Si paseamos por el interior de un centro comercial situado en cualquier ciudad del mundo, obtendremos las mismas, o al menos bastante parecidas, impresiones visuales, sonoras u olfativas. Los colores institucionales de las diversas marcas, el sonido de la música pop, los olores de las cadenas de comida rápida o incluso la temperatura controlada por potentes sistemas de climatización, varían muy poco de un centro comercial a otro; de país a otro. Además si este centro comercial está situado en un país emergente, a las sensaciones anteriormente descritas se sumará una más: la sensación de seguridad; y es que en estos paraísos artificiales del consumo se puede caminar, comprar, comer divertirse,... sin los peligros que supone hacer estas mismas actividades fuera de estos lugares.

Los no lugares

Los espacios anteriores, carentes de identidad propia sino es la impuesta por el mercado global; sin referencias demasiado explicitas a un marco geográfico - a un espacio-; incluso sin referencias temporales más allá de las modas en boga en esos momentos, son definidos Marc Augé como los no lugares. En la ciudad sobremoderna - parafraseando al autor - abundan "estos no lugares", estos espacios del anonimato en los que las interacciones entre las personas son cada vez menores, aumentando- por el contrario las interacciones con las máquinas. Los aeropuertos serían el mejor ejemplo de estos espacios anónimos, donde la interacción persona-persona ha sido sustituida por la interacción persona-máquina. Si analizamos este tema, nos daremos cuenta que casi las únicas personas ajenas a nuestros acompañantes con las que nos relacionamos son aquellas ante las cuales nos tenemos que identificar, lo cual hay que hacer en repetidas ocasiones.

La ciudad digital, metáfora con la cual nos referimos al conjunto de espacios o calles -redes- en las que nos movemos por el ciberespacio participan de las características de estos no lugares. Además del idioma, y los contenidos no hay demasiadas diferencias visuales entre las páginas de un lugar u otro. Si las referencias espaciales no existen en la red, tampoco las temporales: se vive un eterno presente continuamente bombardeado -al igual que en centro comercial- por estímulos que nos instan al consumo, pero sin las incomodidades del mundo real -horarios, accesos, etc- perfectamente aislados y seguros frente a la pantalla del ordenador

Barrios Reales y Barrios Digitales

Las ciudades están compuestas de barrios o sectores, en cuales la población se va clasificando en función de su capacidad económica, y diversas áreas periurbanas especializadas en diferentes actividades –económicas, industriales y sociales – que se articulan entre sí formando nodos. Es lo que se ha denominado zonificación o urbanismo difuso, que desde otra perspectiva sería una expresión socio espacial de la desigualdad. Esta configuración de los espacios tiene mucho que con la configuración de las redes digitales.

Si analizamos el aspecto de una ciudad de un país emergente encontraremos perfectamente diferencias y separadas mediante autopistas, amplias avenidas o similar - que actúan como cordones sanitarios y dificultan el paso directo de una zona a otra- una ciudad oficial donde se desarrolla la actividad económica de la misma y lugar de residencia reservado únicamente a los grupos mejor posicionados económicamente; y una ciudad informal, donde se hacina la población marginal, la cual no puede disfrutar de las ventajas de esta vida urbana que se nos presenta como paradigma del desarrollo alcanzado en este S.XXI. La ciudad informal vive de espaldas a la ciudad oficial y ésta última cierra los ojos frente a la primera

Estos barrios marginales se corresponderían en la ciudad virtual con los guetos virtuales o páginas de grupos étnicos segregados, cuya presencia en la red ha aumentado pero aún es insuficiente; así como grupos que ejercen la resistencia contra el sistema impuesto por la globalización financiera etc.; grupos todos ellos cuya localización presenta ciertas dificultades en los buscadores frente a los grupo más “oficiales”.

Brecha Digital y Pobreza Económica

En el párrafo anterior señalábamos que la red digital refleja la segregación económica y social del mundo real. Las dificultades de acceso de los grupos peor posicionados económicamente a los beneficios de las TIC, la denominada brecha digital, se refleja en las ciudades del S XXI en los guetos que las circundan que de la misma manera no pueden acceder a los beneficios que la vida urbana reporta. Pero el efecto de enmascaramiento que la red ejerce sobre la realidad sirve de pantalla para cubrir estas diferencias, dando la sensación de una mayor equidad y mayores cuotas de libertad, por lo que la red sirve en estos casos como anestesia social; tema que ya en el artículo sobre la manipulación mediática, generando una falsa sensación de poder y posibilidades para el cambio social, que en la globalización financiera es tremendamente limitado.