La exposición cuenta con cincuenta y dos pinturas y cuarenta dibujos que el joven Van Dyck pintó entre 1615 y 1621, es decir entre los quince y los veintidós años, cuando el pintor de Amberes, su ciudad natal, decidió marcharse a Italia. Su obra sorprende por la calidad, tratándose de un artista tan joven y por la cantidad, teniendo en cuenta que durante estos seis años había pintado ya unos 160 cuadros.

Los comisarios de la muestra, Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado y Friso Lammertse, Conservador del Boijmans Museum Rotterdam, Países Bajos, ofrecen el más poderoso relato pictórico del artista, resultado de una larga investigación.

El estilo directo del joven Van Dyck

Van Dyck (1599-1641) vive en la época en que empieza a expandirse el concepto crítico de Giorgio Vasari según el cual es posible identificar en las obras las características propias de cada pintor. Al joven Van Dyck le interesa dejar constancia de su estilo que, en las obras tempranas, aparece imperfecto pero auténtico, valiente, experimental y arriesgado y de una calidad muy definida. Van Dyck pinta de forma directa, intentando distanciarse de Rubens, su mentor, a la vez que lo emula.

El joven Van Dyck es un pintor con una buena mano, todo fluye a través de su pincel, todo parece posible, de sus obras tempranas aflora todo lo que es característico del niño prodigio. La juventud de Van Dyck, que condiciona sus obras tempranas, va interpretada no como una excusa sino como una circunstancia, que da fruto a una prolífica producción artística de calidad sobresaliente, donde se puede apreciar como la tradición renacentista está digerida.

Van Dyck, alumno preferido de Rubens

Van Dyck, quien nació en el seno de una rica familia de comerciantes de Amberes, su abuelo fue pintor, tuvo desde la infancia todos los privilegios de una condición social muy favorable que acompaño a un precoz, genial impulso a ser independiente. Con catorce años Van Dyck pintó sus primeros retratos, con dieciséis abrió su primera bodega.

Todavía antes de operar al lado de Rubens compaginando su actividad independiente, como ayudante desde 1617 hasta 1621, Van Dyck fue atraído por el influjo del gran maestro flamenco, que se tradujo en una apasionada emulación del mismo, sin llegar a ser nunca un epígono del mismo.

El propósito de Van Dyck era lo de superar Rubens en la vitalidad de las imágenes, en el drama de las acciones, en el pathos de los colores y de la escritura, de ser todavía más barroco del maestro del barroco flamenco.

Rubens, de su parte, reconoció en seguida el extraordinario talento de su discípulo, quien acabó por destacar sobre los demás ayudantes. En marzo de 1621 Rubens firmó un contrato en el que se estipulaba que diversas obras debían ser realizadas por él mismo y por “Van Dyck junto con otros discípulos”. A ninguno de estos otros discípulos se le menciona por su nombre. Nacieron así muchas obras, de Rubens por la forma, por el concepto compositivo, por la temática y, sin embargo, de Van Dyck por el color y por la pincelada.

De Rubens, Van Dyck aprendió el uso de preparar sus propios cuadros con bocetos, dibujos y modelos, a experimentar distintas composiciones, a estudiar la expresión de una cabeza y de un movimiento, a mejorar y perfeccionar la idea de una obra.

La Coronación de espinas de Van Dyck

La buena relación que unía Van Dyck con Rubens, su mentor, se refleja en que éste le permitiera emplear dibujos y modelos suyo, como hizo por ejemplo en la Coronación de espinas, presente en la exposición. Las figuras que aparecen en esta obra están muy próximas a su mentor, sin impedir apreciar nítidamente cómo Van Dyck lucha una vez más para definir un estilo propio. El gusto de Van Dyck por las texturas y unos físicos toscos y muy realistas se alejan de la belleza idealizada con la que retrataba Rubens a sus personajes.

Otoño 1621, el inicio de una nueva etapa para Van Dyck

En el otoño de 1621, cuando Van Dyck se marchó rumbo a Italia, se le puede considerar, con apenas veintidós años, un artista completo. Además, fue esencial, por su trayectoria artística, que él haya conocido las obras del Cinquecento italiano en esta etapa de su formación. Van Dyck se convirtió en uno de los retratistas más influyente de la historia del arte europeo pintando de una forma absolutamente personal, fruto de su afán por encontrar un estilo original y forjarse una carrera independiente.

La exposición El joven Van Dyck podrá visitarse en el Museo del Prado hasta el 3 de marzo de 2013.