La escena se repite todos los días desde tiempos prehistóricos y aún nos estremece: el arrebato de la atracción física y emocional que nos producen ciertas personas del sexo opuesto, una descarga emocional intensa que nos domina por completo hasta suprimirnos la razón.

Los científicos han optado por llamarle ‘la química del amor’, debido a que durante el primer ‘fogonazo’ de amor, tanto el cuerpo del hombre y la mujer descargan unas 200 sustancias químicas al torrente sanguíneo.

Este proceso dirigido por el cerebro ocurre con mayor intensidad en el hombre que en la mujer. En su libro "Masculino y femenino", Desmond Morris dice que “el varón experimenta la misma tensión de su pasado primitivo durante la caza, mientras la mujer es invadida por un sentimiento de seguridad y confianza.”

Atracción química

El cuerpo parece enloquecerse cuando ve a una persona seductora: el corazón late con fuerza, las manos sudan, hay vacío estomacal, las pupilas se dilatan, se erizan los vellos, las orejas se enrojecen, las palabras no salen, se suprime la razón, y hay un empujón vital hacia los lugares más íntimos del cuerpo.

El investigador Andrew Stanway, en su libro “Las relaciones amorosas”, asegura que después que el cuerpo libera todo el coctel de químicos en el torrente sanguíneo, sólo necesitamos cinco segundos para saber de manera instintiva si esa persona es la correcta o no.

Stanway aclara que es imposible conocer a una persona en tan poco tiempo, pero “esa ráfaga instintiva de estímulos al ver a una persona atractiva, es una especie de resumen que nos basta para trazarnos un mapa de la personalidad básica”.

Otra revelación científica es que las sustancias que se desprenden durante la atracción pueden fortalecer el sistema inmunológico, de acuerdo con los investigadores Albert Scheflen y Adam Kendom en su ensayo sobre “La conducta del cortejo en psicoterapia”.

Los investigadores dicen que “las sensaciones –de la atracción- se presentan de dos a cuatro ocasiones en la vida de una persona, y no hay organismo que pueda soportar semejante explosión interna”, y es aquí donde tal vez empiece a decaer el amor en algunas parejas.

Ansiedad amorosa

Los científicos han determinado que más de la mitad de las personas sienten estrés y ansiedad durante el enamoramiento, y más del 50 por ciento cae en pánico. “Parece una contradicción, pero si no fuera así resultaría demasiado aburrido enamorar”, dice Stanway.

Una de las características más reveladoras del galanteo humano es la pérdida de la racionalidad. El cuerpo es sometido a un intenso desgaste energético y por alguna razón la sangre se va del cerebro, dejándolo vulnerable a la irracionalidad, mientras irriga otras partes del cuerpo.

“Durante la atracción no necesitamos los mecanismos del pensamiento para atraer a la pareja, porque el cuerpo ‘recuerda’ el instinto primario de la sexualidad y no el de la comunicación verbal”, explica el especialista de la conducta humana, Desmond Morris.

El autor de “El mono desnudo” y “La mujer desnuda”, entre otros libros, dice que el mejor ejemplo de cómo actúa la evolución en la atracción, es “cuando ciertas personas nos hacen disparar una descarga de opioides naturales en el cerebro, como respuesta al bienestar que nos producen cuando las vemos o escuchamos su voz”.

El olor del amor y del odio

Edward Hall en su libro “The hidden dimensión”, explica que el cuerpo despide mensajeros químicos como aminoácidos y hormonas esteroides que se esparcen por el aire y los olemos de manera casi imperceptible y, sin saberlo, nos producen placer o desagrado.

Tal como el ficticio Jean Baptiste Grenouille, el personaje de la novela “El Perfume”, de Patrick Suskind, quien era invadido por un olor natural de infinita belleza y pureza, proveniente de adolescentes vírgenes, el amor en su sentido más primitivo puede estar asociado a un aroma específico que despierta una zona del cerebro dispuesta para la felicidad, pero también lo haría con el odio.

“Los olores siempre están presentes en el proceso de la conquista, solo que los aromas naturales los hemos reemplazado por los perfumes”, dice Morris, pero aún quedan rastros de ese ‘perfume’ instintivo del amor y el desprecio, agrega.

Piel ardiente

El arrebato de la atracción hace que la adrenalina excite la piel y sus terminaciones nerviosas, “por eso un mínimo roce con la persona que nos atrae se vuelve tan intensa como un abrazo o un beso profundo”, dice la investigadora Flora Davis.

El leve roce con la persona que nos gusta también dispara la sangre hacia los lugares ‘sagrados’, los labios, los pezones, las mejillas, el pene y la vagina, facilitando la excitación, mientras la respiración se eleva a 30 ciclos por minuto y las pulsaciones llegan a 100.

El agite no acaba ahí… el cerebro suelta dopamina que inhibe el hambre y produce una sensación de euforia, mientras la glándula del timo segrega ‘timina’ que eleva el estado de ánimo y produce accesos incontrolables de risa.

Shakespeare tenía razón: “el amor es ciego”, y así debe funcionar, según el credo evolucionista, porque es una estrategia inteligente de la evolución para asegurar la reproducción de la especie humana: crear un complejo proceso de atracción física irresistible entre sexos opuestos que involucra el máximo placer de los sentidos