Después de reconstruir los muros devastados por la Segunda Guerra Mundial, los habitantes de Reggio comenzaron a levantar su historia, a rehacer el mundo que querían formar para sus hijos: de allí nace la idea de una escuela activa y habitable, un lugar donde se levantaran más que ladrillos, un rincón donde educar en la convivencia, mediadora entre el gran abismo que hemos creado entre los niños y los adultos: un proyecto pedagógico vivo.

Un proyecto para la vida

Con la venta de un tanque, un camión y unos caballos abandonados por los alemanes tras la caída del imperio nazi, los campesinos y las viudas de la guerra, ansiosos por cambiar la historia, decidieron autogestionar una escuela donde educar a sus hijos desnutridos, cansados y enfermos, un sitio con maestras que mostraran una cara amable, distinta a la de terror que ya conocían: allí y bajo ese sueño nacieron las primeras escuelas de Reggio.

Así, en 1963, bajo algunas imposiciones del Ayuntamiento nació la primera escuela de Reggio llamada Robinson; un edificio de madera prefabricada que tres años después se quemó por un cortocircuito. Un año después, se reconstruiría en ladrillo la primera escuela municipal para niños de tres a seis años con algunas concesiones del Gobierno de ese entonces, que no se encontraba de acuerdo con la educación que allí se impartía.

En sus comienzos fueron observadas con recelo

Al comienzo, pocos niños, escuelas con recursos precarios, y mucha gestión de las madres hicieron realidad el deseo de educar en el amor; con la ayuda de las familias y el trabajo incansable de la comunidad, se fue forjando la que hoy es una de las propuestas más vanguardistas en cuanto a educación inicial.

Impulsadas por el movimiento de igualdad femenina, y ante la proliferación de las mujeres trabajadoras, las escuelas de Reggio comienzan a crecer en número de niños y escuelas, lo que causó la desavenencia de la iglesia católica, dueña del monopolio educativo de la época; y del propio ayuntamiento que veía como una amenaza el movimiento cultural y pedagógico que allí se gestaba: seres más libres de pensamiento se educaban en esas escuelas y representarían ciudadanos menos opresores y mas democráticos en el futuro.

Los aportes de la Pedagogía Activa

Bajo la luz de una pedagogía activa, secundados por los aportes de pedagogos como Rosseau, Pestalozzi y Dewey, y con la orientación del pedagogo italiano Loris Malaguzzi, la propuesta Reggiana fue tomando cada día más adeptos en el mundo, convirtiéndose en una forma fresca, diferente y participativa de asumir la educación, propiciadora de lugares de encuentro, de mediación entre la duda y el conocimiento y donde se propenden espacios para el conocimiento por medio de la experiencia.

Los niños, más que botellas que llenar se convierten en escultores de sueños, van formando aprendizajes significativos a partir de sus necesidades y aprender a mediar, a conciliar desde sus relaciones hasta sus propósitos de aprendizaje por medio de las asambleas: espacios donde los niños comentan, comunican y comparten sus experiencias y lo que según ellos necesitan conocer.

El rol del maestro

Pero en esta propuesta, no solo son actores los niños. Las maestras y maestros recobran protagonismo como mediadores entre la incertidumbre y el conocimiento, son parte vital del proceso educativo y como tal tienen el compromiso de estar en continua reflexión de su rol, documentan su quehacer y son “provocadores” importantes del conocimiento en los pequeños.

En la propuesta de Reggio, interviene también un tercer maestro: el espacio, que debe ser generoso, provocador, alegre y con todos los elementos necesarios para que el niño interactúe de una manera libre y clara con sus pares y maestros, en él está dispuesto un lugar especial llamado atelier, donde se proveen de materiales para los trabajos de los niños de una forma diferente, allí ellos tienen a su vista los diferentes elementos para sus creaciones, y son ellos, con la supervisión de la maestra los que eligen que utilizar.

Es entonces Reggio una propuesta pedagógica diferente, que se construye y modifica constantemente alimentándose de la premisa de Loris Malaguzzi “Si se hacen cosas reales, son reales sus consecuencias”. Es y será entonces, la maravillosa consecuencia de escuchar atentamente los cien lenguajes en los que hablan a diario los niños.