Al inicio del siglo XX, el pensamiento médico oficialista que ponderaba en México tenía dos vertientes principales: la eugenesia y la higiene mental; corrientes que se sustentaban en postulados de Sir Francis Galton sobre la herencia, además de una teoría de la defensa social que consistía en aplicarse medidas profilácticas a individuos catalogados como peligrosos: los locos, los alcohólicos y los toxicómanos, con el argumento de que la sociedad debía protegerse de quien atentara contra ella.

Esto llevaría al Estado a implementar una política selectiva que favorecería la formación de una sociedad donde sus integrantes estuvieran exentos de vicios y enfermedades. Se tomaron medidas como la restricción matrimonial, la esterilización forzada y las pruebas de inteligencia, entre otras cosas.

Eugenesia en el gobierno posrevolucionario

La carga ideológica fue muy conservadora a pesar de que existió cierto distanciamiento entre los gobiernos posrevolucionarios y la Iglesia Católica. El régimen buscaba conformar una sociedad física y moralmente regenerada acabando con los vicios, con las desviaciones sexuales y las tendencias al crimen.

Años más tarde, tomará un impulso importante en la sociedad mexicana: el “desarrollismo”, como lo llama el investigador Alan Knight, el cual es un fenómeno que permeará en la mayoría de los grupos que conforman esta sociedad.

El 26 de febrero de 1909, se realizó una primera reunión internacional para promover el control de ciertas drogas en la ciudad de Shanghái, por iniciativa del gobierno estadounidense. En virtud de esta acción, se reunía a treinta potencias que tenían interés en el Lejano Oriente aunque sólo trece participaron.

Además del convocante tuvieron representación las naciones de Alemania, Austria, Hungría, China, Gran Bretaña, Países Bajos, Italia, Japón, Persia, Portugal, Siam y Rusia; en ella se discutieron algunas cuestiones como el contrabando de opio y la fabricación de morfina, se hicieron algunas recomendaciones en la materia y aunque no instauraron condiciones obligatorias, fue el primer paso para futuros acuerdos.

En ese momento, México se encontraba en crisis con el estallido de la revolución, por lo que no hay seguimiento del tema hasta algunos años después. Incluso, es en esta época cuando surgen canciones populares relacionadas con el consumo de mariguana por parte de las tropas revolucionarias. El ejemplo más ilustrativo es La cucaracha.

Las investigaciones de Ricardo Pérez Montfort, aseguran que el uso de los distintos tipos de drogas en este tiempo fue considerado por las personas, como algo propio de la sociedad.

Se sabe que en México, la revolución de 1910 trajo cambios importantes para la prensa en cuanto a libertad de expresión y la difusión de ideas se refiere. Es decir, la caída de la dictadura porfirista tuvo origen en la difusión de propaganda antirreeleccionista, en su mayoría panfletos y caricaturas que se difundían clandestinamente.

Clandestina fue también la manera para introducir mariguana, alcohol y otras sustancias para los soldados que se encontraban acuartelados. Las llamadas “adelitas” jugaron un papel fundamental para proveer de comida y demás productos para pasar el encierro. Las técnicas no distan mucho de las que se usan en la actualidad: los pañales, embutidos o la ropa interior, son lugares comunes para que las sustancias prohibidas no faltaran en el interior de los cuarteles.

Acuerdos para erradicar la libertad

En plena revolución el gobierno de México firma acuerdos y tratados propuestos en la Convención Internacional del Opio, realizada el 23 de enero de 1912 en la Corte de La Haya; lo que muestra una importante influencia de potencias como Inglaterra, que continuaba mostrando interés por el comercio de este producto en Asia.

Holanda (sede de la Corte Internacional de Justicia) brindó su apoyo a potencias económicas como el Reino Unido, quien ratificaba leyes internacionales sobre el comercio del opio, morfina y cocaína. En ninguno de los dos encuentros internacionales se tocó el tema de la mariguana; simplemente no causaba alarma a la comunidad médica mundial. Como sucede, el apoyo a las naciones desarrolladas se muestra casi incondicional por países que sufren económicamente. México no fue la excepción.

Así, cada vez el gobierno mexicano se involucraba de manera importante en el asunto para controlar el tráfico de algunas sustancias que antes se consideraban terapéuticas y de uso cotidiano.

Leyes para declarar la guerra perdida

La llamada Ley Harrison, es un antecedente más de la actual “guerra contra las drogas”, surgida en 1914 en los Estados Unidos, buscaba prohibir la producción, el comercio y el consumo de algunas plantas, así como sus derivados.

Esta ley se apoyaba en la llamada Prohibition Party de 1869 y de igual manera fue impulsada por organizaciones cristianas que luchaban contra la pornografía, el alcohol o la prostitución y algunas otras dedicadas a promover el racismo contra migrantes, negros y demás grupos hasta la fecha marginados a quienes se les relacionó con el opio en el caso de los chinos y la mariguana en el caso de los mexicanos.

Como sucede hasta la fecha, grupos minoritarios se ven afectados por intereses de aquellos que establecen las condiciones ideológicas. En el caso de los Estados Unidos, la Asociación Médica Americana y Farmacéutica fue la responsable de difundir las disposiciones en torno al control de ciertas sustancias.

Mientras, en México se gestaba un nuevo proyecto de nación surgido de las ideas revolucionarias y no se tenía muy claro cómo se actuaría en materia sanitaria y jurídica sobre el tema del narcotráfico. La sociedad de la época nunca se hubiera imaginado las consecuencias que tiene este problema en la actualidad.