Una carretera, una calle o un descampado cualquiera pueden acabar ofreciendo el mismo paisaje. Letreros luminosos y mujeres llamando la atención en actitud provocativa. Rubias, mulatas o transexuales, pero siempre semidesnudas. La prostitución en España está perfectamente integrada dentro del entorno urbano o rural.

Las cifras son escalofriantes, 300.000 mujeres ejercen la prostitución en nuestro país, moviendo un volumen de 18.000 millones de euros al año. Un 6% de la población, hombres la mayoría, es usuaria. El tipo de local donde se oferta es muy variado, desde pequeños “hoteles”, bares de alterne, locales de strip-tease, macroburdeles de 1.000 habitaciones, a pisos particulares, saunas, salas de masajes, peluquerías y las calles.

Peluquerías y saunas con algo más

Los establecimientos que tienen los papeles en regla operan con licencias maquilladas como negocios de hostelería, sin mención alguna de oferta de servicios sexuales. El último grito es la peluquería china con “happy ending”, tradición importada de las playas. Todos esconden una tragedia humana: la trata de mujeres, el tráfico de personas.

La prostitución es la última muestra de violencia y cosificación del ser humano, infligida con alegría y desparpajo, “legitimizada” por una visión dulcificada que se ha transmitido desde la Literatura o el Cine, con ejemplos tan poco reales como Pretty Woman y fomentada por la mercantilización del sexo. Llamarlo “el oficio más antiguo del mundo” no ayudará a erradicar una práctica tan peligrosa como desestabilizadora socialmente.

Una "película" de acción y drama social

Únicamente después de la publicación de fotos explícitas de escenas de prostitución en el centro de Barcelona, en plena calle, surgen voces de protesta o cuando hay tiroteo con desalojo policial y persecución al estilo Hollywood en el piso de el lado, como también ha sucedido recientemente en Barcelona. La mayoría de los días fingimos no ver a las mujeres en las carreteras o en la puerta de los locales, esperando a los clientes.

El negocio del sexo también está en la prensa escrita, en televisión y en internet. Los diarios ingresan 40 millones de euros por los anuncios llamados “de contactos” que resultan ser prostitución más o menos encubierta, y las páginas de servicios sexuales, o de “compañía” o escort superan los 40 millones de entradas. ¿Está nuestra sociedad tan necesitada de sexo de pago o es una necesidad inducida por la publicidad?

Callejón de difícil salida para la inmigración

El sexo vende y el sexo es barato de producir, especialmente si las “trabajadoras” son importadas de contrabando desde países muy desfavorecidos, y engañadas por mafias del crimen organizado. El 50% son inmigrantes en situación más que irregular, procedente de países latinoamericanos, seguidos por jóvenes del Este de Europa y del África subsahariana.

El volumen de negocio generado por la “industria” del sexo es el segundo más beneficioso a nivel mundial, superando al del narcotráfico, sólo detrás del tráfico de armas, ofreciendo pocos peligros debido a la connivencia de las Autoridades y la Sociedad Civil.

Vistas las cifras, parece que la prostitución es un negocio, no un problema, a no ser que el “negocio” esté delante de nuestra casa y se hagan transparentes las cifras de mujeres obligadas a prostituirse y ser explotadas sexualmente.

El Ministerio de Igualdad, Interior y las ONGs esclarecen las cifras.

El Plan Integral de Lucha contra la Trata, promovido por el Ministerio de Igualdad, ha traído por vez primera cifras claras: la policía española detectó 1.301 mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Según las ONGs son más, pero la mayoría de mujeres que trabajan en los clubes niegan ser prostitutas o ejercer bajo presión o violencia.

La mujer prostituída presenta un “síndrome de Estocolmo” hacia sus captores o proxenetas, por ello es difícil que denuncien la verdad de su situación, de la misma manera que las mujeres maltratadas por sus parejas, por vergüenza y autoestima minada, suelen negar las agresiones y perdonar al maltratador.

Disparidad de opinión en Europa.

El debate sobre la regulación sigue abierto en Europa, con países que lo prohíben y multan al cliente, como Suecia, o países donde está regulado, como Alemania o los Países Bajos. No parece que ninguna solución sea efectiva para detener la odisea de estas mujeres. El camino será concienciar a la Sociedad de que un ser humano se merece un trato humano.