La Razón de España ha publicado recientemente una información en la cual la más importante ciudad de la selva peruana, Iquitos, queda ante los ojos del mundo con el nada honorífico honor de convivir con una realidad social y delincuencial que si bien no es nueva, crece en los últimos años conforme al aumento del turismo y la consecuente presencia extranjera en la región: la prostitución infantil.

Aunque la información que se esgrime es, en general, cierta, es a la vez sesgada cuando dice por ejemplo “que en la selva las mujeres inician su vida sexual a los 14 años, cinco años menos que en Lima”; cuando es sabido que a esa edad muchas adolescentes pierden la virginidad, y no necesariamente a la fuerza en Lima y en cualquier otro lugar del mundo.

Vargas Llosa, el calor y las mujeres de Iquitos y la Amazonía peruana

En el Perú suele ser común referirse a las mujeres selváticas como más ligeras, sexualmente hablando, respecto a las del resto del país; lo que se atribuye, en buena medida, a su disposición a usar vestimenta algo más fresca y atrevida dado el veraniego calor que arrecia durante todo el año en la región.

Mario Vargas Llosa, el escritor peruano Nobel de Literatura, se ha encargado de novelar y extender globalmente esa idea de las mujeres de la selva peruana, en obras como Pantaleón y las visitadoras o La Casa verde. Como si en otras latitudes no existieran las condiciones climáticas de la Amazonía, o las féminas no cayeran, con la facilidad que se atribuye a las de la selva peruana, ante cualquier eficaz seducción varonil.

El turismo y la explotación sexual infantil en la selva del Perú

La prostitución, se sabe, es tan antigua como la humanidad misma y suele ser ejercida voluntaria u obligadamente dada la situación crítica o de riesgo de quien se ve forzado a practicarla. Pero en los últimos años viene degenerando en una realidad social delincuencial que crece, mayormente entre las mujeres y los más jóvenes, a medida que las áreas y regiones más pobres en las que viven se integran a circuitos turísticos internacionales.

Por ello no debe extrañar que Iquitos, de la mano del desarrollo turístico que vive actualmente el Perú, sea ahora comparado con Bangkok o Manila, como ciudades en las que la esclavitud sexual infantil se ha convertido en un modo de vida”.

Ante lo que las autoridades y diversos entes estatales y privados especializados, empiezan a responder a fin de que sus efectos colaterales no se mantengan o agraven con el tiempo.

La trata sexual vulnera los derechos humanos

La trata de personas con fines sexuales, como la prostitución en general, despoja de los más elementales derechos humanos a quienes caen en sus redes de forma obligada o voluntariamente; todo ello en un contexto, generalmente de sumisión, que las estructuras económicas, empresariales y hasta delincuenciales surgidas aprovechan para enriquecerse mediante su usufructo.

Derechos del niño, explotación sexual infantil y sus consecuencias

Los niños, dada su vulnerabilidad, son los encaminados a padecer los mayores efectos de esta lacra social que crece merced al turismo, la pobreza y su demanda en las zonas del mundo donde prolifera. Y a la violación que suele acompañar la “iniciación” de los esclavos o trabajadores jóvenes del sexo se suman la drogadicción, el suicidio, los asesinatos, la depresión o el alcoholismo, como efectos asociados a su práctica.

Soluciones a la prostitución

Como en el caso de las drogas, la legalización del meretricio se ha esgrimido en los últimos años como vía para su contención y desaparición, pero algunas evidencias indican que no ha contribuido a lograrlo en los lugares en los que así se ha intentado. Mientras tanto miles de niños seguirán siendo víctimas de demandadores inescrupulosos de esta forma de sexo, perdiendo o desperdiciando el tiempo que deberían estar empleando en jugar, estudiar y crecer sanamente.