la nuestra. En ella habitaban multitud de espíritus protectores.
  • Litolatría. Adoración de piedras sagradas o betilos. Se identificaban con la divinización patriarcal, y por lo tanto, con cierta ruptura del matriarcado neolítico; ahora la transmisión de consanguineidad es patrilianeal. Dicha adoración siempre estaba asociada a ritos deambulatorios, en los que los fieles realizaban rodeos al recinto, en un número mágico de veces. El territorio circundante del betilo también era sagrado. Su acceso era procedido por una serie de prescripciones de pureza ritual. Y por supuesto, no se podían matar animales ni talar árboles. Se peregrinaba para adorar las diversas piedras sagradas. La más famosa era la “piedra negra” de la Ka’ba, aunque hubieron otras como la Emesa, en Siria. Tal era la importancia del betilo, que los árabes nómadas transportaban consigo los suyos.
Los panteones preislámicos son muy desconocidos, así como la sensibilidad árabe en temas escatológicos. En cambio, sí conocemos su ética basada en la hospitalidad, casi sacra, fundamental en la supervivencia del grupo en zonas desérticas. E intuimos su moralidad por el concepto mahometano de “Chahiliya” (ignorancia, salvajismo) con el cual se referían a la era preislámica. Por lo visto, los beduinos tenían una cierta laxitud de costumbres y tendían al exceso en todas sus variantes.

Influencias extranjeras

El giro definitivo referente a la sensibilidad religiosa se produce en los siglos V y VI. Diversas comunidades extranjeras, tanto judías como cristianas (de espíritu asceta y ermita), se instalan en Arabia.

Entre los cristianos, los primeros fueron los monofisitas, de origen occidental. Huían de las persecuciones del emperador romano Justiniano, ya que postulaban que Cristo sólo tenía naturaleza divina, sin proyección humana. Los segundos fueron los nestorianos, cristianos orientales. Procedían de Antioquía y prácticamente eran coetáneos con los monofisistas, pero enemigos en sus planteamientos teológicos, por que consideraban en Cristo una separación de naturalezas divina y humana.

Estas religiones mosaicas fomentarán una nueva sensibilidad espiritual, dotándole a Dios de una nueva dimensión trascendental, y por lo tanto intangible. El siguiente paso a la abstracción será el monoteísmo.

Hanifs: precursores del Islam

Como consecuencia de estos cambios, surge en Arabia central o Hedjaz, los Hanif, autoproclamados descendientes de Abraham.

Eran los verdaderos precursores del Islam y eran disidentes árabes de los cultos preislámicos. Abogaban por el monoteísmo, pero no cristiano ni judío. Estaban impregnados por un espíritu gnóstico, que buscaba la salvación por el conocimiento y relacionaban la materia con el mal.

Profundamente religiosos, fomentaban la vida de moralidad y de responsabilidad social. Sus prácticas rituales eran diferentes, enfocadas a la comunión individual con la divinidad, basadas en rezos y meditaciones.