El Perú no fue un paraíso hasta antes del primer Gobierno de Alan García Pérez, entre el 28 de julio de los años 1985 y 1990. Muchos regímenes previos pasaron por situaciones igualmente dificultosas desde el punto de vista político, social, económico e institucional, hasta que el Partido Aprista Peruano (PAP) accede a la presidencia peruana después de 61 años de la fundación mexicana de su matriz: la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). 

Es que la situación de crisis generada fue de tal gravedad, que hizo anhelar cualquier otro período de la historia peruana. Se la llegó incluso a comparar con el período post bélico vivido por el país al término de la Guerra del Pacífico, la cual en el último cuarto del siglo XIX lo enfrentó a Bolivia y Chile.

El APRA en la presidencia del Perú

Los dos primeros años de la gestión gubernamental primigenia del aprismo entre el 28 de julio de 1985 y 1990, empezó influenciada por la euforia que significaba el hecho de que el partido fundado por Víctor R. Haya de la Torre, alcanzara el Gobierno peruano después de 61 años de fundación.

Lo que unido a los acuerdos previos que García Pérez como presidente electo pudo antes de jurar el cargo entablar, y la posterior puesta en marcha de controvertidas políticas económicas incentivaron un aparente repunte económico que durante esos dos primeros años de Gobierno, dieron un cierto aire de crecimiento y estabilidad al Perú.

Destacando entre dichos acuerdos el que informalmente gestó el joven líder aprista con los dirigentes de las mayores fortunas peruanas (el grupo Romero, Wiese, Nicolini, Vega Llona, entre otros) a los que bautizó como los 12 apóstoles.

Crecimiento económico peruano entre 1985 y 1987

Fue tal el crecimiento peruano durante esos años que mucho después algunos todavía lo tildan como uno de los mejores períodos de la historia republicana, no obstante el descalabro generalizado que a partir del tercer año de gestión aprista empieza a hacerse evidente.

Poco se supo entonces que ello no fue más que una quimera, el simple efecto cortoplacista del alza indiscriminada de sueldos a trabajadores de la administración pública, del control de precios a los principales productos de consumo, del rechazo a la inversión extranjera y del no cumplimiento de los pagos previamente acordados con entes financieros internacionales acreedores del Estado.

Pero también de la alegre forma de malgastar reservas fiscales, regalar indiscriminadamente fondos agrarios a campesinos y agricultores sin control alguno, y subsidios generalizados a casi todos los artículos de consumo público (ver Frustración democrática y corrupción en el Perú, del ex parlamentario aprista Héctor Vargas Haya), incluyendo al tristemente célebre Dólar del Mercado Único de Cambio o dólar MUC.

Los dólares MUC del primer Gobierno de Alan García Pérez

El cual fue un mecanismo de subsidio de la primera gestión aprista, consistente en la compra por parte del Estado de dólares a precio normal, los cuales eran luego vendidos subsidiados a un precio menor a empresarios nacionales, a fin de que sean destinados a inversiones generadoras de crecimiento y empleo.

No habiendo, en general, dicho cometido cumplido su objetivo inicial, degeneró en un círculo vicioso que tendió a favorecer grandemente a empresarios locales, en muchos casos cercanos al Gobierno, incluyendo a algunos de los aludidos y también conocidos como los “doce apóstoles de Alan”.

La estatización de la banca de la primera gestión gubernamental aprista

Se ha llegado incluso a sostener que fue precisamente ello lo que Alan García esgrimió como excusa para anunciar la estatización del sistema bancario, financiero y de seguros en el discurso presidencial del 28 de julio de 1987.

Pretensión que pese a no llegarse a concretar, por alegaciones judiciales que los abogados de los banqueros supieron exponer y el Estado peruano con todo respetó, no dejó de ser el detonante de la caída de la especie de castillo de naipes en que se había convertido la economía peruana.

La crisis generalizada y el final del primer Gobierno del APRA

Y los acercamientos que personajes del Gobierno inician hacia 1989 en torno a entes financieros internacionales, indican no obstante que se empezó a ser conscientes de la gravedad de la situación propiciada, y que el Perú no podía seguir al margen del sistema económico y financiero mundial. Máxime, si la región en particular y el mundo en general, empezaba a vivir un período de apertura y expansión económica y comercial que ha ido conociéndose como globalización.