La reencarnación para los celtas

La muerte en la mitología celta

Nudo Celta encontrado en un cementerio escocés - Leo Reynolds
Nudo Celta encontrado en un cementerio escocés - Leo Reynolds
La cultura celta creía en la inmortalidad del alma. Al morir una persona podía reencarnar o trascender al mundo de las almas.

Sucede que a veces olvidamos que no siempre fuimos cristianos. Este olvido de apariencia insignificante conlleva sin embargo otros descuidos. Por ejemplo nos cuesta trabajo recordar que todos fuimos pueblos culturalmente conquistados. Países tan importantes como Francia, Alemania o Inglaterra cayeron sin remedio ante la religión cristiana.

Allí precisamente fue donde se inició esta amnesia y el olvido nos penetró a tal grado que los recuerdos, de toparnos con ellos, ahora nos parecen asombrosos.

El destino del alma -este es uno de esos recuerdos- no siempre estuvo marcado por el cielo y el infierno. Para los celtas, por ejemplo, no había castigos de ningún tipo. El acto de morir estaba libre de cualquier consecuencia moral.

Independientemente de la conducta que se hubiera tenido en vida, el alma de un difunto podía reencarnar o simplemente retirarse al mundo de los muertos llamado Annwn.

Annwn; el más allá de los celtas

Los celtas de Gales llamaban “Annwn” a esta suerte de casa de retiro, para los celtas de Irlanda era “la casa de Donn”. Podía estar sobre la tierra o bajo el mar pero siempre allá en el Oeste, de donde había venido el pueblo feérico de los Tuatha de Dannan, más tarde conocidos como sidhe.

A veces era retratado como un gran castillo giratorio en medio del vasto mar o protegido por una serie de islas fortificadas.

En su interior, rodeadas de música encantadora y bebiendo de una fuente cuyas aguas eran más dulces que el vino, las almas encontraban el descanso que tenían merecido. La vejez y la enfermedad no se repetirían en el Annwn. La existencia sería eterna y tranquila.

Sin embargo había quienes no llegaban ahí. Algunas personas, por razones desconocidas, permanecían entre los vivos simplemente cambiando de cuerpo, como quien cambia de ropa. Aquellos eran los reencarnados.

El primero hombre celta en Irlanda

Aunque para los escritores antiguos el pueblo celta había adoptado la doctrina pitagórica de la “trasmigración de las almas”, la reencarnación celta era distinta. Distinta también a la de las religiones de Oriente.

Un ejemplo lo ofrece la leyenda de Tuann mac Carell encontrada en un manuscrito perteneciente al volumen conocido como “Book of the Dun Cow”.

A petición de San Finnen, Tuann accede a contar su historia. Una vez, en tiempos muy lejanos él había sido hermano de Partholan, el primer hombre que llegó a Irlanda. Había visto como se poblaba aquella isla hasta entonces vacía. Pero había visto también la muerte de todos aquellos primeros pobladores a causa de una epidemia a la que sólo él había sobrevivido.

Cuando Tuann llegó a una edad muy avanzada se quedó dormido. A la mañana siguiente despertó en el joven cuerpo de un ciervo.

De nuevo transcurrió su vida y cuando alcanzó la decrepitud otra vez volvió a dormir. Al despertar se encontró con que era un jabalí.

De esta manera Tuann pasó también por el cuerpo de un águila y el de un salmón. Como salmón fue pescado y comido por Carell, la esposa del jefe de Irlanda, quien un tiempo después lo dio a luz en aquella, su presente reencarnación.

Celtas que pasaron por la reencarnación

Un proceso semejante sufrió el bardo Taliesin, a ello debía su talento y su inmensa sapiencia.

También Fin mac Cumail, uno de los personajes centrales en la epopeya irlandesa del Ciclo de Leinster, regresó reencarnado en otro jefe, Mongan. Para probar quién había sido en una vida anterior, Mongan guía a sus interlocutores hacia la tumba desconocida de uno de los jefes al que había dado muerte cuando aún era Finn.

Pero no conforme con aquella demostración convoca como revenant, a uno de los hombres que había luchado junto a él en esa batalla. El muerto, al verlo lo reconoce y recuerda con nostalgia los tiempos en que habían guerreado juntos.

Druidas en la cultura celta

Aunado al olvido impuesto por la nueva religión, las precauciones de los druidas hicieron prácticamente imposible saber más acerca del trasmundo.

Aquellos sacerdotes que eran también, médicos, magos, adivinos, historiadores, científicos y teólogos, tenían prohibido poner por escrito sus conocimientos.

El conocimiento de los druidas

El saber era transmitido oralmente y sólo a quienes probaban ser dignos discípulos. Para tal fin existían una gran cantidad de escuelas Druidas.

En estas escuelas, que más tarde serían convertidas en monasterios, todas las artes y las ciencias pasaban de generación en generación archivadas nada más que en la memoria de sus estudiantes.

Pero al morir el último de los druidas desapareció con él todo el conocimiento de su pueblo. Sólo en las historias y en las leyendas nos quedan, desquebrajados y sin su color original, algunos recuerdos que para colmo no acostumbramos mirar.

Advertisement

Apartados Relacionados

Advertisement