Minúsculas gotas de aceite y moléculas de agua, ceras y polímeros, polvos que capturan la luz y siliconas mágicas: productos cosméticos que desafían a las leyes químicas y físicas.

Aceite y agua: los eternos rivales

El desafío más arduo es hacer convivir ingredientes no mezclables, como el agua y las sustancias oleosas. Estas últimas son las que aseguran hidratación, delicadeza y consistencia al producto; imprescindibles en su composición, pero que no pueden aplicarse solas, necesitando de un solvente inerte, inocuo y seguro en el cual disolverse: el agua.

Agua y aceite no se mezclan, las moléculas de grasa no tienen características polares, no ofrecen zonas cargadas eléctricamente en las cuales las moléculas de agua (con zonas positivas y negativas) puedan “engancharse”. Por este motivo la mayoría de los cosméticos son, desde el punto de vista químico, emulsiones, una mezcla de diminutas gotitas de aceite circundadas por moléculas de agua.

El maquillaje que desafía a la física

Una vez obtenida la emulsión, hay que luchar contra las leyes de la termodinámica. Con el tiempo, las emulsiones aceite-agua tienden a separarse y las partículas dispersas sedimentan gracias a la fuerza de gravedad. Es necesario evitar este fenómeno que hace el producto inutilizable y, para esto, se agregan polímeros que por agitación, dispersan las moléculas. Los polímeros se rehidratan, transformando el sistema en un gel transparente que regula la viscosidad, facilitando a los pigmentos mantenerse en suspensión, haciendo el producto más adherente y durable.

Con el silicio, cremas para todos los climas

El silicio es uno de los grandes protagonistas de las fórmulas cosméticas, que alternándose con átomos de oxígeno en largas cadenas de polímeros, forman las siliconas. Estos polímeros tienen propiedades físicas que permanecen constantes aunque cambien las temperaturas, asegurando así que los cosméticos no se derritan con el calor y que no cristalicen con el frío.

Además, las siliconas son inertes y estables: no reaccionan con la acidez de la piel. Su baja tensión superficial permite de extender el producto cosmético con facilidad, sin formar grumos.

El silicio, bajo la forma de sílice, da un aspecto opaco a la piel, por lo cual es utilizado para evitar el antiestético efecto brillante del rostro que se forma por la transpiración.

El rímel y el magnetismo de las pestañas

Las máscaras para pestañas deben espesar y dar un mínimo de rigidez. Los polímeros vegetales presentes en su composición tienen un comportamiento elástico: una vez solidificado el producto, arquea las pestañas, pero no se quiebra y su viscosidad permite que la máscara se deslice, sin adherir.

El secreto de los polvos está en las leyes ópticas

Los cosméticos no solo deben luchar con la química y la incompatibilidad de los productos; sino también con las leyes ópticas. De la luz que llega a la piel, parte es absorbida y parte reflejada. Hay polvos que controlan la reflexión de la luz, gracias al fenómeno de la dispersión. Este tipo de maquillaje actúa como microscópicos prismas que descomponen la luz y que según la longitud de onda, otorgan el color deseado.

El lápiz de labios y la silicona

Los lápices labiales contienen esferas de siliconas que permiten a los pigmentos “rodar” uniformemente sobre los labios. En estos productos el agua actúa como espejo y estabilizador, la luz no atenúa el color, al contrario, lo enciende. El secreto está en aprovechar el índice de refracción de los pigmentos.

En la cosmética la física, la química y la tecnología conviven, pero escondidas. Así, la química de la belleza puede no revelar sus trucos.