Los mitos son narraciones con forma, contenido, función y contexto, que explican un hecho, episodio o faceta de la divinidad y de sus obras y por lo tanto, van íntimamente ligados al concepto de religión, en el sentido que explican la vida y los hechos de los dioses.

Actúan como una metáfora que, narrando una historia, intenta dar sentido y explicación a un hecho concreto de orden natural. Los mitos suelen tener carácter dramático y descriptivo, ubicados en un lugar inconcreto, en un tiempo primigenio en el que todo está en formación y constante cambio.

Los dioses y las diosas viven en los mitos

Los mitos relacionan a las distintas deidades con héroes y humanos, a los que favorecen o perjudican atendiendo a su caprichosa voluntad (La Odisea y La Ilíada, Jasón y los Argonautas en su periplo tras el Vellocino de Oro, Proserpina y Saturno, Perseo y Medusa, Teseo y el Minotauro, Cu-Chulain y el perro, Sant Jordi y el dragón o Quetzalcóatl y el águila en México, sólo por poner algunos ejemplos de un largo listado).

Los mitos tienen una voluntad explicativa y van íntimamente ligados a las creencias religiosas a través de las cuales, los hombres se procuran la amabilidad de los dioses. También se usan para hallar explicaciones plausibles a algunos conflictos sociales, políticos, culturales y desean aportar conocimientos morales y ejemplificadores.

Puede establecerse una clasificación de los mitos atendiendo a su contenido. Son conocidos los mitos que explican los orígenes del mundo, los escatológicos y de destrucción, los mesiánicos y milenaristas, los que tienen héroes como protagonistas, los que tratan del tiempo y la eternidad y los que tratan de la providencia y el destino.

El estudio de los mitos ha dado lugar a dos posturas distintas: la perspectiva fenomenológica y la perspectiva estructural. Dejando a un lado a estudiosos como Mircea Eliade (1907-1986), también Sigmund Freud (1856-1939) dedicó a los mitos una parte de sus tratados, convencido de su fondo psicoanalítico; un tercer enfoque es el antropológico, ya que los mitos encajan igual en un contexto social antiguo como en uno actual.

La música y los mitos

La música es el medio a través del cual la humanidad ha vehiculado sus ideas y creencias religiosas.

Religión y música van asidas de la mano ya que ambas tienen un profundo carácter simbólico. La música ha servido (y sirve) para expresar sentimientos religiosos y acercarse a la divinidad, intención y finalidad de cualquier religión extinta o vigente.

Se cree que la música tiene origen divino y cumple diversos cometidos: relaja y eleva el espíritu cantando las excelencias de la divinidad. No existe, pues, distinción posible entre las distintas religiones ya que todas, absolutamente todas, usan música en el transcurso de sus rituales y ceremonias.

Algunos cultos tienen el convencimiento que la música tiene poderes mágicos, ya que influye sobre las personas alterándoles el estado de ánimo. Además, también sirve para identificar a los individuos que participan de un tipo de religión en concreto, en el que la música es el único soporte del que disponen, acompañados de instrumentos musicales, aunque algunos de ellos sean de factura primitiva y básica.

Los divinos instrumentos musicales

En ocasiones los instrumentos musicales tienen una atribución celestial y se cree que provienen de la divinidad, al igual que la música que emiten. Por ejemplo, el dios Pan tocaba la siringa, el dios Apolo la cítara, la diosa Sarasvati Bharati tocaba la Barataka (un instrumento elaborado a partir de conchas de cauri), la diosa Hermes tocaba la lira, igual que la Musa Polimnia, etc. Cabe resaltar y es oportuno hacerlo aquí, que las notas musicales emitidas por los instrumentos, que son intangibles, se transmiten en ondas a través del aire y el aire es, por excelencia, el medio de la divinidad. Así pues, todo encaja.

En lo que a la construcción de los instrumentos musicales se refiere, también siguen su ritual, inclusive cuando estos instrumentos no estaban destinados al ritual religioso sino al simple acompañamiento mundano y de uso habitual. En este sentido la tradición dice que debe aprovecharse la luna nueva del mes de septiembre para cortar cañas que después deben usarse para las lengüetas de algunos instrumentos de viento, como las flautas.

A veces, como sucede con el Islam, las autoridades religiosas velan celosamente para que la música religiosa que acompaña la celebración de los rituales, sea usada convenientemente, ya que creen que la música es pecado fuera de las ceremonias religiosas.

Es importante distinguir entre la música religiosa destinada a sus ritos y la música laica (aunque a veces, un tipo de música va pisando los talones de la otra, por ejemplo, mezclando un estilo tan poco “espiritual” como en rock con la vida de Jesucristo en la ópera-rock “Jesuchrist Superstar” original de Andrew Lloyd Webber (1948).

Sin duda la música es un vehículo para la comunicación de una importancia capital. No solamente la música religiosa, sino la música en general, ya que a veces, también la música religiosa tiene una difusión muy importante a través de los medios de comunicación. Por supuesto, tampoco se le puede negar su carácter étnico, antropológico y cultural.