La mente perversa es una condición anormal de la personalidad cuyo rasgo dominante es la continua agresividad y destructividad hacia otras personas, a través de pensamientos y actos malignos.
La conducta perversa es congénita pero “la frustración por la falta de afecto en la infancia es el caldo de cultivo para el desarrollo de una mente perversa”, dice la psicoanalista Karen Horney, en su libro La personalidad neurótica de nuestro tiempo.
La persona se siente herida aunque no sabe la razón ni pretende conocerla; crea a su alrededor un ambiente de desconfianza y hostilidad, pues considera que los actos humanos no son sinceros, al tiempo que proyecta una personalidad conflictiva.
Mente obsesiva y sádica del perverso
La persona perversa es por lo general sádica y disfruta el dolor ajeno y causando dolor. Son manipuladoras y están dominadas por pensamientos desagradables y siempre insanos, ya que alimentan su mente y sus emociones de imágenes grotescas, perversas y siempre miserables.
A este tipo de individuos, que pasan por normales y hasta expresan un supuesto fervor hacia Dios, siempre se les ve en una actitud de amargura hacia la vida y son incapaces de generar algún asomo de felicidad, actuando de manera opuesta a los principios espirituales que dicen defender.
“El pensamiento más recurrente de un perverso es hacer ver a los demás como perversos”, afirma Horney, quien advierte que un perverso siempre asocia cada acto de su vida con situaciones que involucran dolor, sufrimiento y humillación. La sicoanalista recuerda que cuando un perverso está a punto de sentirse emocionalmente feliz, la rechaza con hostilidad, pues "no soporta tener pensamientos sanos hacia los demás y hacia el mundo mismo".
A una mente perversa le resulta casi imposible generar pensamientos y emociones que no vayan acompañados de una situación malvada, deshonesta y cruel, porque es de estos sentimientos destructivos que alimentan su obsesión por herir a los demás, explica Horney.
Mentira y confabulación insanas
Un rasgo que prevalece en la mente perversa es la obsesión por la mentira y la confabulación, que se convierten en parte de la rutina de la vida diaria, al punto de que no se percatan de que viven en un mundo deformado a su antojo desde su óptica perversa.
Un recurso muy usado por los perversos es falsear cada hecho en procura de culpar a otros, respecto a su misma condición humana. “El perverso siempre busca herir con la misma arma con la que ha sido herido”, afirma el siquiatra inglés J.C. Pritchard.
Los perversos se sienten impulsados a culpar a otros de su propia malignidad. “La persona perversa podrá señalar a otra de asesino, violador, homosexual o prostituta… conductas que él mismo puede llevar latentes en su interior”, dice la psicoanalista Horney.
La mitomanía y el perverso
“Las personas perversas en el afán de hacer recaer su conflicto sobre otra persona, logran crear historias muy creíbles aunque ficticias”, explica la psicoanalista francesa Marie-France Hirigoyen, en su libro El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana.
Los psicólogos aclaran que hay una diferencia entre la mentira del mitómano y la mentira del perverso. La mentira de un mitómano se caracteriza por una trama sin importancia o fundamento, mientras que la mentira del perverso presenta una perfecta trama lógica.
Al mitómano lo inspira el deseo de fantasear, pero el perverso está motivado por el afán de herir a las personas, “y las historias que inventan para acusar a los demás resultan creíbles porque son parte de sus propias experiencias”, afirma Hirigoyen.
Lo que no advierten estas personas, aclaran los psicoanalistas, es que se obsesionan tanto por señalar a otros bajo sospechas perversas, que revelan su propio conflicto y su verdadera naturaleza, agrega Hirigoyen.
Diagnóstico de un perverso
La conducta de un perverso hace parte de las personalidades psicopáticas y se expresa desde la niñez hasta la edad adulta, tanto en el ámbito familiar, escolar, laboral como en las relaciones pasionales.
Los rasgos comunes de un perverso son la constante impulsividad, agresividad, inmoralidad, egoísmo, búsqueda de la perfección, inadaptabilidad, intolerancia, irrespeto hacia los otros, y una mala comunicación.
El carácter maligno de los perversos es permanente y es alimentado por el círculo vicioso de la inestabilidad, el resentimiento social o afectivo, el odio, el fracaso económico o profesional.
La persona maligna tiende a herir y lesionar al individuo en sus afectos, sus principios éticos mientras satisfacen sus deseos y necesidades a expensas de los otros, aunque no se percate de ello. Algunos psiquitaras suelen asociar el aislamiento emocional del trastrono esquizoide con el aumento de la malignidad.
“El mal que provoca un perverso es indiscriminado, pero prefieren a las personas cercanas, como familiares o parejas sentimentales”, explica el psicoanalista Paul-Claude Recamier, creador del término Perverso narcisista, para describir al narcisista patológico.
Cura para la mente perversa
Dado que la mente perversa es congénita, el tratamiento está dirigido a concientizar a la persona que padece una patología, y al uso de la psicoterapia y, en algunos casos, los medicamentos.
“Si la persona tiene voluntad y reconoce sus defectos, puede apaciguar un poco la impulsividad y la agresividad”, dice Claude Recamier. También resulta beneficioso la educación de las emociones con orientación profesional.
Una de las cosas que hay que desterrar de la mente de un perverso es la malignidad y el deseo de humillar y hacer sufrir, “pero parecen que no están dispuestas a renunciar a estos sentimientos”, dice Karen Horney.
Recientemente se ha descubierto en imágenes diagnósticas del cerebro, que los perversos patológicos tienen algunas zonas defectuosas relacionadas con las emociones, por lo que se han propuesto medicamentos antisicóticos y antidepresivos.
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