"La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931"

José Jiménez Guerrero. La ira sagrada en la Segunda República

Palacio del obispo quemado. - andaluciaimagen.com
Palacio del obispo quemado. - andaluciaimagen.com
Málaga fue una de las ciudades más afectadas por la quema y saqueo de conventos e iglesias que se desató a principios de la Segunda República.

Los visitantes foráneos de Málaga y sus más jóvenes ciudadanos poco conocen acerca de los hechos acaecidos en la ciudad en mayo de 1931. Una especie de locura colectiva arrasó con la gran mayoría de sus iglesias y conventos en una orgía de fuego y destrucción. La capital malagueña perdió importantísimas obras de arte y su patrimonio artístico e histórico no ha podido recuperarse nunca de tales sucesos.

Anticlericarismo

Las ideas anticlericales tienen carta de naturaleza desde el siglo XVIII. Basadas en pensadores como Voltaire propugnan la separación total entre Iglesia y Estado, circunscribiendo la religión al ámbito privado de cada individuo.

En el caso español, tales ideas tomaron particular fuerza en el siglo XIX, con hitos importantes, como la desamortización de bienes eclesiásticos emprendida por el ministro Mendizábal en 1836. Todo el siglo XIX en nuestro país es una lucha constante entre liberales y conservadores, entre laicistas y clericales.

El siglo XX sería testigo de los episodios más trágicos de esta lucha.

Málaga: una sociedad dividida

En el libro de José Jiménez Guerrero, doctor en historia por la Universidad de Málaga, se recoge magistralmente el ambiente previo a la proclamación de la República en la ciudad. Málaga ha tenido siempre una gran tradición con su Semana Santa y ya en aquella época atraía a numerosos visitantes por la gran fama de sus imágenes. Los años veinte habían sido una época de gran esplendor en este sentido.

La Semana Santa de 1931, celebrada pocos días antes de ser proclamada la República, va a ser vivida en medio de una gran tensión, debido a campañas anticlericales contrarias a la salida de los tronos a la calle. El incidente más grave se producirá el Martes Santo, cuando la explosión de un petardo cerca de calle Larios durante una de las procesiones provocó una estampida de la que resultaron varios heridos.

El detonante

La proclamación de la República fue ampliamente celebrada en Málaga sin apenas incidentes, si bien cabe mencionar la sustitución de la estatua del marqués de Larios, el gran terrateniente e industrial de la ciudad, por la de un obrero.

Es en la noche del 11 de mayo, un mes después de proclamada, cuando va a desatarse un verdadero infierno en la ciudad, sobre todo para sus habitantes más católicos. Los acontecimientos malagueños siguieron la estela de los sucedidos en Madrid.

El detonante fue una carta del arzobispo de Toledo, cardenal Segura, que fue considerada por el gobierno como hostil al régimen republicano, lo que produjo que grupos de radicales intentaran quemar la sede del periódico ABC y atacaran varios edificios religiosos en la capital del país.

Noche de incendios

Las noticias que llegan a Málaga desatan la histeria y grupos incontrolados comienzan a imitar las acciones de Madrid. El palacio del obispo es quemado y destruido por completo, así como la gran mayoría de las iglesias y conventos de la ciudad. Sucede lo mismo con la sede del diario conservador "La Unión Mercantil" y los almacenes Creixell. La gran onda expansiva de estos acontecimientos llegará también a muchos pueblos de la provincia.

Según investigaciones posteriores, parece ser que al menos los ataques sucedidos en el centro de la ciudad estuvieron organizados por elementos de la izquierda más radical. Los producidos en las barriadas periféricas parecen más bien llevados a cabo por golfos y delincuentes habituales de los estratos más bajos.

Ciertamente, la autoridad, a pesar de contar con escasos medios, poco hizo por evitar la catástrofe y solo reaccionó practicando algunas detenciones cuando el mal ya se había consumado. Resulta increíble el ensañamiento que se produjo esa noche contra todo lo que oliera a sacristía.

La muchedumbre penetraba en las iglesias, destruía, quemaba y saqueaba sin piedad. A las puertas de los templos se formaban grandes hogueras en las que se quemaban arbitrariamente tallas de gran valor histórico junto con todo tipo de objetos eclesiásticos. Los huesos de frailes y monjas enterrados eran sacados a la calle en procesión burlesca. Quién podía se llevaba a casa piezas valiosas o dinero.

Las terribles consecuencias

Hay quien explica estos hechos como una conspiración comunista. Hay quien los entiende como una reacción natural y legítima de las gentes más humildes a siglos de abusos del poder eclesiástico mientras el pueblo se moría de hambre. Las riquezas que atesoraba la iglesia en sus edificios daban argumentos a los defensores de esa postura, pero en cualquier caso los ataques fueron tan bárbaros y desproporcionados como inservibles para cualquier fin social.

Lo cierto es que las pérdidas para la ciudad fueron catastróficas. Entre las obras de arte perdidas se encuentra el Cristo de Pedro de Mena, una auténtica maravilla escultórica, además de otras muchas obras de este autor. También obras de Fernando Ortiz, Niño de Guevara, Alonso Cano, Murillo, entre otros, así como valiosos retablos o archivos.

Algunas iglesias como la de la Merced o conventos como el del Ángel quedaron en ruinas y terminaron siendo demolidos. La gran mayoría de las tallas de la Semana Santa actual son reproducciones de las antiguas. La ciudad de Málaga perdió gran parte de su rico patrimonio en una sola noche. Lo único positivo es que las personas no fueron atacadas. No hubo muertos.

Estos hechos resultaron fatales para una República naciente que los condenó con firmeza pero falló estrepitosamente a la hora de poner medios para evitarlos. Lo peor de todo es que proporcionaron argumentos para la sublevación que pocos años después dio lugar a nuestra Guerra Civil. La República fue una gran oportunidad perdida que fue destruida por los extremistas de uno y otro lado que pretendían una organización social a su medida.

Miguel Angel Jiménez Guerra, Miguel Angel Jiménez Guerra

Miguel Ángel Jiménez Guerra - Tengo 38 años y soy licenciado en derecho. Lo que más me apasiona es leer, escribir y ver cine. Pertenezco a varios clubes ...

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COMENTARIOS

22-mar-2011 14:58
Invitad@ :
El artículo está tratado con objetividad, pero considero que se emiten algunos pocos juicios sobre los hechos que no vienen al caso, dan cierta superficialidad a los acontecimientos.
La historia suele ser muy compleja y se hace imposible establecer motivos sobre lo ocurrido. Máxime cuando de ideas encontradas se trata.
Saludos y mi más sincera enhorabuena por el trabajo.
09-mar-2012 3:25
Invitad@ :
esta muy extensa la informacion tanto como es util para la tarea o trabajos
2 COMENTARIOS
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