Poco conocida es la insólita faceta de Leonardo Da Vinci como maestro de banquetes en la corte de Ludovico Sforza, gobernador de Milán. Da Vinci, paradigma del hombre renacentista, además de pintor, arquitecto , escultor e inventor, fue un contumaz gastrónomo y refinado cocinero que ante la depravación y desorden que observaba en la sala de los banquetes de su señor Ludovico, alcanzó una solución a los problemas de la suciedad del mantel de estos banquetes con su propuesta de servilleta.

La cocina durante el Renacimiento

Los siglos XV y XVI supusieron una renovación que afectó tanto al pensamiento como a la ciencia. Con el Renacimiento, el Viejo Continente atravesó uno de los más brillantes períodos de su historia y los italianos, además de encabezar el desarrollo de las artes, de la filosofía y de la literatura, también dejaron sentir su influencia en la cocina y los placeres de la mesa.

Con los florentinos, se inicia una etapa de sensibilidad y refinamiento que se opondrá a la desmesura de los banquetes medievales con su escandalosa afición a la carne y a las especias. De esta forma, los principios del buen gusto y la cordura en la práctica de la cocina parecen iniciarse durante este período.

En Venecia se inventa el tenedor, se diseñan copas de cristal y Leonardo promociona en Florencia el uso de la servilleta. Además, durante el siglo XVI, Catalina de Médicis introduce en la corte francesa la costumbre de compartir las damas y caballeros la misma mesa y el uso deslumbrante de las primorosas vajillas de porcelana.

Leonardo Da Vinci en el palacio de los Sforza en Milán (1483-1500)

Durante su estancia en el palacio de los Sforza, Leonardo, además de pintar La VIrgen de las Rocas y La última cena entre otras creaciones artísticas, ideó toda una serie de ingenios mecánicos comparables a los modernos electrodomésticos con la intención de mejorar el trabajo de las grandes cocinas. De su ingenio salieron extractores de humo, asadores automáticos, cortadoras de berro y extintores de incendios, inventos que nunca llegaron a construirse de manera exitosa.

Además de los artefactos, Da Vinci, ideó toda una serie de creaciones culinarias para los banquetes de los Sforza y reflexionó, también, acerca de los modales de Ludovico y sus invitados en la mesa, circunstancia que le llevó a pensar en una alternativa para los manteles que se ensuciaban durante estos eventos. De sus reflexiones surgió la idea de dar a cada comensal un paño que, después de ser ensuciado por sus manos y cuchillos, se podría plegar y de esta forma no se ensuciaría el mantel de la mesa.

Los modales en la mesa de Ludovico

Era costumbre de Ludovico, atar conejos acicalados con cintas a las sillas de los comensales de sus banquetes, de forma que pudieran limpiarse las manos sucias de grasa sobre los dorsos de estos animales. Además, Leonardo observó que su señor Ludovico limpiaba su cuchillo en los faldones de sus colindantes de mesa. Leonardo desaprobaba estas actitudes impropias de la época en que ya estaban viviendo, circunstancia que junto con la suciedad y depravación que encontraba cuando los comensales abandonaban la sala de banquetes hizo que considerara prioritario antes que pintar un retablo dar con una solución a este problema.

El informe del embajador florentino en Milán, Pietro Alemanni

Leonardo dio con la solución: los paños anteriormente mencionados de los que realizó diferentes diseños. Con fecha de julio de 1491, Pietro Alemanni realiza en sus informes a la Signatura de Florencia una alusión a la servilleta de Leonardo:

“Como sus señorías me han solicitado que les ofrezca más detalles de la carrera del maestro Leonardo en la corte del señor Ludovico, así lo hago. Últimamente ha descuidado sus esculturas y geometría y se ha dedicado a los problemas del mantel del señor Ludovico, cuya suciedad -según me ha confiado- le aflige grandemente. Y en la víspera de hoy presentó en la mesa su solución a ello, que consistía en un paño individual dispuesto sobre la mesa frente a cada individuo destinado a ser manchado, en sustitución del mantel”.

El informe continúa explicando el resultado de esta experiencia en un banquete. Leonardo observó con indignación que ningún invitado sabía qué hacer con ese paño. Algunos lo utilizaron para sonarse las narices, otros se sentaron sobre él, algunos se lo lanzaban como juego y otros utilizaron estos paños para envolver las viandas que escondían en sus bolsillos. Cuando terminó la comida el mantel quedó tan ensuciado como siempre y el maestro Leonardo confesó a Pietro Alemanni la preocupación de que su invento no llegara a instaurarse.

En realidad, ya hay antecedente del uso de la servilleta en el mundo egipcio y romano. Parece ser que los paños inventados por Leonardo no tuvieron mucho éxito al igual que la mayoría de sus visionarios artefactos de cocina o platos que ideó como el de la ensalada que debía de pasar de un invitado a otro. Pero su invento, la servilleta, a pesar del mal pronóstico inicial acabó imponiéndose en todo el mundo, un invento que durante este período histórico era un símbolo de distinción por la calidad de sus bordados y texturas.

Ya en el siglo XVII el uso de la servilleta se conoció por toda Europa, sobretodo en Italia, invento que daría paso a los pañuelos tal y como los conocemos hoy en día. A Leonardo le debemos muchos adelantos culinarios que denotan una gran progreso. Además de idear la servilleta que ha llegado a nuestros días en todas sus formas de tela y papel, se le atribuye la incorporación de la tercera púa al tenedor veneciano y que sus creaciones culinarias ideadas para los banquetes de los Sforza resulten todavía de una gran modernidad.