Los enfrentamientos producidos en el seno de la Iglesia durante el s. XVI, influyeron en el nacimiento de los estados modernos y en el desarrollo político, social y cultural de Europa. En el contexto que impuso el Renacimiento, las nuevas ideas perfilaron el sistema liberal que se acabó imponiendo, primero en Europa y después en todo el orbe.

Un contexto propicio para la crítica

Los movimientos heréticos de siglos anteriores siempre habían fracasado, pero en el s. XVI no fue así. Muchos autores lo atribuyen, principalmente, a las causas siguientes:

1. La corrupción del clero.

2. La separación ideológica entre los humanistas y la Iglesia.

3. La política centralizadora de Roma chocó con el independentismo de las iglesias locales.

4. El conflicto político-económico existente entre el Papa, las naciones emergentes y, en cierto modo, la burguesía en desarrollo.

5. Ante el sentimiento apocalíptico el cristiano dudaba de la intermediación de la Iglesia con Dios.

Martín Lutero desafía a Roma

La Reforma se suele asociar a Lutero, teólogo y monje benedictino que, en contra de la ortodoxia cristiana, creía que el hombre se salvaba por la Gracia Divina. Básicamente, su doctrina se articula en los siguientes puntos:

  • Interpretación libre e individual de las Sagradas Escrituras. La Iglesia está dentro de cada hombre.
  • No hay distinción espiritual entre cristianos y laicos. Nadie puede ser perseguido por sus creencias.
  • Rechazo del Purgatorio contra la venta de indulgencias.
Desde el 1517 estas ideas se difundieron entre universitarios y humanistas alemanes. El año 1520 el Papa excomulgó a Lutero, a partir de este hecho la Iglesia Luterana se difundió por Alemania.

Las reformas postluteranas

El triunfo del luteranismo en Alemania fue el germen de las reformas posteriores caracterizadas por:

  • La aceptación de la teoría de la justificación por la fe.
  • El recurso a las Sagradas Escrituras como fuente de revelación y autoridad.
  • La ruptura con Roma.
Zwinglio (1484-1531), fue atraído por la idea de Erasmo referente a la necesidad de una Iglesia Evangélica, primitiva, despojada de ritos y mediaciones. A partir de 1521 rompió con Roma y su ideología se extendió por varios cantones suizos.

Los anabaptistas engloban a diversas tendencias de características dispares pero todas ellas declaradas heterodoxas por cristianos y protestantes porque el anabaptismo negaba cualquier forma de Iglesia, de Estado e incluso de sociedad civil.

Calvino difundió su doctrina por Suiza, buena parte de Francia y varias zonas de Inglaterra. Calvino ofreció a los creyentes una doctrina sencilla, fácil de entender, frente a las religiones reformadas pero demasiado intelectualizadas. Además, atrajo a la burguesía capitalista porque para Calvino la riqueza era un signo de favor divino a diferencia de la postura de la Iglesia Católica.

Al contrario que en el continente, en Inglaterra la reforma fue impuesta por la voluntad real. No obstante, fue algo ajeno a las propuestas reformadoras lo que provocó la ruptura con Roma. Enrique VIII fue excomulgado el 1533 cuando anuló de forma unilateral su matrimonio con Catalina de Aragón. La excomunión del rey motivó la creación de la Iglesia Anglicana a cuya cabeza se situó el mismo Enrique VIII. Fue durante el reinado de Isabel I que se estableció el anglicanismo como religión única, síntesis de la teología calvinista y católica.

La Contrarreforma

La difusión del protestantimo por amplias regiones de Europa provocó la reacción de la Iglesia Católica. La Contrarreforma impulsó la reforma interior de la Iglesia y, por otro lado, la lucha contra el luteranismo y el calvinismo tanto con medios pacíficos como violentos.

Los católicos quisieron volver a la disciplina y unidad de criterio. Para ello Pablo III convocó el Concilio de Trento (1545-1563). Se revisaron los dogmas de la Iglesia acentuando las diferencias con la ideología protestante. Además, se abordó el problema de la corrupción y de los comportamientos poco éticos en el clero. Se crearon nuevas órdenes religiosas como la Compañía de Jesús cuyo objetivo era acabar con la herejía y la libertad individual propia del Humanismo.

Los enfrentamientos político-religiosos del s. XVI.

La Reforma provocó guerras civiles desde el principio pero el conflicto no se internacionalizó hasta que Carlos V intentó reprimir por la fuerza el protestantismo alemán. Así, se inició un siglo de choques armados que acabó afectando a toda la Cristiandad. En estas luchas las rivalidades políticas definieron alianzas contradictorias en lo que la ideología religiosa se refiere.

Carlos V contra los príncipes luteranos

La difusión del luteranismo fue aprovechada por los príncipes alemanes para oponerse a la autoridad del Emperador. En las dietas de Worms (1521), Spira (1529) y Augsburgo (1530) Carlos V intentó pactar con los luteranos. Agotado el diálogo, los bandos enfrentados recurrieron a la guerra. El 1547 las tropas imperiales vencieron en Mulhberg, pero el fin del conflicto no llegó hasta la Paz de Augsburgo(1555) por la que Carlos V reconocía la libertad religiosa de los príncipes alemanes.

Felipe II y Flandes

Felipe II asumió gran parte del esfuerzo de restauración católica en Europa. El monarca se propuso imponer la unidad religiosa con ayuda de la Inquisición en el imperio dividido que heredó. En los Países Bajos el calvinismo se vinculó con el movimiento neerlandés para liberarse del dominio castellano. La oposición a Felipe II cristalizó con el Compromiso de Breda (1566) liderado por Guillermo de Orange. Pese a la represión dirigida por el duque de Alba, el monarca tuvo que aceptar la Pacificación de Gante que sancionó la división del territorio en una zona católica y otra protestante.

Las guerras religiosas terminaron con la Guerra de los Treinta Años el 1648. La paz posterior supuso el fin de la hegemonía de los Augsburgo en Europa y un nuevo diseño del mapa político. En esta etapa se consolidó un nuevo modelo político, económico y social que evolucionó hacia el afianzamiento de los estados-nación de carácter liberal.