“¿Por qué rediseñar el sistema político? Porque el modelo actual no funciona adecuadamente; porque los diseños anteriores tampoco funcionaron, porque nunca hemos sido capaces de reordenar nuestras instituciones políticas de tal forma que resulten funcionales en un contexto democrático, porque necesitamos instituciones fuertes y sólidas”, dice Sergio Vázquez Licona en su libro Ingeniería Básica para el Cambio de Régimen Político.

Propuesta de un modelo político funcional

México ha transitado por diversas etapas históricas en donde se implementaron varios modelos políticos, pero uno de los mayores problemas que enfrenta el sistema actual es la falta de orientación hacia un objetivo común y la enorme distancia que guarda la clase gobernante con la sociedad.

“La sociedad requiere de un nuevo paradigma político porque en buena medida no tenemos un modelo. Somos una sociedad que tiene una clase política que se dedica a plantear reformas que lo único que hacen es poner parchecitos sobre las mismas cosas que no funcionan con el fin de proteger sus privilegios personales”, asegura el escritor y analista egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Para ello, Sergio Vázquez propone un modelo atrevido que rompe con todos los paradigmas anteriores “ya que –asegura el autor-, la propuesta de Ingeniería Básica para el Cambio Político plantea un modelo en donde no habría privilegios y sí una sociedad capacitada para exigir que se cumpla el sistema y asegurar el funcionamiento en beneficio de la población”.

Modelo presidencial-parlamentario

La alternancia en el poder que se generó a partir del año 2000 con el arribo del PAN a la presidencia de la república, originó un ánimo de renovación política en donde la gente esperaba dar ese paso hacia un verdadero sistema democrático, con miras a que todo fuera más transparente y los vicios de los políticos y funcionarios de los sexenios anteriores, desaparecieran del escenario nacional.

Sin embrago, las cosas presentaron un tono muy distinto, solamente con un cambio de roles en donde se dio por terminado el viejo régimen de autoridad absoluta representada en la figura del presidente, para pasar a un punto en donde la lucha entre el poder Ejecutivo y Legislativo ha marcado la pauta de los últimos dos sexenios.

Con el fin del presidencialismo, se pensó inocentemente que transitaríamos automáticamente a la democracia prefecta, con equilibrio de poderes pero no ha sido así…hemos dado vueltas en círculo: del presidencialismo al congresionalismo”, afirma Vázquez Licona.

Esto ha propiciado que el presidente se haya visto en la necesidad de gobernar sin tener mayoría en el Congreso, algo que no había sucedido en la historia reciente de México y que ha propiciado una guerra de poderes que afecta la vida institucional del país y tiene un impacto negativo en la percepción de la sociedad, que ve a los partidos y a las figuras políticas, como un sector de elite que busca mantener el poder a cualquier precio ético y legal.

Y la manera de acabar con los gobiernos divididos es con un “sistema presidencial-parlamentario… De esto se trata el modelo, si el presidente no cuenta en el Congreso con la mayoría parlamentaria que apoye sus proyectos, entonces que la mayoría opositora se haga cargo del ejercicio de gobierno y asuma las consecuencias de su desempeño… con el fin de evitar un enfrentamiento sistemático entre poderes”, explica el autor de esta propuesta.

Este planteamiento está diseñado de tal manera, que tanto el Congreso –que se convertiría en “unicameral”-, como el presidente, tendrían que dar resultados reales a la población en periodos cortos de tiempo, devolviendo así a los votantes la oportunidad de “castigar” a los malos funcionarios con la opción de elegir a un gobierno encabezado por la figura presidencial o en su defecto, uno liderado por los miembros del Congreso.

Funcionamiento del sistema presidencial-parlamentario

La Ingeniería Básica para el Cambio de Régimen Político contempla periodos de tiempo muy específicos para los cargos de legisladores, presidente y vicepresidente –figura nueva y de vital importancia para este planteamiento-. Además, propone elecciones continuas para conformar, con el voto popular, la mayoría parlamentaria que gobernará por un periodo determinado con la posibilidad de la reelección en los puestos si así lo ratifica la sociedad.

De esta manera, Vázquez Licona propone “elegir al Presidente de la República por un periodo de cuatro años con posibilidad de ser reelecto una vez”. Pero el autor también contempla “elecciones bianuales” para renovar el Congreso y este sería el punto determinante que permitiría la alternancia en el ejercicio del poder según el mandato de los votantes, ya que si en las votaciones intermedias el partido del presidente en turno pierde la mayoría en la Cámara, automáticamente las funciones de gobierno pasan al parlamento; es decir, “se pone en marcha el sistema parlamentario” y el Presidente asume las funciones Jefe de Estado, pero sin poder gobernar.

La rendición de cuentas de los políticos

Y a pesar de que los funcionarios públicos son elegidos y se deben a la sociedad, la realidad es que los políticos actuales se han convertido en personajes inalcanzables que muy pocas veces se les puede exigir que rindan cuentas a la ciudadanía debido a que no existen las formas y las voluntades necesarias para que suceda esto.

“El voto no alcanza para controlar a los gobernantes –afirma el autor. Esa experiencia es la fuente del descontento y del desafecto ciudadano hacia los políticos… ya que debido al diseño institucional del sistema político, de muy poco ha servido para exigir cuentas a los políticos, para obligar a nuestros supuestos representantes a que se comporten de acuerdo con las promesas de campaña y con los compromisos de la ciudadanía”.

El valor del voto ciudadano

Con las adecuaciones constitucionales necesarias para implementar el sistema presidencial-parlamentario, el autor de esta propuesta considera que traería como consecuencia una ciudadanía más informada, comprometida con su decisión y con los mecanismos suficientes para poder hacer valer su voto y evaluar el desempeño de sus representantes a través de las urnas.

Según la visión de Sergio Vázquez, “la sociedad ha manifestado su hartazgo del funcionamiento de las instituciones a través de ir a las urnas y emitir un voto nulo o en blanco, pero ya quedó comprobado que esta manifestación no es suficiente para cambiar al régimen, hace falta una contrapropuesta y por eso escribí este libro”, señala el escritor.