Entre dunas y mar abierto, a lo largo de diez kilómetros de la costa oeste de Cerdeña, se extiende la paradisíaca playa de Piscinas, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La playa de Piscinas y sus dunas, que pueden alcanzar en algunos puntos hasta 100 metros de altura, ofrecen un hábitat incontaminado para las especies endémicas como el enebro, el lentisco, la retama y el euforbio. Aquí los ciervos y las tortugas marinas, que dejan sus huevos en los meses de junio y julio, comparten un ecosistema que sobrevive al paso del tiempo.

El azul intenso del mar y el color dorado de las dunas, entre las más altas de Europa, dan la bienvenida al visitante en busca de paz y tranquilidad en un entorno natural y rico de historia.

El camino de las antiguas minas

Llegar a la playa de Piscinas supone un viaje en el tiempo. Situada entre Capo Pecora y Capo Frasca en la Costa Verde de Cerdeña, la playa de Piscinas representa el antiguo embarcadero de la aldea minera de Ingurtoso. En Piscinas existía el almacén de la mina hoy en día convertido en hotel.

El único hotel de la zona perfectamente en simbiosis con el entorno y sueño hecho realidad por el hijo del ex director de las minas. El hotel, un “buen retiro” para escritores y amantes de los sonidos de la naturaleza, ofrece exquisitos platos típicos de la gastronomía sarda servidos en las mesas del restaurante a orillas del mar.

Para llegar a Piscinas es preciso pasar por la localidad de Ingurtoso, cuyo nombre deriva de gurturgiu, buitre en sardo, por la presencia de estos rapaces guardianes de los cielos de la zona.

Ingurtoso, antigua aldea de mineros, la más importante de la isla de Cerdeña junto a la de Montevecchio y de Buggerru, representaba el centro directivo de la actividad minera de la zona. Aquí alojaban los empleados, había el servicio de Correos, el hospital, la iglesia y el cementerio. Eso sí, entre todos los edificios, destacaba el Palacio de la Dirección (conocido como el “castillo”) construido en el siglo XIX.

Siguiendo el camino que desde Ingurtoso lleva a la playa de Piscinas el visitante es inmediatamente envuelto en una atmósfera melancólica, fuera del tiempo y del espacio, típica de las antiguas zonas mineras. Los restos del antiguo pozo Gall y el pozo Lambert, el astillero Naracauli y el lavadero Brassey quedan allí como testigos de un pasado glorioso y como guardianes de un tesoro que hay que proteger.

Hasta la mitad del siglo pasado, cuando las actividades mineras dejaron de existir, el diez por cien de la producción mundial de zinc y plomo provenían de estas zonas, que forman parte del Parco Geominerario Storico Ambientale de Cerdeña.

La Costa Verde de Cerdeña

Salvaje e incontaminada la Costa Verde se extiende por 47 kilómetros en la parte sur-oeste de la isla de Cerdeña y pertenece al Ayuntamiento de Arbus, a una distancia de 78 kilómetros de Cagliari.

Sus joyas como la playa de Piscinas, Scivu, Ponte dei Corsari y Pistis ofrecen al visitante un paisaje natural que por sus dunas ha sido renombrado el desierto de Europa.

Aquí la naturaleza reina incontaminada, los arbustos típicos de la vegetación mediterránea y las dunas se dejan llevar por el viento cambiando a su antojo la silueta. El sonido de las olas es música para los oídos atentos a los milagros de la naturaleza, que aquí impone respeto y responsabilidad por un ecosistema único y frágil.

El ciervo sardo encuentra en la Costa Verde protección y comida entre los arbustos de lentisco y madroño que llegan hasta el mar. No es difícil cruzarse con algún ejemplar de ciervo, sobre todo, a primeras horas de la mañana o al atardecer.

Escarabajos, ratoncitos, liebres y perdices junto a los zorros, que aprovechan de las raíces de los enebros para realizar su madriguera, forman parte y dan vida a este maravilloso paraje natural.